Gustavo Petro y Donald Trump se vistieron de cortos, se pusieron los guantes y subieron al ring. Se mostraron los dientes, se fruncieron las frentes y se escupieron una que otra lanza. Sin embargo, cuando el mundo, al menos el criollo, ‘ardía’ por la inédita guerra entre dos países históricamente aliados, tanto el líder de izquierda, el del “pueblo”, el de las minorías, como el magnate de derecha, el blanco, el proteccionista, decidieron bajar las manos.
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Pudo ser peor. La molestia de Petro (por las condiciones en que regresaban los deportados connacionales) contra su homólogo norteamericano estuvo a punto de desatar una crisis exterior que, en este caso, afectaría –sobretodo– al mercado comercial colombiano, que depende enormemente de su matrimonio con Washington.
Las asperezas, aparentemente limadas gracias a una gestión diplomática encabezada por el excanciller Luis Gilberto Murillo, desactivó la ‘granada’ y ocasionó, en teoría, en lo oficial, que volviera la calma a las partes.
No obstante, ni Petro ni Trump son tipos de aguas tranquilas ni de mordazas. Debido a lo anterior, en los últimos días, sin mencionarse directamente, se han mandado razones, manteniendo una tensión en la relación bilateral que, de acuerdo con expertos, líderes políticos y ciudadanos colombianos en Estados Unidos consultados por EL HERALDO, sigue dejando en desventaja al país.
“Cuando usted incita o invita una amenaza en materia arancelaria como lo hizo el gobierno colombiano, tiene que estar listo y preparado a resistir y a pagar, aunque sea un poco, los costos de esa resistencia. Si no lo hace, si cede inmediatamente, tiene que hacerse a la idea de que la amenaza se va a convertir en un arma permanente en contra suya y que Trump la va a usar cada vez que necesite que su comportamiento cambie”, dijo a EL HERALDO Sandra Borda, investigadora del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la universidad de los Andes.
“Superada la crisis, es preciso señalar que de esto no salimos ni bien librados ni sin consecuencias: en un momento en que la región necesita acción conjunta para interactuar con un Washington difícil, Petro desperdició un activo importante y además dejó en claro que el suyo es un gobierno sin estrategia clara para enfrentar este nuevo escenario. Todo lo que hay son tuits vociferantes, pero un camino diseñado para ponernos a interactuar con algo de márgenes de autonomía no hay. El gran problema es que por andar dándoselas de bravo, el emperador se quedó sin ropa y delante de todo el mundo”, agregó la experta en política exterior.
Se necesita el dinero
Petro tiene, en parte, razón. Estados Unidos, uno de los países más poderosos del mundo, no debería vulnerar los derechos de miles de extranjeros que, en su afán de buscar un mejor porvenir de sus vidas, migran al país norteamericano, radicándose generalmente con el sustento que les produce los trabajos de mano de obra. Sin embargo, la queja, lejos de la calentura de las redes, tenía que ser transmitida por canales diplomáticos. Ahí picó la lengua de Trump, que fiel a su campaña ha amenazado con políticas restrictivas y proteccionistas, lo que generó que usará a Colombia como carne de cañón a símbolo de ejemplo para otros países que no reciben con agrado sus iniciativas.
En este sentido, y ya sentado el precedente, algunos analistas e internacionalistas concuerdan en que el Gobierno colombiano debería velar por evitar nuevamente las fricciones con la Casa Blanca, argumentando que muchas de las áreas estatales necesitan de las inyecciones de EE. UU.
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“Reducir esta asistencia debilitaría la seguridad, afectaría el crecimiento y frenaría el apoyo a comunidades vulnerables. Colombia debe actuar con rapidez, demostrando resultados tangibles y alineando prioridades estratégicas con Estados Unidos para garantizar la continuidad de este respaldo crucial”, reconoció la presidenta de la Cámara Colombo Americana (AmCham Colombia), María Claudia Lacouture, quien pidió al Gobierno colombiano una “estrategia integral” para defender la cooperación bilateral con Estados Unidos y evitar recortes de la ayuda exterior de Washington.
El presidente estadounidense firmó el pasado viernes una orden ejecutiva que dicta la congelación de los fondos para los programas de ayudas en el exterior durante 90 días, medida que pone en riesgo programas que dependen de los millones de dólares que otorgan el Departamento de Estado y la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID).
