La convicción es una característica infaltable en un técnico de fútbol. Quien no está convencido difícilmente logra convencer. La convicción le da seguridad, firmeza a las razones que soportan las decisiones.
La tozudez, en cambio, es esa convicción inflexible, sin la madurez para aceptar nuevos escenarios, sin la capacidad de escuchar, detectar posibles riesgos y querer tener razón a toda costa. Son totalmente contrarias, pero suelen colindar. Están separadas por una delgada línea, casi imperceptible.
Por lo tanto, el técnico de fútbol que tiene como tarea permanente tomar decisiones, puede en algunos casos caminar y rozar esa frontera: de un lado, la convicción, que se refuerza si el éxito acompaña y del otro, la tozudez, que será motivo de descalificación si la que llega es la derrota.
Para el técnico Néstor Lorenzo, James Rodríguez ha sido su estandarte, el eje sobre el cual giró y gira su idea táctica. No hay en el fútbol de alta competencia una selección que provoque una dependencia en su juego de un jugador con el nivel y las características de James. Pero es su convicción.
Sin embargo, la situación del capitán de la selección en los últimos 6 meses, incluidas estas semanas más recientes en las que fue relegado por el técnico de su equipo en la MLS.
A mi juicio pone al entrenador Néstor Lorenzo en una de esas situaciones en donde la convicción y la tozudez podrían enfrentarse. Y no parece difícil creer que será el mundial quien oficie de árbitro.








