Si en Colombia existe un asunto urgente por resolver y sobre el cual se debe hacer la mejor de las tareas, estable y duradera, es el de la paz. Las dolorosas cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica, en su estudio ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, dicen, de manera categórica, lo importante que es poner fin al conflicto armado.
Más de medio siglo de guerra, de 1958 a 2012, dejaron 220.000 muertos, la mayoría de ellos civiles. Ese mismo conflicto, que martiriza zonas rurales enteras ha dejado, hasta el pasado 10 de diciembre, 5.966.041 víctimas desplazadas forzosamente por actores armados, como la guerrilla, los paramilitares, sus herederos de las bacrim y agentes del Estado.
Ante este panorama y la incertidumbre que representa para el futuro del país el que se mantenga dicha confrontación, EL HERALDO, luego de analizar los hechos políticos y sociales de 2013, escogió como Personaje del Año los diálogos de paz que el Gobierno Nacional, liderado por el presidente Juan Manuel Santos, y las Farc, con la aceptación de su actual comandante Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, adelantan, desde el 10 de noviembre de 2012, en La Habana, Cuba.
Luego de 18 rondas de conversaciones, el primer año de negociación termina con 2 acuerdos –sobre una política de desarrollo agrario integral y la participación política de la guerrilla–, considerados los temas de mayor complejidad de los 6 que contempla la agenda pactada.
Cada paso dado fue recibido con entusiasmo por analistas políticos y gobiernos, como el de Estados Unidos, y las mismas Naciones Unidas, por su 'trascendencia' en favor de la pacificación del país. Desde la academia, estudiosos del conflicto armado han destacado que con estos acuerdos el proceso se volvió 'irreversible'; mientras que el Gobierno ha significado que 'jamás se había llegado tan lejos' en intentos similares. Por lo menos en Caracas, Venezuela, y Tlaxcala, México, en 1991 y 1992, respectivamente, las reuniones no pasaron de los argumentos y la retórica, de parte y parte. Y el Caguán (1998 al 2002) terminó en toda una frustración.
Cada fracaso significó un escalamiento de la violencia y más muertos. En los 90, las Farc pasaron de la guerra de guerrillas a los ataques en bloque y vinieron las tomas de bases militares, como las de Patascoy y Las Delicias, y de poblaciones, casos Mitú y Miraflores, que dejaron la muerte y el secuestro masivo de policías; aparecieron entonces los grupos paramilitares de ultraderecha para, a sangre y fuego, hacer frente a lo que se veía como una 'expansión guerrillera'; se ideó el Plan Colombia, con ayuda financiera de Estados Unidos para combatir el narcotráfico, y luego vino la Política de Seguridad Democrática.
Por la ofensiva oficial, en los últimos 6 años las Farc recibieron golpes contundentes. La muerte en bombardeos –con apoyo de la CIA– de varios de sus más influyentes jefes, El Negro Acacio (2007), Raúl Reyes (2008), El Mono Jojoy (2010) y el abatimiento en noviembre de 2011 –a manos de un comando especializado del Ejército– de su máximo comandante Alfonso Cano, trazaron otra dinámica del conflicto.
El nuevo escenario dejó en claro que si bien la guerrilla estaba golpeada, derrotarla tardaría varios años y miles de muertos más. En 2012 tenían presencia en 30 de los 32 departamentos del país, a través de diferentes estructuras rurales y urbanas, de acuerdo con el Observatorio de Procesos de Desarme, Desmovilización y Reintegración de la Universidad Nacional. Paralelamente, las Farc, con unos 7.500 hombres, entendieron que no se tomarían el poder por las armas.
A pesar de los cuestionamientos y de las críticas, de personajes como el expresidente Álvaro Uribe y el procurador Alejandro Ordóñez, el presidente Santos mantuvo, con el apoyo del fiscal Eduardo Montealegre, la agenda de diálogo. Lo hizo pese a que, incluso, en las grandes encuestas de opinión los colombianos han expresado poco optimismo sobre un acuerdo que ponga fin al conflicto.
En medio de ese escepticismo, Santos ha explicado que 'lograr la paz no será de un día para otro' y que esta tendrá que 'construirse de manera colectiva' con las comunidades, lo que supone 'hacer concesiones' y reformas estatales, en especial en la estructura social y económica. Para ello, lo primero será llegar a un acuerdo y después los colombianos deberán unirse, en medio de los obstáculos, para cultivar la anhelada paz. Sin duda, esto será mejor que seguir contando muertos.
Generar optimismo
De los 4 puntos que faltan de la agenda, Gobierno y Farc continuarán negociando, desde el 13 de enero, las soluciones al problema de las drogas ilícitas que afecta a 60 mil familias campesinas, además de que, en el fondo, es la principal fuente de financiación de la guerrilla. Luego continuarán con el de las víctimas, que incluirá verdad, justicia y reparación; las estrategias para la implementación, verificación y refrendación de los acuerdos y, por último, el fin del conflicto, que incluirá un cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo. El presidente Santos (foto) ha insistido en que lo que se acuerde deberá ser aprobado en un referendo por los colombianos. Pero, se necesita que Gobierno y guerrilla contribuyan a que la opinión pública se llene de optimismo frente al proceso y comience a creer en que la paz sí es posible.
Los retos del congreso

Los analistas Alejo Vargas y León Valencia consideran que en el primer semestre de 2014 habrá un acuerdo en la mesa de diálogo de La Habana y entonces comenzará el reto de organizar toda una estructura estatal y social que permita hacer los cambios necesarios para dar inicio a la construcción de la paz. 'No hay una noticia más importante para el país que esta, porque desde hace 50 años hay generaciones que no conocen al país sin guerra', dijo Valencia. Vargas sostiene que dejar atrás medio siglo de violencia generará un 'cambio fundamental' para Colombia. Reafirma que construir la paz 'estable y duradera' que hoy se pregona será un trabajo para iniciar en las regiones más afectadas por el conflicto armado. Vargas llama la atención sobre los 'desafíos importantes' que tendrá el nuevo Congreso, a elegirse en marzo de 2014. 'Si se firma un acuerdo y en su primer año ese Congreso no hace grandes reformas, la idea de convocar una Asamblea Constituyente se volverá una realidad', sugiere.
ELN, otra parte por resolver
El presidente Juan Manuel Santos ha dicho que con la guerrilla del ELN también habrá negociación, pero no se ha definido ni desde cuándo ni dónde. Todo parece ser una estrategia: esperar a que avance o haya un acuerdo definitivo con las Farc para que un diálogo con los ‘elenos’, de posturas radicales en los intentos de Caracas y Tlaxcala, sea lo menos complicado. Al respecto, desde la academia, el investigador Jaime Zuluaga sostiene que un acuerdo en La Habana no significa el fin del conflicto armado porque faltaría la negociación con la segunda guerrilla del país, que se creó en 1964. ¿Cuántos integrantes tiene el ELN? No hay cifras concretas. Hoy, los mandos militares consideran que son unos 1.000 combatientes. El Observatorio de Procesos de Desarme, Desmovilización y Reintegración de la Universidad Nacional estima que en 2012 hacía presencia en 16 departamentos, con 28 frentes rurales, 3 urbanos y 22 compañías.




















