En video | El calvario de ser búho o lechuza en la Costa

Alrededor de estas dos especies de aves nocturnas se han tejido toda clases de supersticiones que se convierten en riesgo, el más reciente la lechuza apedreada en El Banco por una mujer que la creyó “bruja”. La deforestación y las quemas, otras grandes amenazas.

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Alrededor de estas dos especies de aves nocturnas se han tejido toda clases de supersticiones que se convierten en riesgo, el más reciente la lechuza apedreada en El Banco por una mujer que la creyó “bruja”. La deforestación y las quemas, otras grandes amenazas.

El miedo escalofriante y supersticioso de algunas personas sobre las lechuzas y los búhos encuentra por estos días un ‘caldo de cultivo’ ante la proximidad del Halloween o noche de las brujas (31 de octubre), al asociarlas con la muerte y la mala suerte, concepto este que se ha mantenido  en la cultura y las creencias de los pueblos (ver recuadro en otros países).

El reciente suceso ocurrido en el área rural de El Banco, sur del Magdalena, donde una mujer mató a piedras a una lechuza, convencida que “era una bruja”,  generó un movimiento en defensa de estas aves rapaces.

Solo la Corporación Autónoma Regional del Magdalena reportó que 29 lechuzas ingresaron en los últimos cuatro años al Centro de Valoración y Atención de Fauna, por ataques o porque eran tenidas en cautiverio por particulares.

Para Andrea Echeverry, coordinadora de la Colección Animal del Zoológico de Barranquilla, estas falsas creencias que muchas veces terminan en agresión contra las dos especies, sumada a  la fragmentación de su hábitat, son los principales factores de riesgo de estas aves rapaces.

“Es muy común que la gente confunda las lechuzas con los búhos y por eso terminan atacando a estos últimos. Pero hay que dejar claro que ninguno de los dos traen mala suerte o representan peligro. Y cuando nos topamos con alguna especie de fauna silvestre, ellos están más asustados de nosotros que nosotros de ellos”.

Destaca además el aporte que estos dos animales hacen al ecosistema como controladores de ratas y ratones que sí son nocivos para la salud de los humanos.

En ese sentido, el ornitólogo samario Francisco Troncoso propone implementar en las escuelas una cátedra sobre los mitos y las leyendas de esta región que resultan perjudiciales para estas dos aves nocturnas.

En Colombia hay 28 especies de búhos y una sola de lechuza, pero no existe un censo para establecer su población actual que está distribuida en todo el país.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el  autillo colombiano (Megascops colombianus) se encuentra en riesgo de extinción y el buhito nubicola (Glaucidium nubicola) en la categoría Vulnerable .

Otras amenazas

El biólogo marino Rafael Espinosa Forero, asesor de dirección de la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge, CVS, coincide con Echeverry al advertir que la destrucción del hábitat de lechuzas y búhos se da mediante la tala de los bosques, la caza, las  enfermedades virales y otros efectos de la deforestación. “Tienen una población alarmantemente baja”.

La lechuza común se considera en peligro de extinción ya que en algunos casos la agricultura y la ganadería extensiva  usan la tierra donde buscan comida, lo que dificulta la consecución de alimentos en dichas zonas, o en el más complejo de los casos tienen encuentros con las poblaciones donde son cazadas o convertidas en mascotas

El médico veterinario Walberto Naranjo, coordinador del Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre –Cavfs–, de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena, Corpamag, asegura que la lechuza consume unos 1.000 roedores por año, pero, además, pueden detectar productos químicos y  niveles contaminantes que le dan a la gente un sistema de alerta temprana de las amenazas inminentes en el aire.

 “Son llamadas barómetros ecológicos porque nos ayudan a conocer lo saludable que es un hábitat y son extremadamente sensibles a muchos cambios ambientales”, agregó.

Son diferentes

Aunque los búhos y las lechuzas son especies que comparten un concepto similar en el imaginario popular, se trata de especies diferentes. Pertenecen al mismo orden de aves, los estrigtiformes o rapaces nocturnas, pero se dividen en dos familias, los Titónidos o lechuzas; y los estrígidos (Strigidae), los búhos (Ver infografía). 

La reputación

El ornitólogo Walberto Naranjo explicó que la mayoría de las especies del orden Strigiformes son monógamas, lo que significa que ni el macho ni la hembra que forman una pareja reproductiva se aparean con otros individuos durante una temporada reproductiva”.

Incluso, las parejas pueden permanecer juntas durante toda su vida, a menos que uno de los individuos muera o se produzca algún otro evento extraordinario.

Hizo saber, además, que los detalles de la reproducción de los búhos son interesantes por muchas cosas. Por ejemplo, a diferencia de muchas aves, ellos muy rara vez construyen nidos, en cambio prefieren utilizar nichos abandonados o viejos que encuentran en los troncos o en grietas de rocas, cuevas y edificios.

