Para Luis Gómez, el macabro hallazgo del torso desmembrado de su hijo, el boxeador profesional Yeiner Andrés Gómez Sandoval, de 28 años, en la vereda Cabica de Soledad, fue un contundente nocaut del que no se ha logrado componer.
Y es que desde su misteriosa desaparición el pasado domingo 10 de mayo tras su gran pelea oficiada en el Cuadrilátero Élite por el título Súper Gallo 8R contra Leider Galvis, la angustia crecía en gran manera en el seno familiar.
Las travesuras de Yeiner
Sentado en una silla de plástico debajo de un árbol, Luis Gómez recuerda con una gran sonrisa –más por nostalgia que por alegría– los ‘sustos’ que Yeiner Andrés le hacía pasar cada día.
Como cualquier otro niño, ‘La Pantera’ aprovechaba los breves descuidos de sus padres y salía desde su vivienda en el barrio Carrizal rumbo a la Cordialidad, hasta un anticuado Cuadrilátero donde se refugiaba de sus problemas mientras departía con los pugilistas y entrenadores, justó ahí nació el amor por el boxeo.
“Desde pequeñito le gustó el boxeo. Cuando se me perdía yo salía a buscarlo y lo encontraba en un cuadrilátero por aquellos lados de la cordialidad, desde Carrizal se iba a practicar siendo un niño”, relató entristecido el progenitor.
Ese mismo deseo por aprender el deporte y su don de persona fue lo que le abrió las puertas del ring.
“Él tenía un don, se dejaba querer, era bien pelado y después poco a poco se fue haciendo profesional”.
Con el tiempo comenzó a perfeccionar su técnica hasta convertirse en boxeador profesional. Pasó por gimnasios del estadio Romelio Martínez, luego entrenó en Magdalena y posteriormente dio el salto al profesionalismo.
Incluso integró la liga de boxeo del Ejército Nacional mientras prestaba servicio como soldado profesional.
“Estuvo con coroneles, tenientes, cabos… viajando por todo el país boxeando”, recordó.
“Eso no era poder, era amor”
Gómez reconoció que su hijo luchaba no solo por poder, sino por amor, porque desde pequeño siempre había sido educado a pelear por esmero por cada sueño o proyecto que se propusiera y el boxeo no era la excepción.
Su disciplina era única. Todos los días se levantaba muy temprano para ir a practicar en un gimnasio que quedaba cerca de su casa. Su carisma era tal que incluso logró convencer al dueño del lugar para agregar un saco de boxeo y demás implementos propios del deporte.
“Era un teso (…) su dedicación lo llevó muy lejos, cuando empezó a entrenar le daba día y noche a un saco de boxeo que habían puesto solo para él. Para cuando el pobre saco ya no podía más, él mismo le avisaba al administrador para que trajera uno nuevo”, contó su padre.
En búsqueda de un mejor futuro, el joven barranquillero logró hacerse con una reputación que lo terminó llevando hasta Norteamérica, mostrando su talento hasta donde México hacía dos años, donde consiguió un gran equipo de entrenadores y sponsors.
“Allá le decían ‘El Rápido’ (…) Me mostraba videos y me decía: ‘Papi, allá me dicen El Rápido’”.
Según el padre, una estructura boxística mexicana quería impulsarlo internacionalmente.
El estilo de ‘La Pantera’
Arriba en el ring, Yeiner Andrés tenía su propio estilo de pelea, diferenciándose de los demás con su agilidad al momento de conectar sus fuertes golpes a cada uno de sus rivales.
“Él quería ser campeón, pero a su estilo ya que quería ser único (…) sus entrenadores le enseñaban a pegar y que no le pegaran, porque el que pega primero siempre tiene más ventaja”, manifestó.
La noche de la pelea
Su familia recuerda con inmensa alegría su última pelea, aquella que luchó con todo su esmero en el Cuadrilátero Élite el pasado sábado 9 de mayo ante Leider Galvis, boxeador que llevaba en ronda 3´ KO’S, mientras que Gómez acumulaba un récord de 5´KO’S en el torneo.
