Carlos Caicedo reaparece en la contienda presidencial con una apuesta que busca desmarcarse tanto del continuismo como de las promesas incumplidas. Aunque respaldó en su momento el proyecto político de Gustavo Petro, hoy reconoce abiertamente sus reparos frente a los resultados del Gobierno, marcando distancia sin renunciar a la necesidad de transformaciones profundas en el país.
En diálogo con EL HERALDO, el ex gobernador del Magdalena plantea que Colombia no puede seguir atrapada en la disputa entre orillas ideológicas, sino que debe concentrarse en resolver sus problemas estructurales desde los territorios.
Su propuesta gira en torno a un nuevo modelo que priorice la educación, la reducción de la desigualdad y la construcción de un gran acuerdo nacional que involucre al Estado, el sector privado y las comunidades.
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Con un discurso que combina experiencia en la gestión pública y crítica a las élites tradicionales, Caicedo insiste en que el país necesita un giro que parta desde las regiones, donde —asegura— se concentra la mayor deuda social. Para él, el reto no es solo cambiar de gobierno, sino cambiar la forma de gobernar.
“Hay que pensar primero en Colombia”, sostiene, al proponer una agenda que deje atrás la lógica de los liderazgos individuales y las disputas partidistas para dar paso a soluciones concretas, construidas desde las voces de los territorios y enfocadas en las nuevas generaciones.
Las elecciones están cada vez más cerca y usted vuelve a la arena política. ¿En qué momento está su candidatura?
Estamos en un momento clave, consolidando una candidatura presidencial que no solo representa una aspiración personal, sino la voz de los territorios, particularmente del Caribe colombiano.
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Venimos de una experiencia concreta en la gestión pública: la rectoría de la Universidad del Magdalena, la Alcaldía de Santa Marta y la Gobernación del Magdalena. En todos esos escenarios, a pesar de limitaciones presupuestales y dificultades políticas, logramos resultados tangibles que transformaron la vida de miles de personas.
Esa experiencia es la base de nuestra propuesta: demostrar que sí se puede gobernar con eficiencia y con enfoque social. Hoy nuestra apuesta central es la educación, especialmente la juventud, como motor de transformación del país.
Usted ha insistido en una propuesta que ha generado debate: pagarles a los jóvenes por estudiar. ¿Cómo funcionaría?
Es una política estructural. En Colombia, el problema no es solo el acceso a la educación, sino la permanencia. Muchos jóvenes abandonan porque no tienen cómo sostenerse.
Nuestra propuesta busca garantizar que ningún niño o joven se quede por fuera del sistema educativo por razones económicas. Queremos acompañarlos desde el preescolar hasta niveles avanzados como maestrías y doctorados.
Esto implica transferencias económicas condicionadas a la permanencia en el sistema educativo, pero también inversión en infraestructura, alimentación, transporte y bienestar estudiantil.
No es un subsidio asistencialista, es una inversión estratégica en capital humano que impacta directamente en la reducción de la pobreza, la informalidad y la violencia.
Usted habla constantemente de las regiones. ¿Qué diferencia su visión de la de otros candidatos?
Que nosotros no hablamos de las regiones desde la teoría o desde la coyuntura electoral. Yo nací y crecí en condiciones de pobreza, en una familia trabajadora. Mi madre fue empleada doméstica y trabajadora del sector salud. Vivimos en barrios populares.
Conozco de primera mano las desigualdades del Caribe, que son similares a las del Pacífico y otras regiones olvidadas. Muchos candidatos prometen en campaña, pero al llegar al poder se desconectan de esa realidad.
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Nosotros hemos construido un proyecto de vida en la región y creemos que Colombia debe pensarse desde sus territorios. Ahí está la mayor pobreza, pero también el mayor potencial.
¿Cómo se refleja esa desigualdad en cifras concretas?
Es dramático. De cada 100 jóvenes que ingresan al sistema educativo, apenas unos 40 terminan el bachillerato. De esos, menos de 30 llegan a la universidad y solo una pequeña fracción se gradúa. Eso significa que millones quedan por fuera en pocos años. Y la mayoría de esos jóvenes están en las regiones.
Si no intervenimos ahí, estamos condenando a generaciones enteras a la exclusión. Por eso insistimos en una política que garantice permanencia y oportunidades reales.
El país atraviesa una fuerte polarización política. Usted ha estado cercano a la izquierda, pero ha sido crítico del gobierno de Gustavo Petro. ¿Cómo maneja esa posición?.
