El Heraldo
En la carrera 21 con calle 40B, Merkapunto La Sinuana, mujeres y hombres aún se reúnen a beber cervezas. Josefina Villarreal y John Robledo
Barranquilla

La ‘fría’ de tienda se resiste al Código

Pese a que las restricciones ya entraron en vigor, aún hay negocios que permiten el consumo en sus terrazas. Los dueños de negocios piden “replantear” la disposición.

El nuevo Código de Policía ya está en vigor. Su contenido establece restricciones en el consumo de bebidas alcohólicas en lugares públicos en el perímetro circundante. Pese a esto, la ‘fría’ de tienda se resiste a la medida. Dos equipos periodísticos de EL HERALDO realizaron recorridos diurnos y nocturnos para verificar el cumplimiento de la normativa. 

En el desarrollo del ejercicio, se hallaron varias tiendas que acataban la disposición. Sin embargo, en otras el panorama era distinto, pues había grupos de personas que seguían departiendo, cerveza en mano.

Sábado en la noche

En la carrera 30 con calle 50, barrio San Isidro, está la tienda La Pequeña, una esquina que se caracterizaba por albergar a mucha gente en la noche. Al llegar, nadie se encontraba allí como normalmente sucedía un sábado a las 9:00 p. m. Su administrador, Luis Mejía, manifestó sentirse afectado por la medida, señalando que sus ventas han caído.

“La verdad me preocupa. Normalmente las personas llegaban a tomarse sus cervecitas, porque no querían llevárselas para la casa, sino compartir aquí y como ya no se puede, las ventas han disminuido”, contó. De hecho, ahora compra la mitad.

Además, opinó que la medida le resta seguridad al sector. “Las calles están solitarias y uno queda expuesto a la delincuencia. Todos los sábados había gente que lo acompañaba a uno, pero con esta situación ya no vienen”.

En la tienda y estadero La Terraza de la 26, ubicada en el mismo barrio, grupos de hombres jugaban dominó y se refrescaban con cervezas.

Merlys Ospina y Jairo Flórez, quienes hace tres años administran el negocio, dicen que  hay detalles que no logran entender de la medida, pues no han revisado a profundidad el Código. “La Policía vino y nos dijo que podíamos vender estas bebidas y tener a las personas consumiéndolas en la terraza, pero no abajo, aunque a veces nos confundimos”, contó Ospina.

Por otro lado, Flórez señaló que ya les impusieron el primer comparendo pedagógico, el pasado sábado. “Cuando llegaron (los policías) se dieron cuenta que una pareja estaba con un cerveza y se me acercaron a decirme que ellos estaban fuera del perímetro. Me dijeron que ellos eran autónomos de hacer comparendos, dándonos a entender que si lo hacían es porque nosotros nos habíamos puesto pesados”, agregó.

Indicó que si la situación sigue de tal manera, se verá en la obligación de devolver el negocio al propietario, pues aseguró que las ganancias no le alcanzan para costear el valor del arriendo.

Un cliente, Miguel Polo, expresó que él y sus amigos están “afectados” debido a que frecuentemente departían en el lugar y la medida les está restringiendo el plan.

“Esta esquina es muy tradicional y como todo no es trabajo, llegamos a tomarnos una frías aquí. Aquí solo llegan vecinos que trabajan y no se reúnen delincuentes”, aseguró.

En la tienda Boulevard de la 8, situada en la calle 38B con carrera 8, el propietario Gerardo Arciniegas manifestó que está cumpliendo la norma para evitar “inconvenientes” con las autoridades. “Se han presentado clientes pidiéndome cervezas, pero me ha tocado decirles que no. No he sacado ni las sillas y mesas, tampoco he puesto la música”. También mencionó que sus ingresos han disminuido, pues para él las ganancias mayores las obtenía de la venta de cervezas.

Adicionalmente, pidió a las autoridades que “se levante la medida y que la Cervecería haga algo, porque así quedarán todos en cero”.

En el barrio San José, en la carrera 21 con calle 40B, está Merkapunto La Sinuana, tienda conocida por ser un lugar de encuentro. El sábado en la noche, en su terraza había gran cantidad de personas que ingerían alcohol. Al ser interrogados sobre la situación, los administradores se negaron a dar declaraciones. 

En la terraza de ese lugar, el comerciante Róbinson Miranda manifestó su inconformidad. “Dentro de la idiosincrasia de Barranquilla está que el pueblo se encuentre con amigos y familiares en la tienda, para sentarse en el andén y disfrutar de unas cervezas. Con el nuevo Código se quiere acabar con esto. Ahora, en víspera de Carnaval, veo complicado que se cumpla la medida”.

Tarde de domingo

Luis Alberto Carreño es uno de los tenderos que ha acatado lo establecido en el nuevo Código de Policía, que establece restricciones al consumo de alcohol en espacios públicos. Aunque ha decidido cumplir a cabalidad la disposición, considera que se trata de una norma perjudicial para los negocios, teniendo en cuenta que reduciría los ingresos que genera la venta de bebidas, como la cerveza.

“De vender verduras no vamos a sobrevivir”, vaticina con notable preocupación el oriundo de El Socorro, Santander, quien hace 38 años decidió mudarse a Barranquilla en busca de un mejor futuro. Hace apenas dos semanas compró el que ahora es su negocio, la tienda La Frontera, ubicada en una esquina de la calle 53D con carrera 21. 

