Barranquilla

Villa Bertha, la invasión que se extiende al lado de un peligroso arroyo

En este sector de Malambo centenares de familias en extrema pobreza subsisten al borde de un enorme cauce que ha erosionado los terrenos. 

En Villa Bertha (Malambo) parece que todos están sumidos en una cadena eterna de desgracia. No importa de dónde vienen, sus nombres o sus apellidos. Si son adultos o niños. Propios o foráneos. La realidad dicta que los ‘demonios’ de los que intentan escapar  siempre hallan la forma de encontrarlos en el edén que les alcanzó a revivir la ilusión. Y ahí, como ha sido siempre para ellos, vuelven a estrellarse de bruces. O al menos así lo manifiestan.

En la invasión todos viven acurrucados unos entre otros, en casas levantadas con las sobras de los aserraderos, en medio de nidos de culebras, ratas e infestaciones de mosquitos. Entre el hambre, la delincuencia, la falta de oportunidades y la carencia de todo lo que genere algo mínimo de dignidad. Viven con la mezcla que produce el aroma de un guiso de tomate con la peste de sus propias heces. Viven con enfermedades. Viven sin fluido eléctrico (gran parte de la zona). Viven sin agua. Sin comida. Sin amigos. Sin esperanza. Viven o, mejor dicho, sobreviven. Pero la lista de preocupaciones no para ahí.

A diferencia de otras invasiones, en Villa Bertha hay un enemigo silencioso que cada día genera más terror entre sus vecinos: el arroyo San Blas, un enorme cauce que aprovecha cada aguacero para ‘rasguñar’ los patios de la fila de viviendas con tablones decrépitos. La erosión es evidente con la decena de baños artesanales que quedan en el aire mientras un grupo de niños corren a pies descalzos por la cornisa del abismo, un alarmante cuadro que anuncia una tragedia –por ahora– inevitable.

Alba Viera cocina un pescado en las afueras de su rancho. Hansel Vásquez

“Cuando el arroyo se crece hay barrancos que se desbordan. Hay casas con el pisito en el aire. Hay ancianos, jóvenes, bebés, madres solteras y gente discapacitada con muchas necesidades. Aquí todo está mal, pero nos toca seguir aquí porque no tenemos más. ¿Usted cree que a nosotros nos gusta estar así? Necesitamos es ayuda”, narró Esther Bolaño.

El clamor y desespero de la mujer es palpable en el relato de todos sus vecinos. Prácticamente se sienten malditos y, a juzgar por sus historias, parece que es así. Esther Flores, madre de cinco hijos, huyó despavorida hace unos años de Córdoba debido al conflicto armado. Decidió –con coraje– aprovechar el ‘run-run’ de que había un lote baldío en Malambo y no dudó en hacer su negocio para construir su rancho, pero la esperanza de encontrar un mejor porvenir en el Atlántico se esfumó con la misma velocidad que partió de su antigua casa.

Nidia Vargas, por su parte, vivía arrendada en un modesto, pero cómodo apartamento con una de sus hijas. Sin embargo, la pandemia destruyó sus finanzas con el despido laboral de su primogénita, que trabajaba en un salón de belleza. Lo anterior produjo que la mujer fuera incapaz de pagar el canon del inmueble, una dura situación que produjo que sus arrendatarios las sacaran a la calle a la fuerza. No sin antes quemar todos sus enseres. “Nos quedamos solo con la ropa que teníamos puesta”, contó.

Todo eso la empujó a trasladarse a Villa Bertha, al último escalón de la extrema pobreza, donde al principio guardaba la fe de volver a alzar vuelo, pero lo cierto es que todo ha ido de mal en peor.

Pero el drama no para ahí. A los dos casos en mención se le sumó uno más, el de la crisis más reciente: el fenómeno migratorio. Un  ejemplo es Gladys Margarita, una mujer venezolana que armó maletas antes de que su país tocara fondo. Allá tenía casa, comida y un buen trabajo. Su intuición no falló y en su hogar todo se desmoronó cuando ella estaba lejos, pero contó con la mala suerte de llegar a un país donde no hay la suficiente capacidad para atender sus necesidades.

“Eso es feo vivir como estamos viviendo, pero la necesidad lo obliga a uno. Aquí tenemos las necesidades habidas y por haber. Uno trata con las uñas de salir adelante en el día a día ”, manifestó la mujer.
Vivir en la nada

Una de las pocas tiendas que hay en Villa Bertha pertenece a Esther Flores, pero lo cierto es que de tienda no tiene nada. Solo seis tomates viejos y secos junto a una cebolla diminuta reposan en la estantería. De resto no hay absolutamente nada por ofrecer.

