Atrapada en las entrañas de esa danza guerrera protagonizada por un grupo de danzantes que se manifiestan a través de los gestos exagerados de su rostro y boca, quedó la galesa Shonny Farr, quien fue escogida como una de sus reinas, la internacional.
La joven de 22 años ahora grita con entusiasmo: 'soy costeña, soy Son de Negro', algo que jamás pudiera haberse imaginado hace ocho meses atrás cuando llegó a Barranquilla para hacer una pasantía en el Zoológico, obligatoria para terminar su maestría Biología y conservación en la Universidad Metropolitana de Manchester, en Reino Unido.
El sonido del tambor y los cantos que relatan la cotidianidad de las comunidades de los antiguos palenques asentados en la orilla del Canal del Dique, cautivaron a Shonny, nacida en Gales, una ciudad montañosa, de costumbres muy diferentes a las nuestras y a unos 9 mil kilómetros de distancia del Caribe.
'Aquí es muy diferente, me gusta todo lo que no encuentro allá', afirma en el poco español que ha aprendido durante su estadía en esta capital.
Se refiere a todo, al clima, la gente, la música, la cultura, la comida y sobre todo el carnaval de Barranquilla.
'Allá todo es muy frío, se oye mucha música electrónica y las personas no son tan conversadoras', explica mientras está pendiente del sus aretes que hacen parte del disfraz que lució en la Batalla de Flores y la Gran Parada.
Algo que le sorprende a la bióloga inglesa, es que desde que sale de su hogar en esta ciudad, ubicado en el norte, todos la saludan, desde el portero, la vecina, el de la tienda y el taxista. 'Siempre me dan los buenos días, las buenas tardes, es algo a lo que no estaba acostumbrada', dice.
Desde que llegó quería aprender a bailar
Esto inició porque desde que llegó a Barranquilla Shonny quería aprender a bailar, ya que 'había oído hablar de la cultura colombiana y me la imaginaba'.
Se encontró con Cley Stivin Olivo Andrade, quien comenzó a darle clases de diferentes ritmos y fue quien la motivó para que hiciera parte de Son de Negro de Santa Lucía, la comparsa dirigida por Rafael Olivo.
'Creo que fue por mi interés y entusiasmo, que me nombraron su reina internacional', indicó.
Al principio dice que le costó un poco aprenderse los pasos, pero siente que el sabor Caribe se le fue metiendo por las venas inglesas y ahora ama, no solo el repique de tambores, sino la champeta, la salsa y otros ritmos del Caribe como la bachata.
'Un día fui al estadio a ver al Junior, bailé champeta y me aplaudieron', recuerda con evidente satisfacción.
Esa misma que sintió durante el recorrido de la Batalla de Flores el sábado de carnaval.
'Fue súper, súper bien!', fue su expresión cuando le preguntamos por esta experiencia. 'Ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, me encantó cada minuto, bailé toda la tarde y el público me animaba', añadió.
Ha sido tanto el encanto que tiene Shonny por Barranquilla, el carnaval y su música, que dice 'podría quedarme viviendo aquí el resto de mi vida'.
Y es que también le gusta la sazón costeña y ya declaró que son los fritos, su nueva comida favorita. La empanada, la caribañola y la arepa de huevo, hacen parte ahora de su dieta.
Quiere traer a su familia
Shonny tiene el firme deseo de seguir en Barranquilla y como un plan inmediato, traer a su familia, sus padres y hermanos, para que también vivan lo que ella está sintiendo durante su estadía acá.
'Ellos están felices y como siempre he sido independiente y viajo mucho, están acostumbrados', dice la bióloga.
Agrega que, ni ella, ni ellos, tuvieron ninguna prevención al momento de venir a Colombia. 'Mi profesor me designó este lugar para mi pasantía y fue lo mejor que me ha pasado', anotó.
Incluso en esta tierra lejana a la suya, también encontró el amor. Su novio es ese profesor de danza quien le enseñó sus primeros pasos de bailes caribeños, lo que complementa la felicidad de estar en Barranquilla.
Por ahora Shonny espera perfeccionar su español, terminar su pasantía para graduarse de la maestría en Manchester y regresar a Colombia para seguir conociendo 'este maravilloso país que me ha llenado de alegría'. Pero ante todo quiere seguir bailando en Son de Negro.
Son de Negro, la danza guerrera
Según ha explicado en diferentes publicaciones, el docente e investigador Manuel Antonio Pérez, fundador y director de la Corporación Cultural Son de Negro del municipio de Santa Lucía, esta 'es una danza de carácter guerrero-callejera que se compone de varias cuadrillas de ‘negros’ danzantes que ritualizan y recrean los espacios de convivencia de las antiguas tribus guerreras del Congo, originario de África.
De allí su denominación de Son de Negro Congolés. Esta manifestación recoge los orígenes de una cultura ancestral gestada en los antiguos cabildos negros cartageneros que más tarde se constituyeron en palenques (lugares de comunidades negras) asentados desde tiempos remotos en la depresión del Canal del Dique en el Bajo Magdalena'.
Agrega que es el resultado de los múltiples palenques que se posicionaron en la zona del Canal del Dique y el Bajo Magdalena a principios del siglo XVIII, y entre los cuales se destacan: El Limón, Sanaguare, San Benito de las Palomas, Matudere, Santa Cruz y otros.
'La Danza hace honor al sello característico del hombre negro (palenquero-negro cimarrón) presente en la Zona del Canal del Dique, particularidad que se hace visible en los accesorios y atuendos que utilizan los danzantes', explica el docente.





















