Pocas personas le han causado más daño a Gustavo Petro que Juliana Guerrero. Su nombre está asociado a lo peor de la corrupción de un gobierno que prometió erradicar uno de los grandes males del país.
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No ocurrió así. Con Petro en la Casa de Nariño la corrupción se disparó. No hay un solo día en que no estalle un escándalo asociado con multimillonarios robos a entidades públicas, desfalcos en ministerios y organismos adscritos a la Presidencia, prevaricatos, trampas y falsedades de todo tipo de documentos.
En medio de esa especie de bacanal de escándalos, aparece siempre el nombre de la joven vallenata. El desprestigio de Petro como gobernante tiene que ver –entre otras cosas- con el protagonismo que le dio a Juliana Guerrero, quien llegó al gobierno como jefe de gabinete del ministro del Interior, Armando Benedetti, después de ser una de las lideresas destacadas del Pacto Histórico en el Cesar, durante la campaña presidencial del 2022.
Una vez con Petro en la Presidencia, la propia Juliana se encargó –con astucia y enorme capacidad de intriga– de escalar todos los peldaños hasta convertirse en el verdadero poder en la Casa de Nariño, según reveló Angie Rodríguez, gerente del Fondo Adaptación del gobierno nacional. “Ella es la que manda y quien maneja los hilos del poder en muchas dependencias del Estado”, señaló Rodríguez en explosivas declaraciones a medios de comunicación.
Llama la atención que los “logros” de Juliana Guerrero los alcanzó mientras era acusada por la Fiscalía de fraude procesal y falsedad ideológica, para poder acceder al cargo de viceministra de Juventudes en el Ministerio de la Igualdad, designación que a la postre se frustró. “Quien denunció a Juliana Guerrero al interior del gobierno fui yo. Así se lo hice saber al propio presidente Petro. Yo descubrí que ella no era contadora de la Universidad Popular del Cesar, como afirmaba, antes de conseguir sus títulos académicos en menos de 15 días”, sostuvo Rodríguez.
La anterior directora del Dapre y ex mano derecha de Petro, sostuvo también que lo que hay en el gobierno de Petro es un “concierto para delinquir”, del que harían parte unos “veinte funcionarios y amigos del gobierno” y que una de las cabezas más destacadas de dicha organización criminal sería la mismísima Guerrero.
En medio del aluvión de denuncias y señalamientos de Rodríguez contra Guerrero, uno de los más graves es el que tiene que ver con los supuestos vínculos de la actual delegada de Petro ante la Universidad Popular del Cesar (UPC) con el ELN. “Ella se ufanaba de tener vínculos con el ELN”, afirmó Rodríguez a los medios de comunicación, al tiempo que denunció que su vida corre peligro.
Es decir, estamos en presencia de un personaje con un poder desbordado, del que abusa abierta y ostentosamente, porque sabe que cuenta con el pleno respaldo del Presidente. ¿Por qué se presenta esta situación anómala en un gobierno que prometió combatir la corrupción? ¿Cómo llegó Juliana Guerrero a convertirse en el poder detrás del trono de Petro? ¿Quién le dio tanto poder y porqué –aún hoy– le mantiene el respaldo? Veamos:
Juliana, que mala eres, que mala eres Juliana…
Nunca antes en la historia reciente del país una persona con tan pocos méritos llegó a ostentar tanto poder. El caso de Juliana Guerrero es tan insólito como aberrante. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la señora Guerrero no cumple ningún requisito para ocupar los cargos que el gobierno de Petro le ha ofrecido. ¡Ninguno! No tiene las calidades morales y éticas, ni la preparación académica, ni la experticia, para desempeñar con probidad algún cargo oficial. Carece la señora Guerrero de los mínimos valores para ser funcionaria pública. Si ello es así, la pregunta que surge es: ¿por qué Petro se obstina en nombrarla y protegerla? ¿Dónde están sus méritos? ¿Cuáles son los atributos ocultos que todos desconocemos y que solo Petro parece ver? ¿Por qué razón la sostiene de manera afrentosa como su delegada ante el Consejo Directivo de la Universidad Popular del Cesar? ¿No hay en todo el Cesar una persona que reúna los requisitos para desempeñar esas funciones con altura y eficiencia? ¿Dónde están la Procuraduría y la Contraloría, que en sus narices la señora Guerrero celebra multimillonarios contratos con distintas universidades y firma acuerdos y convenios sin cumplir requisitos y con absoluta impunidad? ¿Son convidados de piedra y reyes de burla de todo lo que acontece y que tiene que ver con Juliana Guerrero?