En el caso de Colombia, la ayuda aprobada en 2024 por el Congreso estadounidense fue de aproximadamente 401 millones de dólares, un 10 % menos que los 456 millones de dólares asignados en 2023, recordó la directiva de Amcham.
De ese total, 206 millones de dólares fueron asignados a programas de desarrollo, derechos humanos y fortalecimiento de la justicia; 134 millones de dólares a la lucha contra el narcotráfico y 37 millones de dólares al financiamiento de las Fuerzas Armadas, entre otros sectores.
Debido a lo anterior, Colombia sufrirá el tijeretazo temporal de los rubros que iban destinado al manteamiento de helicópteros Black Hawk de la Policía Antinarcóticos.
“Mi verdadera preocupación está en la pérdida de credibilidad del gobierno colombiano, sobre todo frente a inversionistas internacionales. Sabemos que la inversión internacional en el país ha decaído significativamente debido a la política energética del actual gobierno, lo que deja pocos inversionistas interesados”, aseguró el internacionalista Jesús Agreda Rudenko.
Estigmatización
A pesar de que el temblor político fue superado y Estados Unidos reactivó sus servicios consulares en Colombia, EL HERALDO conoció el testimonio de varios migrantes colombianos radicados en el país norteamericano que han denunciado hechos estigmatizantes por parte de autoridades fronterizas.
Además, han revelado los temores con los que han vivido esta semana los connacionales que viven en suelo estadounidense en condición de irregularidad.
“Es bastante frustrante lo que está sucediendo. Desde la llegada de Donald Trump se escucha mucho que a los colombianos, a los mexicanos y a los venezolanos se les estigmatiza mucho más al ingreso al país. La mayoría vienen por turismo y ahora están sacándolos a otro supuesto control. Eso es normal en cualquier aeropuerto del mundo, pero se están enfocando mucho más en los latinos. Con el europeo no pasa eso y pues la gente siente miedo, le da rabia, se frustra de esos tratos cuando no tienen ninguna mala intención”, aseguró Daniela Sánchez*, una colombiana que hace más de 20 años se convirtió en ciudadana norteamericana.
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Por su parte, Belkys Rendón* aseguró que “muy seguramente” algunos productos en Estados Unidos “subirán de precio” por la falta de mano de obra migrante en algunos sectores.
“No es un secreto que la mayoría de indocumentados trabajan en los sectores de construcción o en tiendas grandes del país, pero ahora ya uno ha empezado a ver que por temor a que el ICE (Immigration and Customs Enforcement) los capture, han dejado de ir asistir a sus trabajos. Ellos sostienen el país en este sentido, lo que el estadounidense no quiere hacer. Eso va a complicar las cosas”, denunció.
Según ICE, el pasado 25 de enero se saldó con 286 arrestos y 421 órdenes de detención sobre ciudadanos sospechosos de ser indocumentados; el 24 se ejecutaron 593 arrestos y se cursaron 449 órdenes, y el 23 se totalizaron 538 arrestos y se tramitaron otras 373 órdenes de detención.
Por su parte, la Coalición de Colorado por los Derechos de los Inmigrantes (CIRC), hizo un llamado “a los líderes locales, funcionarios electos y todos los habitantes de Colorado para que rechacen estas medidas dañinas y los intentos de vilipendiar y criminalizar a nuestra comunidad inmigrante”.
En ese mismo contexto, varias organizaciones proinmigrantes convocaron a una movilización de protesta el próximo miércoles 5 de febrero desde el mediodía en el centro de Denver.
“Aquí en Colorado seguimos comprometidos a ser un cortafuegos contra las políticas xenófobas y extralimitaciones federales. Nuestro estado ha tomado medidas importantes para garantizar que las familias permanezcan juntas, independientemente de su estatus migratorio, y que cada individuo sea tratado con dignidad y respeto”, enfatiza el comunicado de CIRC.
Según el Buró del Censo, el condado de Douglas cuenta con 392.000 residentes, incluyendo casi 40.000 latinos. Del total de habitantes, poco menos del 8 % (unos 30.000) son extranjeros, con un número estimado de 13.000 “no ciudadanos” (estudiantes internacionales, trabajadores con visas temporales e indocumentados).





















