Su mirada es serena y genera paz. Está ahí con sus necesidades, pero no habla de ellas. Con su voz ronca, como delatando que ha fumado mucho con el paso de los años, me cuenta todo lo bueno que le ha ocurrido a lo largo de su vida. Escucho con atención y celebro cada una de esas acciones de gracias en las que reconoce que su historia ha estado llena de momentos buenos. Al terminar de hablar lo dejé allí, en aquella esquina en la que tiene su puestico hace años; le compré un par de cositas, pero tal vez lo que me llevé como un don poderoso fue su actitud ante la vida.
Pensé en todo lo bueno que hay en mi vida, y confirmé una vez más que las personas, las experiencias buenas y los recursos positivos, son más que los vacíos y las necesidades. No creo que se trate de ser conformista, ni de tener una visión de sacrificio que haga del sufrimiento, de las angustias y los dolores dones deseados. Se trata más bien de comprender que en nuestra vida siempre hay más por agradecer que lo que nos hace lamentar. Es más, tengo la certeza de que sólo pueden dar una batalla inteligente, comprometida y constante contra las injusticias, los dolores y las necesidades quienes viven agradeciendo lo que tienen y son.
Tengo la sensación de que la tendencia de tener todo registrado a través de una cámara para ser objeto público, nos ha llevado al dramatismo. Es posible que, al hacer de nuestra vida un producto de las redes sociales, se nos intensifiquen las emociones y por eso terminamos haciendo de la vida algo extremadamente dramático. Mi opción personal es clara: la vida es lo más lindo que podemos tener, no importan las lágrimas, dolores, traiciones o frustraciones. Nada de eso importa si estamos vivos.
Hay que enfocarnos en todo lo bueno que tenemos para celebrar constantemente el don de poder vivir. Hay que darle gracias a Dios por el aquí y el ahora, y decirle que nos dé esa vida en abundancia que ha ofrecido (Juan 10, 10). Por eso te invito a enamorarte más de tu vida, a confiar en Dios para tener una existencia con mucha más hondura. Es tu responsabilidad elegir sostener la mejor actitud frente a las situaciones que quizá no te satisfacen, abrirte a la vida con esperanza, sabiendo que ninguna situación tiene el poder de determinar tu historia.
No olvides que los valores estéticos y económicos, aunque necesarios, no dan profundidad. Son superficiales y por eso no deciden el sentido trascendental de nuestra existencia. Haberme encontrado con ese vendedor de la esquina, lleno de necesidades, pero agradecido con la vida, me ha hecho cerrar los ojos y agradecer todo lo que tengo y soy.