“Estaba ansioso por la pelea, porque una buena victoria le iba a dar el título por el que estaba luchando”, narró una allegada.
Aquel combate duró ocho rounds cargados de sudor y sangre, donde cada golpe aproximaba a cada uno del título.
“Fue una pelea de ocho rounds. Él no podía respirar, estaba reventado, pero seguía para adelante”.
Al finalizar los asaltos, los jueces definieron como ganador a Galvis, quien festejó con gran alegría, mientras que ‘La Pantera’ lloraba por su derrota. Pese al castigo físico recibido, todos alrededor le repetían que seguía siendo un campeón.
“Cuando terminó la pelea, lloró en mis hombros”, expresó.
Aquel momento quedó grabado para siempre en la memoria del padre.
“Todo el mundo le decía: ‘Tú no perdiste, tú eres un campeón’ (…) Le di un besito en la boca y le dije: ‘Papá, tú eres un campeón’”, relató.
La desaparición
Tras la pelea, Yeiner pasó tiempo con familiares y posteriormente se dirigió hacia Villas de San Pablo.
Luis, quien trabaja como mototaxista, contó que al día siguiente decidió buscarlo porque sabía que había quedado muy golpeado física y anímicamente tras el combate.
“Yo pensé que estaba descansando porque quedó reventado de la pelea”, manifestó.
Sin embargo, al llegar a la vivienda donde residía el boxeador, la familia le informó que no había dormido allí.
Comenzó entonces una intensa búsqueda por distintos sectores de Barranquilla y Soledad.
“Llamábamos al teléfono y timbraba, pero no contestaba”, contó.
La angustia terminó convirtiéndose en tragedia cuando la familia conoció, a través de reportes sobre el hallazgo de un torso humano flotando en el río Magdalena, cerca de la vereda Cabica, en Soledad.
“Dijeron que no tenía cabeza ni brazos, solo el tronquito”, relató.
La única forma preliminar de identificar el cadáver fue por los tatuajes, ante la falta del resto de sus extremidades.
“Tenía una pantera y el nombre de Cristian”, explicó el padre.
Una larga espera
En aras de querer darle una pronta cristiana sepultara a los restos del boxeador profesional, la familia denunció que, desde Medicina Legal, aquel deseo podría postergarse hasta al menos tres meses, ya que los funcionaron informaron que el cuerpo solo sería entregado hasta recibir los resultado de la prueba del ADN del pugilista comparado con el de la madre.
“Soy una abuela de 85 años, la muerte de mi primer nieto, a quien adoraba con toda mi alma, ha sido lo más triste que me ha pasado en la vida, yo solo quiero que nos lo entreguen para poder enterrarlo y que sus amigos lo vean”, contó entre lágrima la abuela del boxeador.
Asimismo, el padre insistió en que desconoce qué pudo haber ocurrido con su hijo o quiénes estarían detrás del crimen.
“No sé qué pasó ni quién hizo eso”, afirmó.
No obstante, pidió a las autoridades esclarecer el caso y entregar cuanto antes los restos del boxeador.
“Lo mataron y quisieron que nunca apareciera”, expresó.
Finalmente, hizo un llamado a las autoridades locales y a la prensa para que el caso no quede en el olvido.
“Queremos justicia y queremos tener a mi pelado para darle sepultura”, concluyó.
¿El “no” que le costó la vida?
EL HERALDO conoció por medio de una fuente judicial que, al parecer, el boxeador se habría dedicado tiempo atrás a vender estupefacientes, pero había tomado la decisión de salir de aquel mundo.
No obstante, el grupo criminal Los Pepes presuntamente lo quiso enlistar en sus filas, pero el pugilista no cedió a sus insinuaciones, pensando en su carrera y el futuro de su hija.
Aquel tajante rechazo le habría costado la vida Yeiner Andrés, cuyos restos faltantes aún no han sido ubicados.
Hasta el momento, las autoridades no han entregado mayores datos sobre este hecho, ni se han establecido móviles.
El caso permanece bajo investigación.