¿Son ciertos los vínculos de Juliana Guerrero con el ELN?
Las graves denuncias de Angie Rodríguez sobre la red criminal que rodea a Petro no pueden soslayarse. No se trata de un asunto menor, independientemente de las motivaciones que tenga la directora del Fondo Adaptación para hacerlas. Todos los involucrados deberán dar explicaciones ante las autoridades competentes. Pero -sin duda- los presuntos vínculos de Juliana Guerrero con el ELN son de la mayor gravedad. ¿Cómo así que una de las personas de mayor confianza del Presidente manifiesta públicamente sus posibles vínculos con una organización terrorista como el ELN y todo sigue igual? ¿De qué tipo de vínculos habla la señora Guerrero? ¿Ella hace parte de esa organización criminal? ¿Tenía conocimiento Petro de dichos vínculos? ¿Tiene la Fiscalía información al respecto? Son muchas preguntas las que surgen sobre este delicado asunto. Y las respuestas tendrán que darlas los involucrados, empezando –claro está–por la propia Guerrero.
Ante las graves denuncias, ¿Estados Unidos podría proteger a Angie Rodríguez?
Las graves denuncias de Angie Rodríguez no solo involucran a Juliana Guerrero, sino a funcionarios muy cercanos a Petro, como el actual director de la UNGRD, Carlos Carrillo, antiguo director del Fondo Adaptación. Rodríguez habla de un “concierto para delinquir”, señalamiento sobre el que –obviamente– deberá aportar pruebas ante la Fiscalía. Pero por tratarse de asuntos tan graves -que no han sido atendidos de forma diligente y oportuna por las autoridades colombianas— sería muy bueno que Rodríguez considere –seriamente– entrar en contacto con organismos de Estados Unidos. Es increíble que ninguna autoridad en Colombia haya actuado ante las denuncias de Rodríguez, que no comenzaron la semana pasada. Ella misma afirmó ante los medios de comunicación que teme por su vida, aunque también fue categórica al afirmar: “No me pienso suicidar”. Su información es muy valiosa y Estados Unidos –sin duda– sabrá valorarla mucho más de lo que -hasta el momento- ha sucedido en Colombia.
Petro no puede evadir la responsabilidad política por fechorías de Juliana Guerrero
Aunque estamos a la espera de los resultados de las pesquisas y las investigaciones relacionadas con las andanzas de Juliana Guerrero, de lo que no puede quedar ninguna duda es de la responsabilidad política que le cabe a Petro por todos los delitos que cometa su protegida. Petro es el gran responsable de lo que sucede. Desde aquel tristemente célebre consejo de ministros en el que la exaltó como “una joven rebelde”, hasta las recientes denuncias de Angie Rodríguez, pasando por sus viajes misteriosos en aviones de la Policía al departamento del Cesar, todo ello es conocido por Petro. No puede decir Petro que las fechorías de Guerrero ocurrieron a sus espaldas. Todo lo contrario: la señora Guerrero hace lo que hace y se comporta como se comparta, porque sabe que cuenta con el respaldo del Presidente. Punto. Se sabe tan intocable como inmune, porque ni la Justicia la alcanza, por ahora. Al sostenerla en el cargo, pese a los graves señalamientos, Petro asume una conducta retadora, mediante la cual desafía tanto a la Fiscalía como a los organismos de control. Dicho comportamiento es inédito en la historia del país, en lo que tiene que ver con los jefes del Estado.





















