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Esto que les escribo es una observación que he realizado a raíz del proceso electoral que ha venido desarrollándose en Colombia durante los últimos 9 meses.

En 1957 yo era un niño que hacía tercero de primaria en el colegio Alemán, (Deutsche Schule), de Barranquilla.

Recuerdo esa mañana del 10 de mayo que llegamos al Colegio en el bus Numero 4, la Llaga era el 3, y vimos al colegio ocupado por la Policía Militar.

Después de bajarnos al patio y de unos minutos de confusión apareció el director del Colegio, Herr Koenig, nos dirigió unas palabras, nos volvieron a montar en los buses y nos devolvieron a casa.

Acababa de ser depuesto el presidente de la República, el general Gustavo Rojas Pinilla.

Los meses que siguieron fueron de una disminución de la tensión política imperante en la época, recuerdo que el diario El Tiempo había sido cerrado y aparecía matinalmente como El Intermedio. Igual pasó con El Espectador.

Gobernaba la Junta Militar y se preparaba un gran Plebiscito para aprobar el voto femenino y la alternancia de Liberales y Conservadores en el Frente Nacional, después del Acuerdo de Benidorm entre Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo.

Nunca, en los últimos 70 años había visto un fervor político ni un entusiasmo por votar en Colombia, como el que vi en mi infancia para el Plebiscito.

Esa apreciación ha cambiado en los últimos 2 meses.

El fenómeno que ha cambiado la impresión que yo tenía es un fenómeno electoral generado por el candidato Abelardo De La Espriella ‘El Tigre’.

El fervor popular por ‘El Tigre’, en mi opinión estrictamente personal, es aún más fuerte que el que generó el Plebiscito en 1957.

Si el Plebiscito alcanzó una participación del 90% y el Sí fue el 80%, ‘El Tigre’ arrasará y será electo en primera vuelta y la participación en las urnas será masiva.

Carlos Hernandez Cassis, MD.