Compartir:

En una habitación blanca, donde el tiempo parece moverse más lento y el ruido de los pasillos se vuelve cotidiano, Góber Briasco habla con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con la incertidumbre. Exjugador del Junior —campeón en 1993 y 1995–, curtido en mil batallas dentro y fuera de la cancha, hoy enfrenta la más compleja de todas: una cirugía a corazón abierto. Y, sin embargo, su tono no es de temor, sino de una calma que sorprende.

Todo comenzó como empiezan muchas cosas en la vida: sin aviso. “Yo estaba el miércoles antepasado en mi casa haciendo mis ejercicios, como lo hago normalmente por la mañana… y sucedió que haciendo un movimiento sentí un malestar en la espalda y en el pecho”, recuerda Briasco en diálogo con EL HERALDO. Lo que parecía una molestia pasajera se convirtió en un dolor que no cedía y que lo obligó a pedir ayuda, primero en casa, luego en la urgencia de un hospital. “Yo le decía a mi esposa que llamara a mi hermano y me compraran dos Asawin. Me puse las pastillas debajo de la lengua y el dolor no calmó. Ahí si le dije a mi mujer: vámonos para el hospital”.

Una alerta del cielo

Briasco ingresó primero a la clínica La Divina Misericordia, de Magangué. Allá se desmaya, lo reaniman, lo estabilizan y piden su traslado a Barranquilla, donde hoy se encuentra recuperándose en la Clínica La Misericordia Internacional, cerca de la Vía 40. El exlateral, que jugó 247 partidos en ocho temporadas en Junior, asegura que lo que le ocurrió fue un aviso divino.

“Yo digo que fue una alerta que Dios me envió… yo me creía que estaba sano… y cuando me hacen el cateterismo el médico me dice que tengo tres arterias dañadas”. La frase se queda suspendida en el aire, como si todavía le sorprendiera escucharla en voz alta. Dos de esas arterias, dice, “no me estaban funcionando, no me enviaban sangre al corazón”.

A sus 59 años, la vida le puso enfrente un espejo inesperado. Pero lejos de quebrarlo, lo asumió como un punto de partida. “Dios es grande y me envió eso… ahora me van a hacer la cirugía y yo sé que con la ayuda de Dios… vamos a salir bien de todo”.

El procedimiento ya tiene fecha y ruta marcada: “Este lunes me ponen el catéter y el martes en la mañana me hacen la cirugía… Al mediodía ya debo estar saliendo de la operación con la alegría de que todo ha salido bien”.

Briasco fue dos veces campeón con Junior y jugó 247 partidos.

Ha sentido el apoyo

Habla de ese momento como si narrara un partido más, con la convicción de ese lateral que luchó contra todos para afianzarse en esa banda derecha de Junior pese a las críticas. No hay dramatismo, hay fe. Y hay familia. “Vivo sabroso. Estoy aquí al lado de mi esposa, de mis hijos… estoy muy feliz”, dice, como si la palabra felicidad no desentonara en medio del contexto clínico. Porque para él, lo que ocurre alrededor pesa más que el diagnóstico: “¿Qué me puedo quejar de la vida? Si tengo grandes amistades, mi familia que me quiere… estoy feliz”.

“El pueblo —Magangué— está revolucionado preguntando por mi salud… y eso es lo más lindo”, cuenta con un dejo de orgullo. En ese mapa afectivo también aparecen viejos compañeros de vestuario, nombres que alguna vez compartieron camerino y hoy comparten preocupación. “No me puedo quejar… algo bueno tuve que hacer en la vida para que todas estas personas estén pendientes de mí. Han estado pendientes de mí Yosvida Fuentes, mi compadre en el Sporting, Alex De Alba, Víctor Danilo Pacheco, Alexis Mendoza, el profe Julio Comesaña, ‘el Nene’ Mackenzie, ‘el Pibe’, Lucho Grau, ‘el Fantástico’ Ballesteros, William Fiorillo, ‘Cheché’ Hernández, que es mi hermano, y todos mis amigos en Juventud Magangué. La verdad que no me puedo quejar de mis amistades y de mi familia, todos han estado muy pendientes”, cuenta.

Nacido en La Guajira y criado desde niño en Magangué, su identidad se reparte entre raíces y caminos. “Yo nací en Las Flores, La Guajira… y desde los 10 años llegué a Magangué… por eso digo que soy de Magangué”, explica. “No veo la hora de recuperarme pronto y volver a mi pueblo a comerme un bocachico… pero ya toca en sopita, porque frito, como me gusta a mí, ya no se puede”, dice entre risas.

El fútbol, claro, sigue ahí, latiendo en cada respuesta. Después del retiro en 1997, nunca se fue del todo. Se formó, estudió, dirigió, aprendió. “Tengo la licencia A de la Federación Colombiana de Fútbol… he dirigido en todas las categorías en la Liga, todavía sigo jugando. El fútbol es mi vida y me enorgullece seguir disfrutándolo tanto en la cancha como ya en la parte formativa”.

Opinión del Junior actual

Incluso ahora, a horas de entrar al quirófano, no pierde de vista la actualidad del equipo de sus amores, el Junior. “Acá en la clínica me vi el partido del jueves, el que perdimos 2-0 ante el Medellín. A mí esta vaina me dio después del 4-0 con Nacional, yo creo que esa fue la rabia que me provocó esta vaina (risas)”, manifiesta.

Sobre los laterales actuales de Junior, suelta una reflexión que mezcla conocimiento y preocupación: “Para mí Jhomier es muy bueno, ahí Junior tiene lateral para rato, ataca muy bien, tiene personalidad, con el balón en los pies es exquisito, pero necesita aprender a marcar, en eso tiene que trabajar y en Junior deben ayudarlo. Ojalá él se deje llevar, porque tiene futuro”.

Pese al duro momento que está pasando, Briasco se muestra optimista y con ganas de seguir luchando, como él mismo fútbol le enseñó. “Yo toda la vida he sido un guerrero y en esta batalla voy para adelante otra vez”, afirma con una seguridad que no admite dudas. Y remata, como quien cierra una historia que aún no termina de escribirse: “Sé que voy a triunfar porque Dios todavía me necesita”.