El Heraldo
Cristóbal Márquez prepara las máquinas para amenizar una de las fiestas aprobadas por la Administración Distrital para los días de Carnaval. Jesús Rico
Barranquilla

Bailes populares una tradición que cambia por la seguridad y las normas

Organizadores luchan por mantener viva la tradición pero cada vez son más los requisitos que les exigen para poder llevarlos a cabo.

Los bailes populares de Carnaval están sufriendo una transformación. Algunos creen que la tradición se está perdiendo por el tema de seguridad y otros sostienen que los requisitos que se exigen para su aprobación sumado al Código de Policía han obligado a hacer unos ajustes para no desaparecer.

No se sabe con exactitud desde cuándo se organizan los bailes populares de Carnaval, pero lo que si es cierto es que década tras década son un punto de encuentro para que propios y visitantes disfruten en la calle de la fiesta de los curramberos animados por el retumbe de los picó, que programan la música propia de la época.

En los años 80 y 90 cada barrio tenía su propio baile de Carnaval, incluso más de uno. Hoy de esos bailes tradicionales sobreviven solo unos pocos, dentro de esos A pleno sol, Lunes de Maizena, El tenderete, Saca la estera, La gustadera, Machetero, Puya loca, Ritmo tropical y Tamboritos de Carnaval, los cuales han puesto a bailar a varias generaciones de carnavaleros.

Estos bailes luchan por mantener viva la tradición y se resisten a desaparecer, pero según los propios organizadores, cada vez son más los requisitos que les exigen para poder llevarlos a cabo. A esto se suma el Código de Policía, que estableció una reglamentación para proteger la tranquilidad de los vecinos.

Aunque consideran que el cumplimiento de las normas no son impedimento para realizarlos, algunos organizadores sostienen que tantas reglas “van en contra de nuestras costumbres”. Ellos aseguran que se ponen “las pilas” y recopilan todos los requerimientos tanto de la policía, como de la Alcaldía distrital y de las alcaldías las locales para evitar una respuesta negativa a la solicitud que presenten.

“Nos sentimos discriminados, estigmatizados y cercenados porque no están permitiendo que los bailes tradicionales se hagan en los barrios populares. Somos conscientes de la irresponsabilidad de algunos organizadores”, aseguró Carlos Miranda, director de la Asociación de organizadores de bailes de Carnaval, Asobailes.

Organización conjunta

Los bailes de Carnaval, por lo general, son organizados por los propios vecinos del barrio, quienes empiezan los preparativos unos cuantos meses antes haciendo rifas y otros eventos para reunir fondos que ayuden a cubrir los gastos que genera dicha organización.

En la época de Carnaval, los barranquilleros “buscan fiestas en la calle”, como dice Miranda, pero por varios factores no las pueden encontrar y les toca ir a lugares cerrados en los que puedan disfrutar la fiesta, pero de una manera más privada.

Ante eso, el director de Asobailes resalta que todos los organizadores asociados tienen en cuenta una logística y lugares reconocidos, con tal de garantizar la seguridad y comodidad a quienes frecuentan estos eventos.

Las verbenas, según Asobailes, también están perdiendo su esencia, pues ya no se realizan en la calle, como es la tradición. Se tienen que hacer en establecimientos para cumplir los requisitos. 

Ante este panorama, este año los organizadores decidieron unificar los bailes y realizarlos en lugares cerrados. Como asociación, organizaron cuatro grandes eventos para los cuatro días de Carnaval.

En el parque Cultural del Caribe han pensado realizar la Súper verbena de Antaño, con la que buscan “mostrarle a la comunidad cómo es un verdadero baile de Carnaval”.

Trámites para bailes

El pasado 8 de febrero venció el plazo para solicitar permisos para realizar bailes en la calle. El trámite se debió hacer ante la Secretaría de Gobierno, que es la entidad encargada de otorgar los permisos.

Hasta el cierre de la convocatoria, recibieron un total de 162 solicitudes de permiso para realizar estas fiestas.

Tras una primera revisión de la documentación, la Secretaría de Gobierno rechazó 92 solicitudes y otras 70 se encuentran en trámite. De estas solicitudes para eventos masivos, 10 ya fueron aprobadas y el resto serán resueltas antes del martes.

Para tramitar el permiso, los organizadores debían hacerlo a través de la ventanilla única virtual, habilitada en el portal en internet de la Alcaldía, y registrar diferentes requisitos, como el certificado del préstamo del escenario. También un permiso de ocupación temporal de espacio público y permiso para el cierre de vías, certificado de pago de los derechos de autor y derechos conexos previstos en la Ley.

Igualmente, un concepto expedido por la Autoridad Ambiental, donde se indique el cumplimiento de las normas de intensidad auditiva y condiciones medioambientales, paz y salvo de la Secretaría de Hacienda, visto bueno de Prevención y Atención de desastres, póliza de Responsabilidad Civil Extracontractual, según aforo.

Los picó como tradición

Los picó también son protagonistas de las verbenas, como también son conocidos estos bailes, y son los encargados de ambientar la fiesta con guarachas, cumbias, salsa, música africana, champeta y demás ritmos solicitados por los bailadores y sonados por los programadores.

El Coreano, el Gran Fidel, El Pijuan, Timbalero, El Gran Torres, Sibanicú, el Solista, El Isleño y otros más, siguen amenizando las verbenas populares, pero han sobrepasado las fronteras del barrio para adentrarse también en los estratos sociales más altos, donde dejaron de ser estigmatizados y, de igual manera, prenden la fiesta en los clubes y fiestas privadas.

La época de Carnaval es de las más rentables para los dueños de estás “máquinas” musicales, debido a que, según ellos, “en Carnaval el arista por excelencia es el picó”.

Según Italo Gallo, propietario de ‘El Coreano’, como programador del picó su “responsabilidad” en los bailes populares, además de “poner a bailar la gente, es que la programación sea mínimo 50 por ciento música de Carnaval”.

Los picoteros manifiestan que a estos aparatos musicales se les debe dar importancia en el Carnaval porque han sido los grandes acompañantes de la fiesta a lo largo de varias décadas.

“El picó hace parte de la idiosincrasia del costeño. Por mucho que lo prohiban, buscamos la manera de gozar con la música de estos aparatos”, dijo Emerson Villa, propietario y heredero del picó ‘El Gran Torres’. 

El hecho de que el picó haya sido aceptado en todos los estratos sociales, provoca que siga creciendo esta cultura y el paso del tiempo permita que se fortalezca su presencia en las festividades carnestoléndicas.

 

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