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El Coreano de Ítalo Gallo, ‘Turbo' que está a la vanguardia.
Luis Felipe De la Hoz
Barranquilla

Los picós retornan a sus raíces

Con la denominación de ‘Turbos’ les ganan terreno a los llamados ‘fraccionados’. Nueva tendencia en la llamada cultura musical picotera de Barranquilla

Movidos de pronto por la nostalgia de la época dorada de las verbenas, aquellos bailes de fin de semana que alegraban el corazón de las barriadas. O tal vez por las exigencias del momento sobre el impacto ambiental sonoro.

 

O por ambas razones; los picós de Barranquilla, que simbolizan en vastos sectores populares de la ciudad la llamada cultura musical picotera, han retornado a sus viejas raíces de bafles y columnas multicolores, para darles un nuevo tono y colorido a las fiestas de los barrios.

Las poderosas máquinas sonoras de la actualidad, torres gigantescas compuestas por un sofisticado sistema de parlantes fraccionados, que semejan más las amplificaciones orquestales, y que se apartan del concepto original del picó, tienden a desaparecer ante el entusiasmo inusitado con el que se están construyendo los llamados ‘Turbos’, que no son otra cosa que los picós de antaño, los ‘escaparates’, como también los llamaban, pero adaptados a la tecnología del momento con la producción de un sonido más puro, fino y tolerable.

Con el modelo ‘Turbo’ se regresa al bafle central, decorado con una pintura emblemática para cada aparato, y que constituye su sello particular de identidad, inviolable y respetado por los demás.


Todo el lujo y colorido de El Concorde, de Mario Andrés Fábregas, en La Magdalena.

“Cuando se modificó el formato original del picó, se perdió su esencia y autenticidad. El dibujo que los identificaba desapareció para darles paso a luces y efectos discotequeros de humos y video. La música cambió, de la salsa y otros ritmos tropicales se pasó a la champeta; y el ambiente festivo de alegría que había a su alrededor se degeneró en muchos conflictos y rivalidades que ensombrecieron esta representación cultural”, manifiesta Orlando Espinel, conocido como Sanpic en el ambiente picotero de la ciudad.

MONSTRUOS DE SONIDO

“Con los ‘fraccionados’ también sucedió otro fenómeno, sus propietarios se empecinaron en crear unos auténticos monstruos de sonido, con equipos de amplificación de última tecnología importados, que los hicieron inviables, pues las potencias de su sonoridad excedían la capacidad de decibles soportables por las comunidades de los barrios, e incluso, de los mismos asistentes a las fiestas, lo que provocó muchos malestares sobre su conveniencia”, dice a su vez Luciano Barraza Salcedo, veterano picotero de la ciudad, y gran conocedor del medio.

Los ‘fraccionados’ irrumpieron a principios de la década de los 90, y los ‘Turbos’ comenzaron a reclamar su espacio hace apenas dos años, pero con un mayor énfasis en el segundo semestre del pasado 2013.

El primer fraccionado que se recuerda es Los Melódicos, del señor Jorge Solano; y el primer ‘Turbo’ El Solista veterano, de Luis Rodríguez, a quien llaman ‘El Capo’.

ACEPTADOS POR LOS JÓVENES

Cuando empezaron a darse los pasos iniciales para volver  a la forma original del picó, el gran interrogante que surgía entre los propietarios de estos equipos se centraba en la manera cómo las nuevas generaciones iban a recibirlos, ya que los jóvenes crecieron con el modelo fraccionado y su parafernalia discotequera.

Además del elemento novedoso de un improvisado locutor, que micrófono en mano muchas veces vociferaba e incitaba a la violencia en los bailes, en vez de animar la fiesta.

“Eso ya está superado, los ‘pelaos’ están maravillados con los ‘Turbos’, los han aceptado y recibido muy bien, pues para ellos es algo nuevo, pues no los conocían sino por referencia de sus padres. Estamos en un buen balance de aceptación entre gente adulta y jóvenes. Es decir, les satisface a todos, ya que les hemos dado su toque de modernidad”, manifiesta Ítalo Gallo, propietario del ‘Turbo’ El Coreano, uno de los pioneros en este regreso a las raíces picoteras.


Luis Carlos Cantillo Beltrán y su hijo Deivis, con El Isleño.

