El Heraldo
El taxista, barranquillero por adopción, sale a trabajar en ropa formal por el valor que le da a su oficio.
Barranquilla

El 'decano' de los taxistas en Barranquilla

Flavio Nigrinis tiene 77 años y lleva más de 60, desde su natal Bucaramanga, manejando carros de transporte público • Afirma que la clave para agradar al cliente es cobrar lo justo y tratarlo con respeto.

Los problemas respiratorios que lo aquejan desde su infancia provocaron que abandonara su natal Bucaramanga cuando cumplió 14 años. Flavio Nigrinis Oliveros nació el 5 de abril de 1939 y hoy es uno de los taxistas más experimentados de Barranquilla, ciudad a la que llegó hace 63 años, siendo menor de edad.

Desde niño le gustó trabajar, por lo que decidió aprender mecánica automotriz en la capital santandereana, donde dividía su tiempo laborando como ayudante en buses intermunicipales durante el día y conduciendo taxi por las noches.

En esta última actividad comenzó pese a no cumplir dos requisitos inexorables: ser mayor de edad y tener licencia de conducción. Lo logró porque insistió tanto ante un grupo de amigos que trabajaba en tres estaciones de taxis de la Ciudad Bonita que le permitieron manejar.

Llegada a la Región

Su arribo a la Costa tuvo una primera escala en Ciénaga, la tierra de su padre, Flavio Nigrinis Linares. Instalarse en territorio paterno fue la razón principal para permanecer allí antes de mudarse a Barranquilla.

Cuenta que su llegada a la capital del Atlántico se produjo en un ferry, debido a que en ese momento no existía la carretera entre Ciénaga y Barranquilla.

Con el paso de los años, Flavio siguió apegado a los oficios que más sabía hacer, el de mecánico y conductor. Aquí en un comienzo manejó taxis y buses.

El santandereano sostiene que su mejor época como taxista en Barranquilla la vivió en la década del 70. En ese momento vivía en el hotel Príncipe, aledaño al Paseo Bolívar, y manejaba un vehículo nuevo, propiedad de Juan Navarro, a quien recuerda con mucho aprecio. “Esos tiempos eran maravillosos porque uno manejaba con mucha más tranquilidad”, cuenta con un dejo de nostalgia.

Después de alternar oficios, en 1986 decidió que únicamente conduciría taxis. Esa determinación la tomó cuando vio la posibilidad de tener un “sustento fijo”. Después de idas y vueltas, de traslados entre Barranquilla, Ciénaga y Santa Marta, el hombre de voz ronca y semblante bonachón supo que quería entregar su tiempo al oficio que aún ejerce.

Sus experiencias

Nigrinis recuerda que comenzó a conocer las calles barranquilleras rápidamente porque acostumbraba salir a recorrerlas para adaptarse a su nueva casa. Una de las cosas que le facilitó la tarea fue identificar puntos de referencia en distintos sectores. De esa forma, el hecho de no ubicar con exactitud una dirección no representaba un impedimento para cumplirle a quien necesitara un servicio.

Treinta años después esa estrategia la sigue aplicando. “Si alguien –afirma– me dice que lo lleve a Carrizal, o adonde sea, sin darme una dirección, yo lo llevo. Lo único que necesito es que me digan un punto de referencia, algo que quede cerca del lugar al que van. Lo curioso es que algunas personas que viven en un barrio no saben dónde quedan algunos sitios, por eso hay que aprender a defenderse en la vida”.

Con el tono de quien se admira ante los cambios, expresa que en aquellos tiempos el valor promedio de una carrera dentro de la ciudad no era superior a un peso. Incluso, comenta que el desplazamiento entre Barranquilla y Puerto Colombia costaba, aproximadamente, un peso con ochenta centavos.

Claves en el servicio

Sin pensarlo dos veces, Nigrinis Oliveros afirma que es indispensable ofrecer el mejor servicio a los clientes. “Para eso he realizado cursos de capacitación”, dice antes de indicar que “la educación, la cortesía y cobrar lo justo son elementos básicos para ganar la confianza del pasajero”.

“Pedir más de la cuenta por una carrera ahuyenta a la gente”, apunta el experimentado chofer.

Flavio suele despertar cada día a las 4:00 a.m. y rueda por las calles de Barranquilla durante doce horas, entre las 5:30 de la mañana y las 5:30 de la tarde. Paga una tarifa de 60.000 pesos, que incluye los $5.000 del “ahorro”, una cuota que acumulan para cubrir imprevistos cuando sea necesario. Además, precisa que en gasolina gasta entre $30.000 y $40.000 diarios.

“En un buen día me pueden quedar $70.000 libres, pero en un día flojo puedo regresar a casa con menos de $20.000”, asegura.

