Hay gente en esta vida que dice que no podemos ver en publicaciones extranjeras de prestigio un artículo sobre Muhammad Alí. Ex Casius Clay, que de inmediato este articulista no coja una cuartilla para responder. Y para demoler a todo aquel que diga que Alí es el mejor púgil de todos los tiempos.

¿Por qué? Porque no es cierto, así esa controversia sea hija del Gallo Capon o de Mileto, el de la antigua Grecia, que en nada creía. Es algo que no tiene fin. Nuestro hijo Aníbal De Castro nos manda de EUla revista Historia y Vida, que no divulga sino artículos históricos del mayor rigor investigativo, y en su No. 508 aparece un artículo sobre Alí. ¡Ah, Chucho! Santo, ¿quieres misa? nos hemos preguntado a sí mismo, pero no por lo que el vulgo cree, sino porque tiene la misión de escribir 5 crónicas semanales y en este solo periódico lo viene haciendo desde hace 36 años consecutivos, bendice mentalmente a todo aquel que le ofrezca tema para él escribir. Para alabarlo o refutarlo, pero el tipo nos da trabajo, que es lo que más nos interesa.

Bien, gallo, a picotear. Ni por el número de victorias, ni por el récord que dejó. Alí es lo mejor de lo mejor. Por citar algo que muchos conocen, Rocky Marciano tiene récord que deja regado el suyo: 49 peleas, 43 noqueados y jamás perdió una. Hasta el propio Larry Holmes, que primero fue su sparring y más adelante el único contendor que lo noqueó, tiene mejores números que él.

El periodista J. Bertran dice que Alí era tan grande que pronosticaba el asalto en el que noquearía a sus oponentes. Si, lo hizo o lo hacía hasta cuando su pronostico –diga usted 8 ó 10 ó 12, que no fueron mas– se vino al suelo, Alí terminó con eso. Quien si lo hizo y por muchos años fue Sam Langford, un negro a quien la historia no ha querido hacerle justicia. Jack Johnson peleó 10 asaltos con él y juró que más nunca lo volvería a enfrentar. Y cuando le preguntaban por qué tanta evasiva, respondía: “Es que Sam no es humano”. ¡Et pa plu!

Bertran habla de la personalidad diz que única de Alí para haber enfrentado a tantos convencionalismos sociales y deportivos, pero Johnson no solo lo anticipó, sino que no ha tenido par. Había que ver lo que él hizo, desafiando una época de Ku Klux Kland, la banda sin corazón y sin escrúpulos que linchaba negros a placer. Johnson tuvo 5 mujeres, todas blancas, que había que ver lo que era aquello en aquella época. Se separaba de una y cogía otra y que patearan los que querían; no patearlo, sino hacerlo trizas.

Volviendo a Langford, quien comenzó como peso ligero y terminó peso completo, tenía apenas 5.7 de estatura y lo enfrentaron a uno que tenía 6,3. Por supuesto, a duras penas le llegaba a los hombros. Y ese fue el autor de su ceguera. En un clinch su contendor le descargó un rabbit punch o golpe de conejo en la nuca. Langford contaba se le disipó la vista. En el camerino le volvió pero luego la fue perdiendo paulatinamente hasta quedar ciego. Y así peleaba. Y cuando un periodista le preguntó cómo hacía para localizarlo en el ring, respondió: “Es que todos esos muchachos huelen mal. Y yo me sigo por el olorcito”.

Palestra deportiva, por Chelo De Castro C.

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