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La derecha llegó a la campaña presidencial de 2026 con una certeza compartida: derrotar al petrismo sea como sea. Pero en el camino ha descubierto otra realidad más incómoda: primero tiene que sobrevivir a sí misma. A las diferencias, a las fracturas y una falta de pragmatismo que, hasta ahora, ha dejado disperso al electorado, que sigue cuestionándose si elegir por Paloma Valencia o Abelardo De la Espriella.

En el camino a la Casa de Nariño, además del izquierdista Iván Cepeda, está Paloma Valencia, heredera del uribismo más ideológico, disciplinada en el discurso, con estructura partidista y una narrativa basada en seguridad, autoridad y defensa institucional. Del otro, Abelardo de la Espriella, un outsider de tono incendiario, que convirtió la confrontación en combustible político y que decidió hablarle a una derecha cansada de los matices.

De acuerdo con los expertos, Paloma represe a una derecha que todavía cree en los partidos, en las coaliciones y en las estructuras tradicionales, a pesar de sus movimientos más hacía el espectro de centro. Abelardo, por su parte, habla como si quisiera dinamitar todo eso desde adentro. Su discurso contra “los mismos de siempre” empezó a incomodar incluso a dirigentes que, en teoría, compartían buena parte de sus banderas ideológicas. Aún así, el ‘Tigre’ ha ganado el pulso en las encuestas y se mantiene en segunda lugar.

“Lo que estamos viendo es la fragmentación del campo de la derecha política en Colombia. En una candidatura está lo que uno puede denominar fue la derecha hegemónica en los últimos 20 años en Colombia que se aglutinó en torno a la figura el legado y las ideas de el expresidente Álvaro Uribe Vélez y por otro lado estaríamos viendo entonces a una derecha más populista y que sería la derecha posturibista. Es decir, una derecha que busca superar el legado de seguridad de el expresidente Uribe y que trata de alinearse más con una corriente latinoamericana que pone mucho énfasis en la libertad o lo que se denominan los libertarios y que tendría afinidades con Bolsonaro en Brasil con Milei en Argentina y eventualmente con Bukele en El Salvador”, explicó Luis Fernando Trejos, investigador de la uniNorte.

Génesis del choque

Las primeras diferencias entre De la Espriella y Valencia surgieron en redes sociales. Influenciadores afínes a cada proyecto político empezaron a despotricar del otro, un intercambio de insultos que sirvió de prólogo de lo que vendría después: dimes y diretes entre los propios candidatos, reacciones del expresidente Álvaro Uribe Vélez y sus hijos y la intervención de los asesores de las campañas.

Sin embargo, el conflicto -que había finalizado en varias ocasiones- pica y se extiende con el pasar de los días.

El detonante más reciente fue una serie de piezas audiovisuales difundidas desde sectores cercanos al movimiento Defensores de la Patria. En uno de los videos, elaborado con inteligencia artificial, aparecían figuras tradicionales de la política colombiana —con Uribe como protagonista— representadas como “los de siempre”, una élite que supuestamente intenta bloquear el ascenso político de Abelardo De la Espriella. En otra producción, aún más agresiva, políticos vestidos de gala celebraban en una cena ficticia el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, mientras afuera quedaban los excluidos, los “nunca”, a quienes el abogado barranquillero se presentaba como heredero político y defensor.

Tomás Uribe, hijo del expresidente, rompió el silencio y cuestionó directamente la estrategia de la campaña de De la Espriella. Recordó que el hoy candidato presidencial buscó en el pasado acercamientos con el Centro Democrático e incluso habría explorado la posibilidad de que Uribe fuera fórmula vicepresidencial. Para el hijo del exmandatario, los ataques no eran espontáneos ni producto del fervor digital.

Según dijo, detrás existía una estrategia organizada para golpear al uribismo y dividir a la oposición.

La tensión escaló todavía más cuando Carlos Suárez, estratega político de De la Espriella, respondió públicamente.

“Abelardo está sumando porque se lo ganó; tú sigues hablando como si mandaras, escudado en el apellido de tu papá.Bienvenido al 2026, Tomás. Aquí el pueblo decide, no la dinastía ”, escribió, en un mensaje interpretado como un golpe directo contra la familia Uribe. La frase cayó como gasolina sobre el incendio.

Álvaro Uribe terminó entrando de lleno en la disputa. El exmandatario cuestionó los antecedentes políticos de Suárez y sugirió que detrás de la campaña del abogado barranquillero existirían intereses funcionales a la izquierda. Incluso mencionó antiguos vínculos del estratega con la fallecida senadora Piedad Córdoba y lo relacionó con episodios del proceso judicial que enfrentó durante años por manipulación de testigos.

“La fractura de la derecha en dos candidaturas, una uribista y otra sin Uribe, evidencia que el problema para la derecha hoy no parece ser la falta de votos, sino la dificultad para coordinarse políticamente. En ese sentido, cuando un mismo electorado se divide entre candidaturas partidarias, outsiders y liderazgos regionales, el riesgo es fragmentar el voto opositor y facilitar el camino del bloque rival. Por esto, la elección presidencial de 2026, puede terminar dependiendo menos de quién tiene más apoyo propio y más de quién logra unir mejor a su coalición”, aseguró Ángel Tuirán, de la universidad del Norte.

Por su parte, la analista política Sandra Borda fue más allá y manifestó que las candidaturas de los principales aspirantes carecen de los suficientes argumentos para convencer a la ciudadanía.

“El tipo de “diálogo” que les gusta (a la izquierda) es ese donde ellos se paran en una tarima, se echan un discurso y la única reacción posible es la del aplauso. Eso se llama realmente monólogo. Y si esa es la forma de “conversación” que va a sustentar su ejercicio de la política, la preferencia revela que la oposición y cualquier forma de desacuerdo es un estorbo. Un liderazgo entendido bajo esa premisa no es un liderazgo democrático. Y de otro lado, si la única forma que encuentra la oposición para adelantar esa conversación es la del uso permanente del epíteto, el “no me vaya a mandar matar” y el grito descalificador eterno que solo busca silenciar, entonces estamos en un escenario en donde nadie está interesado en construir sobre la base de la deliberación real. ¿Cómo le piden a uno que se sienta representado por semejante par de opciones?”, analizó.

Aclaraciones

La campaña del candidato presidencial Abelardo de la Espriella desmintió este lunes en un comunicado la supuesta amenaza de Joaquín Gutiérrez en contra de la familia del estratega de Paloma Valencia y anuncia acciones para esclarecer los hechos.

“El movimiento ciudadano Defensores de la Patria rechaza y desmiente de manera categórica las afirmaciones realizadas por el director nacional del Partido Centro Democrático, Gabriel Jaime Vallejo Chujfi, en las que se señala que Joaquín Gutiérrez habría amenazado a la familia de Luis David Duque, estratega de la campaña de Paloma Valencia”, se lee.

Agrega la campaña del denominado ‘outsider’ político que “no hubo amenaza. Esa versión es falsa. La campaña aclara que los hechos ocurrieron en sentido contrario a lo que se ha intentado posicionar públicamente: fue Luis David quien contactó a Joaquín Gutiérrez, y en esa conversación no existió ningún tipo de intimidación ni conducta que pueda interpretarse como amenaza”.