No transcurren dos minutos antes que Carreño reconoce que la venta y consumo de licor en los establecimientos representaba “una ayuda” para sus dueños. “Ahora, si alguien quiere tomarse una cerveza, no puedo dejar que lo haga aquí. No vamos a tener cómo sostenernos, por eso esperamos que esa ley sea replanteada”, dice mientras frunce el entrecejo.    

En todo caso, manifiesta que la confusión persiste en torno al documento que empezó a regir el pasado 30 de enero. “Hay quienes piensan que la venta de la bebida está prohibida en las tiendas y han decidido devolver la mercancía” a la compañía cervecera, apunta el santandereano.

Una posición semejante es la expresada por Benito Díaz, propietario del Mercadito Galán, situado en la carrera 16 con calle 45G. La venta de cervezas –dice- representaba una “ganancia” para su comercio. “No podemos pedir más cervezas porque perdemos ese dinero; lo que uno percibía en dinero ha empezado a caer”, agrega. 

La desolación que reflejaba ayer la terraza de su establecimiento contrasta con la de un domingo antes de la entrada en vigor del nuevo Código. “Hasta hace unas semanas, ese sitio era pura alegría los fines de semana”, relata mientras apunta con su índice derecho el espacio donde acomodaban mesas y sillas para su clientela.

En el otro extremo está la opinión de Jairo Sarmiento, arrendatario de la tienda La Rebaja, en el barrio Cevillar. Considera que las restricciones contempladas en la nueva normativa son “acertadas”, pues cree que los víveres “se deben vender” en un espacio diferente al de los licores. “Prefiero vender las cervezas para llevar, no me gusta tener borrachos en la tienda”, añade.

Grupo de personas departiendo en una tienda.

Panorama opuesto 

Así como en varias tiendas se está cumpliendo la medida, en otros establecimientos sigue siendo ignorada. Un equipo periodístico de EL HERALDO realizó un recorrido ayer en la tarde por diferentes sectores de la capital atlanticense y constató que en algunas se sigue comercializando y permitiendo el consumo de la bebida alcohólica en el mismo sitio.

La escena de grupos de personas acomodados en sillas plásticas amenizando las conversaciones con unas ‘frías’ fue captada en las siguientes direcciones: carrera 45 con calle 79, carrera 44 con calle 75, calle 54 con carrera 31, carrera 16 con calle 50, carrera 16 con calle 47B y calle 60 con carrera 18.

El dueño –quien pidió reserva de su identidad- de una tienda en la que se contraviene la norma asegura que no se siente “orgulloso” de hacerlo, pero “nos toca llegar a estos extremos porque la rentabilidad del negocio no es la misma si no se venden cervezas”, sobre todo, durante los fines de semana.

¿Afectación cultural?

Jair Vega, sociólogo e investigador de la Universidad del Norte, señala que sentarse en la tienda del barrio con amigos o vecinos a beber cerveza corresponde a una “instancia cultural” adoptada por un sector de la ciudadanía. Al respecto, aclara que el tema no pude abordarse como algo estrictamente regional, anotando que se trata de una situación que ocurre en diferentes rincones del país.

“La tienda se convierte  en un centro de encuentro, de intercambio. El hecho de que la gente vea a alguien tomando cerveza, no es algo grotesco porque se ve en distintos espacios de la vida cotidiana. No es algo para horrorizarse”, agrega.

El académico opina que, si bien algunos factores condicionan la convivencia, estos no están necesariamente ligados al consumo de bebidas alcohólicas en locales comerciales. “No creo que la gente se haga daño –dice el académico- por tomarse una fría en el bordillo; la gente se ataca por una cultura violenta que tramita el conflicto de una manera inadecuada, en la que la agresión se ha convertido en una forma de respuesta”.

De igual forma, Vega comenta que las tiendas son espacios usados por las personas para “hacer catarsis” sobre asuntos que les interesan y afectan, como política, seguridad y calidad de servicios públicos. Advierte que si los espacios de encuentros interpersonales donde la gente se encuentra para dialogar y construir lazos sociales se siguen “cercenando”, eso puede inducir a “una sociedad más segmentada, individualizada y manipulable”.

Por su parte, el también sociólogo Edgar Rey Sinning asegura que este tipo de medidas ponen en evidencia un “Estado fallido” que no cumple satisfactoriamente la misión de “formar ciudadanos”.

“No se pueden cercenar derechos al ciudadano que decide tomarse una cerveza en el espacio público. No me parece adecuado intentar alterar la idiosincrasia de los costeños de compartir una cerveza mientras juega dominó en una tienda. Son medidas que están por fuera de la identidad sociocultural de la gente”, anota Rey Sinning.

Por último, el académico considera que antes de sancionar una legislación de este tipo “deberían pensar en los intereses de los ciudadanos”. Lo cierto es que algunas personas prefieren hacer una pausa en la vida para refrescarse con una cerveza, pero –según Rey- “se les está negando la posibilidad de mantener una tradición”.

Contemplan medidas

El secretario de Gobierno del Distrito, Clemente Fajardo, aclara que se trata de una ley de la República y no una regulación expedida por la Alcaldía de Barranquilla.

“El código lo que restringe es el consumo de bebidas en las tiendas, ellos pueden seguir vendiéndolas, pero no para que sean consumidas ahí, porque no es el objeto de su negocio”, explica Fajardo, enfatizando que los dueños deben tener claro que el negocio es una tienda y no una discoteca, ni bar.

El funcionario explicó que la Administración distrital está trabajando en la implementación de unas “normas especiales” para regular aspectos que “son propios de la idiosincrasia o la cultura de la ciudad”, algo que permite el Código de Policía.

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