Día del orgullo gay | “No hay mayor desdicha que no ser lo que se es”

En los  50 años de Stonewall, tres costeños contaron sus historias de una lucha por la igualdad que no da tregua. Este viernes dicen sentirse orgullosos. 

Jesús Rico
Miembros de la comunidad Lgbti posan después de izar las banderas del arcoíris en el Malecón. Jesús Rico
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En los  50 años de Stonewall, tres costeños contaron sus historias de una lucha por la igualdad que no da tregua. Este viernes dicen sentirse orgullosos. 

A nosotros nos tocó asomar una pierna del clóset, luego una mano, hasta que estuvimos afuera por completo”, dice Luis Leal, de 52 años, un hombre que se asumió como gay en una época convulsionada por la discriminación y la homofobia.

Nació dos años después de los disturbios de Stonewall. Un movimiento que surgió en Nueva York en el que miembros de esta comunidad exigieron la reivindicación de sus derechos ante las autoridades y el Estado. Aunque en ese entonces, Leal era muy joven para comprenderlo, los efectos de ese cataclismo social los sintió cuando cumplió 12 años y se dio cuenta que no le gustaban las niñas. En esa época, la homosexualidad aún era un delito en Colombia.

Ahí, apenas descubriendo la vida, se enfrentó a las dificultades de ser diferente y de ir en contra del constructo social de lo que es ser un hombre. En esos tiempos, explica Leal, “a muchos le oías decir: prefiero un hijo ladrón que marica”.

“Ser gay hoy es mucho más fácil que ser gay hace 50 años. Hasta hace muy poco el panorama era la exclusión, la cárcel, la violencia, la soledad y la muerte. Sigue siendo difícil, pero hoy en día la gente sale del clóset de un brinco”, agrega Leal, ingeniero de sistemas y miembro de la Mesa Lgbti del Caribe.

#Stonewall50. Este viernes se conmemoran 50 años de Stonewall. Los disturbios ocurridos en 1969 que instaron a la población Lgbti a dejar de esconderse para exigir la plena garantía de sus derechos. Los mismos derechos que tiene cualquier ciudadano.

Según Wilson Castañeda, director de la Corporación Caribe Afirmativo, entidad que cumple 10 años, la revuelta dio inicio al activismo lésbico, gay, bisexual y trans en el mundo.

“A partir de esta agresión, las personas Lgbti comenzaron a movilizarse para exigir sus derechos como ciudadanos. Una serie de protestas dieron inicio a la marcha del Orgullo Lgbti y ciudades como San Francisco, Los Ángeles, París, Madrid, Berlín, y, posteriormente, Buenos Aires, Ciudad de México, Sao Paulo y Bogotá fueron generando procesos en pro de las personas con orientación sexual e identidad de género diversas”, explica.

Castañeda explica que en Colombia el ejercicio de la movilización social Lgbti se dio en 1982 y la primera Marcha del Orgullo en el país contó solo con 32 manifestantes, mientras que fue custodiada por más de 100 policías.

“Este año la capital del país realizará su marcha 37 de forma ininterrumpida (…). En el Caribe colombiano el ejercicio de movilización comenzó en Cartagena en 2009, marcha que alcanza 10 años. En la primera marcha que se realizó en la capital del Atlántico asistieron más de 3.000 personas Lgbti provenientes de Barranquilla y de los municipios de Malambo, Puerto Colombia, Soledad, Palmar de Varela y Baranoa”.

Ser lo que se es. “Aprendí que ser gay es una parte de mí, no es la única”, dice Paul Bolocco, de 33 años, quien a los 18 migró de Barranquilla a Bogotá para “pasar desapercibido” por su condición sexual.

Allí estudió Antropología en la Universidad Nacional, se casó y alcanzó logros laborales y profesionales; sin embargo, construir una vida en el “exilio” de su familia fue el costo de ser lo que decidió ser.

“Al principio mis papás me dieron la espalda y cuando enfrenté mi homosexualidad el tema se volvió prohibido. Tiempo después lo fueron asimilando. Estar cerca de la familia nos da fuerzas y esperanzas ”, cuenta.

Para él, la situación ha cambiado mucho, pues aunque falta un largo trecho por recorrer en materia de derechos, hay cada vez más reconocimiento y aceptación.

Después de haber estado casado por seis años, Bolocco se divorció y regresó a Barranquilla en 2017.

“Todo lo que hoy tenemos ha sido una lucha. En esta fecha debemos recordar que estas batallas las hemos ido ganando. No olvidemos, se trata de hacer memoria y celebrar lo que somos”,  señala.

Orgullosos. “Lo peor en la vida es no ser lo que uno es”.  Esta frase de Héctor Abad identifica a Camila Navarro, una psicóloga de 26 años, doctorante en Psicología, para quien “no hay mayor desdicha que no ser lo que se es”. Para ella, la orientación sexual no define a una persona . No obstante, esto cambia cuando por ese motivo “se es blanco de críticas, rechazo, amenazas, entre otras situaciones negativas”.

“En mi caso personal mi orientación ha guiado diferentes procesos de activismo, de lo que desarrollo tanto laboral como académicamente y me ha unido a personas con historias similares a las mías”.

Navarro no duda al expresar que se siente orgullosa de lo que es, pues no es fácil vivir “en una sociedad que sataniza y hasta criminaliza la expresión de la orientación sexual e identidades de género no normativas”.

“El vivir sintiéndote menospreciada, obligada a esconder tus gustos y tus amores, sintiendo miedo al rechazo social y esperando que alguien te discrimine, es una experiencia desmotivante y desesperanzadora; más aún, sabiendo que eres buena, que vales la pena, que tienes talento y que debes ser valorada. Al final, se llega a un punto en el que logras aceptarte a ti misma tal como eres, comprendes que no hay nada malo en ti y te sientes orgullosa de todo lo que eres”.

Luis Leal, Paul Bolocco y Camila Navarro en diferentes épocas de sus vidas aprendieron a amarse. Para ellos, aunque continúan vivos muchos prejuicios y estereotipos, hoy son libres de ser lo que quieran ser, porque como dice un viejo adagio, “ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”.

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