La mujer lo toma con jocosidad y reconoce que todo se debe a la precariedad de las condiciones donde viven. Explica que la mayoría de mujeres están dedicadas a las tareas del hogar mientras que sus parejas intentan ganarse unos pesos durante el día en diferentes oficios, sobre todo en construcción y mototaxismo, pero las ganancias son tan bajas y las demandas familiares tan altas que la mayoría de los días se pasa demasiada hambre en la invasión.

La mayoría de las casas está construida con restos de madera. Hansel Vásquez

“Mi esposo trabaja como mototaxista, pero eso no alcanza para sustentar a cinco muchachos. En la tienda no tenemos nadita. A veces le agregamos cosas cuando nos va bien, pero por lo general está así. Aquí se pasan muchas necesidades. Yo soy desplazada y estoy aquí porque así el destino lo ha querido. Por acá nos vinimos buscando un sustento mejor. Lástima que no se nos haya dado”, agregó Flores.

Brayan Carvajal, por su parte, explicó que uno de los temas más sensibles en la invasión es la desnutrición infantil. Según el hombre, la mayoría de los niños sufre o ha sufrido de enfermedades crónicas debido a la carencia de un soporte alimenticio adecuado, una situación que le arruga el corazón debido a que lo vive en carne propia.

“La alimentación ha sido un poco complicada. Gracias a Dios a veces contamos con las tres comidas. En mi caso ha habido momentos en que hemos llegado solo a comer arroz con guiso de tomate y cebolla, pero gracias a Dios hemos tenido. Lo que queremos es tener un empleo por nuestros hijos. Es bastante difícil vivir así. Duele porque cuando uno tiene la responsabilidad solo de uno, la importancia es mucho menor. Pero cuando tienes hijos te ves más afectado. La situación te toca tu parte vulnerable. Nosotros ya somos grandes y no importa si pasamos hambre o no. Pero con los niños es distinto. La prioridad son ellos. Uno se saca el pan de la boca para que ellos coman”, manifestó Brayan entre lágrimas.

Inseguridad

Villa Bertha es un sector complicado de Malambo. Según las autoridades y la propia comunidad, la invasión presenta constantemente problemas de orden público por temas ligados al hurto y la venta de drogas. Por otro lado, el caso más impactante en los años recientes ocurrió en 2018, cuando vecinos de la comunidad denunciaron un supuesto caso de violación en el que las víctimas resultaron ser tres hermanas de 5, 8 y 13 años de edad.

Según testigos, el presunto autor de los supuestos abusos fue el padrastro de las niñas a quien apodan ‘El Brujo’.

“Esto (el rancho) me lo prestaron para meterme con mis niños hace unos años. Aquí tenemos muchos problemas. La luz me la está dando una vecina, el agua, el gas. Pero también quisiéramos más ayuda de la Policía porque se han visto casos de inseguridad donde se meten a las casas de la gente a robarles. Quisiéramos vivir mejor”, explicó Alba Viera, quien reside en Villa Bertha hace más de un año.
Barranco

Un menor de edad realiza una tarea del colegio. Hansel Vásquez

Cada día que pasa, según la comunidad de Villa Bertha, el arroyo San Blas socava mucho más el sector donde están asentados. Según los vecinos, la Administración Municipal no ha atendido esta problemática ni los temores que sienten los habitantes de este sector a raíz de esta situación.

“Cuando llueve en la noche suena todo muy feo por aquí. Uno ve cómo se va cayendo todo a pedazos. Nosotros sabemos que es un riesgo, pero no nos queremos ir porque no tenemos para  donde. Ojalá nos ayuden”, aseguró Julio Molina.

Proceso de desalojo

La Alcaldía de Malambo informó que tiene identificadas cuatro invasiones: en los sectores de Maranatha, Los Cristales, Ciudad Belén 1 y Ciudad Belén 2.

“Estas invasiones se dieron en la administración pasada, donde recibimos tres; Sin embargo, hemos determinado que la de Los Cristales se encuentra plenamente identificada”, explicaron en un comunicado de prensa.

“La comunidad ha denunciado a los infractores y actualmente cursan dos procesos administrativos legales por infracción urbanística: uno en la inspección de Policía Municipal y dos con la Fiscalía Nacional”, agregaron.

Con respecto a la invasión de Villa Bertha, la Alcaldía explicó que: “En el sector de Villa Bertha existe una invasión en proceso de desalojo, que por motivos de pandemia no se pudo ejecutar, debido a los decretos que impedían el desalojo de los asentamientos humanos, pero en coordinación con la Secretaría de Gobierno, la Policía Metropolitana y las diferentes entidades de control se realizará el operativo de desalojo a lo que se denomina Villa Caracas”.

Aspecto de una de las calles de la invasión Villa Bertha. Hansel Vásquez
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