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El Heraldo

El miércoles fatídico que vivió Barranquilla, con dos ataques sicariales que dejaron cinco muertos a bala en menos de seis horas, generó preocupación hasta en el propio alcalde Alejandro Char Chaljub, quien hizo un llamado a 'no bajar la guardia' en la lucha diaria contra delincuentes y criminales.

Las preguntas que ayer rondaban a los barranquilleros fueron, entre otras, ¿qué está pasando nuevamente para que se disparen los homicidios? y ¿estamos frente a una nueva espiral de violencia?

Fuentes oficiales afirmaron que los casos de Fedecafé, donde asesinaron a dos vendedores de celulares, y la emboscada de Rebolo, en la que un grupo de sicarios mató a tres reclusos de la Cárcel Modelo que eran transportados a sus casa para que cumplieran detenciones domiciliarias, no guardan ninguna conexión.

Ni obedecieron a un 'ataque sistemático' de alguna banda, red u organización criminal. 'Se juntaron dos casos aislados en un día y eso impacta, sin duda, el sentir de la comunidad', aceptaron.

Fallas legales. Lo que sí es claro es que el triple crimen de Rebolo dejó al descubierto graves fallas institucionales: por un lado, el Inpec sigue cometiendo errores protuberantes, que en este caso fueron aprovechados por asesinos a sueldo para matar a tres reclusos que, inexplicablemente y sin medir el grado de peligro que corrían, iban desprotegidos en un taxi.

La otra falencia de carácter legal, a juicio de penalistas, se relaciona con la facilidad con la que en el actual Sistema penal oral acusatorio están entregando beneficios de detención domiciliaria, aún en contra de lo que establecen las normas.

Esas fallas, a juicio de un grupo de docentes del Departamento de Psicología de la Universidad del Norte que analizaron para EL HERALDO el comportamiento de la criminalidad en el primer trimestre de 2011, contribuyen a que los delincuentes reincidan con mayor facilidad en sus comportamientos ilegales, impactan la relación delito-impunidad y, peligrosamente, generan una 'legitimación' de la violencia.

Desafío institucional. Los académicos sostienen que el incremento de los crímenes, además de encarnar un reto para las instituciones, demuestra, de por sí, un accionar desafiante de los delincuentes, sobre todo si se tiene en cuenta que los homicidios, cada vez más, se cometen en horas del día.

Llaman la atención sobre la necesidad de disponer de más personal para las investigaciones y de contar con equipos tecnológicos idóneos para recaudar las pruebas que permitan imputaciones de cargos sin fisuras contra los responsables de hechos punibles.

Armas, sicarios y empleo. Otros factores directamente relacionados con el aumento de la criminalidad son el uso de armas de fuego ilegales y los parrilleros en moto.

En el primer trimestre, el 85% de los homicidios fueron cometidos con pistolas o revólveres. Además, un alto número de esos crímenes los ejecutaron sicarios motorizados. Es decir, se necesitan mayores controles.

Para los psicólogos, una gran conclusión frente a la agobiante violencia, que periódicamente muestra sus mortales efectos en Barranquilla, es que hay que ofrecer, de manera urgente, mejores oportunidades sociales a un amplio grupo de la población, proporcionándole educación de calidad y empleo formal. Sería el punto de partida ideal para pensar en disminuir la criminalidad.

Amenzas de las 'Bacrim'

Además del aumento de los homicidios, la percepción de inseguridad en el área metropolitana obedece, en determinados casos, a las amenazas extorsivas que, de manera creciente, llegan a empresarios, comerciantes y propietarios de inmuebles.

El más reciente, atribuido por los afectados a la banda criminal ‘Los Rastrojos’, se concentra en el corregimiento de Juan Mina, considerado la futura zona de expansión industrial barranquillera. 'Junto con mi familia tuve que abandonar mi predio por amenazas y, por lo menos, hay otros cinco propietarios que han hecho lo mismo, incluso uno se fue hoy (ayer) del país', dijo, a Atlántico en Noticias, el empresario Óscar Ortiz. La estrategia de esta bacrim estaría encaminada a poseer sitios para almacenar alucinógenos cercanos a la zona costera, con el fin de poder enviar alijos de cocaína y heroína con más facilidad a EU vía Centroamérica.

Por José Granados Fernández