“Las especies más pequeñas usan más las cavidades que los agujeros de los troncos de los árboles, y las más grandes, dada la dificultad para encontrar un nido que soporte su peso y tamaño, suelen anidar en grietas de las estructuras o incluso en el suelo”, anotó.

Creencias

Son muchas las creencias o mitos que se tienen sobre estos animales. Para la abogada Paola Bacca, los búhos son sinónimo de sabiduría. En cambio, de la lechuza escuchó de su abuela que cuando llegaba a la casa era señal de que una mujer estaba embarazada.

Para Hamer Imbachí, cuidador de los dos únicos búhos que tiene el Zoo de Barranquilla, “no hay que creer en falsos mitos. A ellos hay que cuidarlos”, dijo.

La monteriana Alba Vásquez señala que desde pequeña escuchó que “matar a una lechuza es señal de mala suerte”. 

La momposina María Herrera cuenta que en su tierra natal algunos creen que cuando un búho abre sus alas es señal de que alguien morirá.El mismo mito que escuchó Berta Dilia Vega, ama de casa barranquillera.

Según Troncoso, estos mitos se  originan porque las personas no pueden explicar ciertos eventos y atribuyen lo que ellos creen y eso se transmite de generación en generación.

En el caso de las lechuzas, agrega, “se posan en los árboles y la gente no escucha cuando llega. Le han dado el significado de que es una bruja y la manera de poder establecer es preguntándole si lo es y por el movimiento natural que tiene de la cabeza (de un lado a otro), debido al impacto que a sus ojos le produce la luz, pareciera decir que no.

Manifestó que estas creencias están más arraigadas en los sures de Magdalena y Atlántico, en localidades como Pato, Pijiño del Carmen, El Banco, Guamal y Santa Ana e incluso Pivijay. Y en  Santo Tomas, Palmar de Varela, Sabanagrande, Ponedera, en el Atlántico.

Otros conceptos dicen que la superstición data de muchos años y que se relaciona cuando los sacerdotes españoles llegaron a Latinoamérica, difundieron la creencia de que las lechuzas eran criaturas “malignas” empleadas como mascotas de demonios y brujas, y usadas en oscuros aquelarres nocturnos.

Dicha leyenda ha permanecido muy arraigada en el imaginario popular, pasando de generación en generación hasta nuestro tiempo, a raíz de lo cual es relativamente común que muchos cuando ven una lechuza cerca de su casa, insulten o griten para asustarla.

Una agresión que indignó al país

El 2 de marzo del 2011, en un partido nocturno entre Junior y Pereira, en el estadio Metropolitano, el jugador del equipo visitante Luis Moreno, de nacionalidad panameña, le dio un puntapié a una lechuza que se posó sobre el terreno de juego atraída por las luces. El ave murió poco después y el futbolista fue objeto de toda clase de críticas. Su aparición en el estadio era considerada como símbolo y talismán contra las derrotas, pues aseguran que el Junior nunca perdió un partido en el que se haya visto volando al ave. Esa noche el onceno tiburón ganó 2 - 1. Al siguiente día, la comisión disciplinaria de la Liga Colombiana de Fútbol sancionó al agresor con dos partidos de suspensión. Los miembros de la comisión concluyeron que el ataque al ave fue una “provocación al público”. 

 

En otros países

 En algunas tribus indígenas de Norteamérica se creía que el búho brindaba al ser humano protección y ayuda en la oscuridad. Los Mayas le consideraban mensajero del inframundo y a su vez simbolizaba la fertilidad.
 

En México, la leyenda dice que cuando el búho canta un indio muere. Se creía que las brujas se convertían en imagen de este animal para robar  a los niños y luego, sacrificarlos, quizás debido a su penetrante mirada.

 En la mitología griega también se le vinculaba con Tropos, siniestra deidad que cortaba el hilo del destino.

 La relación de esta ave con la muerte proviene de los romanos, quienes las consideraban aves funerarias porque se desplazan por las noches y hacen sus nidos en lugares poco accesibles. Por ello, ver a un búho de día es de mala suerte. 

 En el antiguo Egipto la lechuza representaba la noche, el frío y la muerte, o también la videncia.

 En España se creía que las lechuzas se bebían el aceite de las lámparas de las iglesias, dejando los santos a oscuras (cuando los verdaderos ladrones eran los sacristanes). Al posarse sobre las lámparas o rozarlas y derramar el aceite, se creía que odiaban la luz, como si fueran espíritus malignos.

La ley

Sanción al maltrato animal. La ley establece multas que van desde 5 a 50 salarios mínimos legales (de 3.4 a 34 millones de pesos), para quienes “incurran en actos dañinos y de crueldad en contra de los animales”.

Igualmente, la norma prevé una pena de 12 a 36 meses de prisión e inhabilidad especial de uno a tres años, además de multas de 5 a 60 salarios mínimos (hasta 42 millones de pesos), para quien “cause la muerte o lesione gravemente la salud o integridad física de los animales silvestres, domésticos y amansados”.

 

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