Cuando de tener un buen gesto se trata, no duda en hacerlo. De hecho, cuenta que una vez se le acercó una mujer en la zona exterior de una clínica y le pidió que la llevara a El Bosque. De antemano, la mujer le avisó que no tenía dinero para pagarle. Sin embargo, eso no fue impedimento para transportarla hasta su vivienda. “Si uno puede ayudar a otra persona, lo hace. Si algún día me toca volver a hacer una obra de caridad no lo dudaría porque Dios me lo compensará”, dice sin titubear.

Memorias de un taxista

Una de sus anécdotas más simpáticas e increíbles se remonta a 1978, cuando trabajaba por las noches a bordo de un vehículo Dacia modelo 75. Un sábado cualquiera, después de reunirse con un grupo de compañeros de oficio a comer pastel y beber café en una estación del barrio Bellavista, se quedó dormido. Lo hizo confiado en la costumbre de respetar los turnos.

Relata que uno de sus compañeros lo despertó porque una mujer estaba solicitando un servicio. Aún somnoliento, Flavio abrió la puerta trasera izquierda del automotor, pero no contaba con que la mujer le dio la dirección del sitio hacia donde se dirigía y cerró la puerta sin subirse.

Él emprendió el viaje y a mitad de camino se dio cuenta de que la pasajera no estaba. Lo que aún recuerda con humor el bumangués es que la mujer no iba en el asiento trasero, pues cerró la puerta para montarse por el costado derecho, sin contar con que el adormitado taxista arrancaría sin ella.

“Un compañero todavía me recuerda lo que pasó esa noche y me hace bromas”, agrega entre risas y con su cara ruborizada.

Nigrinis relata que también ha transportado personajes vinculados al mundo del espectáculo. En 1982 le tocó movilizar al bolerista mexicano Armando Manzanero. “Si mi memoria no falla, fue ese año. Lo recogí en el aeropuerto y lo llevé hasta Cartagena”, dice. Enseguida hace un chasquido con los dedos al recordar que en su vehículo también transportó al cantante cesarense Galy Galiano.

Situación actual

Flavio considera que hoy lo más complicado de ser taxista en Barranquilla está relacionado con la movilidad porque la cantidad de automotores “ha aumentado mucho en los últimos años” y algunas personas “quieren hacer carreras en vehículos no autorizados”.

Otro aspecto que reprocha es la poca relevancia que algunos integrantes del gremio le dan a la presentación personal, algo que desde el punto de vista del bumangués es esencial para dejar una buena imagen en el usuario. Sobre ese tema, considera que las empresas deberían ser “más exigentes” con sus empleados para que vistan de forma adecuada. “Ahora se ven algunos taxistas trabajando en camisilla, bermuda y chancleta. Deben tener en cuenta que el vehículo es su sitio de trabajo y hay que asumirlo como tal”, comenta.

¿Y qué piensa de la implementación del taxímetro? Él dice que sería una buena medida porque “favorecería la rentabilidad” de los conductores. Por eso se muestra de acuerdo con la instalación del dispositivo, algo que sucedería antes de finalizar este año, de acuerdo con la Secretaría de Movilidad Distrital.

“Los pasajeros, cuando había taxímetro, nos decían que estaba adulterado y uno siempre queda como el malo del paseo. Como no están acostumbrados, piensan que es algo inconveniente y prefieren pagar lo que quieren”, puntualiza.

Combatir la sobreoferta pide el gremio

La próxima asunción del Área Metropolitana de Barranquilla (AMB) como única autoridad del servicio de transporte público tipo taxi para los cinco municipios que la componen no ha estado exenta de reacciones por parte de algunos de sus principales protagonistas. Directivos y conductores adscritos a diferentes agremiaciones expresaron su agrado frente a la decisión, aunque pidieron a la entidad administrativa evaluar y replantear algunos factores.

Jorge Guerrero, presidente de Sinchotaxis, aseveró que pedirán al AMB que ejerza control y vigilancia para evitar un incremento innecesario en el parque automotor de vehículos de transporte público individual. Al respecto, solicitó que los taxis que se matriculen a partir de ahora lo hagan exclusivamente por reposición.

“Hay normas que indican que por cada 200 habitantes debe haber un taxi. En ese orden de ideas, como área metropolitana, no habría sobreoferta. Si lo analizamos como ciudad, el único municipio que tendría sobreoferta es Barranquilla porque hay 12.700 taxis para los 1,1 millones de habitantes”, anotó.

El vicepresidente de Sinditax Atlántico, Orlinson Villa, advirtió que han solicitado la “depuración” del parque automotor en Barranquilla, Puerto Colombia, Soledad, Malambo y Galapa, para establecer la cantidad exacta de taxis habilitados para transitar en la capital del Atlántico y su área metropolitana.

“Sabemos que si se matriculan nuevos carros en los municipios vendrán a trabajar aquí y no podemos permitirlo. Lo correcto es que puedan transitar, pero no deberían ubicarse en las bahías ni estaciones de Barranquilla. Esperamos que el AMB haga respetar el radio de acción de los taxis”, dijo.

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