Una de las rupturas que han hecho los ‘Turbos’ con el prototipo de los fraccionados es la eliminación del animador. “Aquí no hay ‘habladera’, no se maneja micrófono, es pura música. Tanto ‘palabrerío’ no deja bailar a la gente, y lo que fomenta son riñas”, afirma Deivis Cantillo, del ‘Turbo’ El Isleño, ícono histórico en el barrio Las Nieves.

A CONSOLIDARSE EN CARNAVAL

Para el movimiento ‘Turbo-picoteril’ que crece en la ciudad, la temporada de precarnaval y el Carnaval que se avecina con su enorme y apretada agenda de bailes, es el escenario propicio para consolidar de nuevo el reinado de estas máquinas que históricamente han puesto a gozar a los barranquilleros, no solo en las festividades carnestoléndicas sino durante todo el año.

“En un baile de Carnaval de barrio, ya sea en una casa, en plena calle o en caseta, las torres con que se arman los picós fraccionados no son prácticas ni funcionales. Además, tenemos que ser conscientes en que hay que contribuir por un entorno auditivo más sano, de menos bulla y escándalo”, sostiene por su parte Mario Andrés Fábregas, propietario del ‘Turbo’ El Concorde, con sede en el barrio La Magdalena.

Fábregas es un buen ejemplo de la dinámica y el espacio que ganan cada vez más los ‘Turbos’, pues durante ocho años mantuvo El Concorde Mega Concierto en la línea de fraccionado, pero en el 2011 decidió convertirlo al modelo primigenio del bafle.

“En el 2003 me hice a un fraccionado, en realidad nunca me gustó ese estilo, lo mantuve porque era una especie de moda, ahora vuelvo al ‘Turbo’ porque tiene mejor presentación, es más fácil de transportar, de armar, y su sonido es más amable con la gente; y es lo nuestro”, reconoce.

LAS ‘RÉPLICAS’ COMENZARON TODO

La llegada de los ‘Turbos’ al mercado picotero de Barranquilla estuvo precedido por la aparición de las llamadas ‘réplicas’, picós a escala, muy pequeños, pero adaptados a un equipo que los ponía a sonar, y que hace unos tres años comenzaron a hacer furor en Soledad.

“Eran copias de aparatos tradicionales como El Gran Pijuán, El Timbalero, El Rojo, El Coreano, El Gran Che, el Gran Torres, El Gran Fidel, entre otros, que hicieron historia en los 70 y 80”, recuerda también Luciano Barraza Salcedo.

“Fue una especie de excentricidad que inició en Soledad el señor Guillermo Miranda, con la primera réplica de El Solista, el picó más representativo del municipio. De ahí surgieron muchas más al punto que se organizaron bailes, encuentros, duelos y exhibiciones en estaderos, animados por el sonido de estas miniaturas”, señala Gonzalo Gutiérrez, soledeño coleccionista de música.


Gabriel Llerena, ‘Pastrana’; y Luis Eljaieck León, ‘Chicho’, de El Gran Pijuán.

Esta pasión que despertaron las ‘réplicas’, que se inició como un hobbie entre rumberos sentimentales, fue la que movió los hilos de la nostalgia entre la gente de los picós hasta llegar a este punto. Fue la simiente definitiva para que surgiera esta nueva tendencia en la cultura picotera barranquillera, los ‘Turbos’, que como bien afirma Luciano Barraza, “llegaron para quedarse”.

¿POR QUÉ EL NOMBRE DE 'TURBO'?

Si algo ha llamado la atención entre la gente que se mueve en el mundo de los picós, es conocer de donde sale la palabra ‘Turbo’, para esta nueva denominación de las máquinas sonoras del sabor y la alegría. “Fue tomada de un picó del sector de La Cordialidad ‘bautizado’ El Dragón Turbo Laser, parece que la palabrita gustó, pegó entre la gente y alguien como para ponerlo un punto de innovación a esta nueva etapa de los picó, empezó a llamarlos así, ‘Turbos’, que creo es bastante sonora y comercial”, manifiesta Luciano Barraza, picotero de mil batallas en las tornamesas de El Solista, El Rojo, entre otros. En efecto, la designación ha hecho carrera y está desplazando a la histórica picó.

 

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