La verdad es que apostamos por un sueño de cambio profundo en el país. Todos votamos en el espectro de la izquierda, pero no hay una sola izquierda por el presidente, pero una cosa es lo que se prometió en campaña y otra es lo que se logró en gobierno. Y nos parece que tiene que haber coherencia entre lo que se promete y lo que se sale a hacer.
Ha habido muchos discursos y pocos resultados, ¿no? Y, bueno, yo lo puedo decir con conocimiento de causa en el caso del departamento de Magdalena.
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Duque hizo prácticamente nada en el Magdalena, lo bloqueó inclusive con intereses políticos, y, lamentablemente, el gobierno del presidente Petro hizo algo parecido.
¿Al final dónde están las grandes obras que se prometieron y las transformaciones estructurales que el país reclamaba? Lo cierto es que Colombia sigue siendo el país más desigual de América Latina.
Duele en el alma porque lo que aspiramos es que cada cuatro años este país supere, no marginal o incrementalmente, la pobreza y la desigualdad, que no sean solo unos pocos.
A pesar de la diferencia que ha tenido con el gobierno de Gustavo Petro, fuentes del Pacto Histórico nos comentaban que usted sigue siendo bien visto por otros sectores del progresismo. Le hablo puntualmente de Iván Cepeda. ¿Es así?
Siempre lo he respetado, lo respeto como histórico defensor de víctimas. Los que hemos estado del lado de las víctimas sabemos cuán importante es eso en un país de nueve millones de víctimas.
Pero también entiendo que este momento es el momento de escoger para Colombia alternativas ya probadas en el gobierno, en el Ejecutivo, en resolver problemas concretos más allá del discurso o del análisis político o del debate congresional.
Es decir, este es un momento en que el país requiere un gobierno que entregue resultados, que sepa hacer las cosas, inclusive en medio de la escasez, como nos tocó a nosotros, en medio de las adversidades, como nos tocó a nosotros recuperar una universidad pública y transformarla y convertirla en una de las mejores universidades públicas de Colombia.
¿La derecha y el centro caben en su gobierno o hay líneas rojas?
Yo lo que creo es que en nuestro gobierno caben todos aquellos que creen que pagándoles a los jóvenes por estudiar y a sus familias para salir de la pobreza y la desigualdad salvamos a Colombia. Yo creo que a estas alturas tenemos que construir un gran proyecto nacional.
¿Qué piensa de la paz total?
La verdad es que hay que reconocerlo. La paz total es un total fracaso. Y la evidencia de eso es que más de catorce mil quinientos homicidios el año pasado, es decir, casi el número más alto de diez años, más cerca de cincuenta y tres masacres este año no lo pueden silenciar, y mucho menos con los que desde la izquierda hemos defendido siempre las víctimas y hemos pregonado por la paz y la solución política.
De manera que ese modelo, entre otras, fracasa no solamente por sus metodologías, sino por no hacer históricamente las inversiones que tienen que hacerse en los territorios.
Es que sale un grupo y llega otro porque nunca está el Estado, y cuando hablamos del Estado no son los policías y los soldados solamente, estamos hablando de los maestros, estamos hablando de los distritos de riego, de los hospitales, estamos hablando de las universidades, estamos hablando de los proyectos productivos en las regiones.
¿Cuál es su principal apuesta en caso de llegar a ser presidente?
Lo primero que haríamos es sentar a todos los sectores políticos, a todos los sectores productivos y a todas las organizaciones sociales para discutir el gran acuerdo nacional en torno a la implementación de este pagamos por estudiar, porque tenemos que sacar los recursos de muchas fuentes.
Habrá que hacer, por ejemplo, liquidación de algunas entidades, habrá que buscar, rescatar recursos que están mal orientados, habrá que revisar la deuda externa y su servicio, a ver cómo reducíamos plazos, tasas para reinvertir, habrá que mirar los quintiles de mayores ingresos, de los más ricos, cómo también hacen un gran aporte para este gran proyecto.
Tendremos que mirar las regalías, ¿cierto? La ley de competencias también. Esto no se puede hacer a la brava, esto no se puede hacer de forma unilateral, porque en un país como Colombia tomar decisiones de esta magnitud si no se concertan pasa lo de la reforma a la salud.
Entonces que termina siendo la cura peor que la enfermedad, ¿verdad? Así sea bien intencionado el objetivo. Y, obviamente, para esto tendríamos que contar con las voces de los gobiernos territoriales, de los de las comunidades, de las fuerzas vivas de este país que están establecidas en las regiones.
Yo creo que sería un nuevo modelo, un nuevo modelo en el que saldríamos de la histórica, el dilema de si un líder político u otro, si una fuerza política u otra, y tendríamos que pensar eso, primero Colombia.


