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Atlántico

Una luz por la reactivación económica

Tres emprendedores del Atlántico cuentan cómo retomaron sus actividades en medio de la pandemia y dan una voz de aliento a otros empresarios.

La pandemia ha representado un gran reto para los empresarios de todos los tamaños a nivel mundial. Son muchas las compañías y negocios que no pudieron seguir adelante en medio de la crisis económica sin precedentes. Sin embargo, la luz de esperanza no se apagó para muchas otras empresas que lograron reactivarse pese a las dificultades.

En Atlántico, EL HERALDO encontró a tres emprendedores que le están apostando a retomar sus actividades con apoyo de sus familias y colaboradores, pero también con el respaldo financiero de la línea Atlántico Responde de la Gobernación del Atlántico, Bancóldex y la Fundación Santo Domingo.

Desde sus diferentes actividades, estos tres atlanticenses hacen un llamado a no perder la esperanza y a perseverar. Si bien saben que la reactivación es gradual, tienen grandes expectativas de que tendrán un buen cierre de año y un mejor 2021.

Con el programa, la Fundación informa que se han desembolsado ya más de $1.300 millones en créditos de emergencia para la reactivación económica de 450 negocios en el departamento en las poblaciones de Juan De Acosta, Suan, Campo De La Cruz, Baranoa, Candelaria, Galapa, Puerto Colombia, Malambo, Palmar De Varela, Soledad, Sabanalarga, Sabanagrande, Santo Tomás, Manatí, Polonuevo, Usiacurí y Barranquilla.

Las actividades económicas apoyadas son comercio al por menor, industria manufacturera, confecciones, peluquería y belleza, alimentación.

“Seguimos articulando esfuerzos, creando valor compartido y trabajando para que cada vez más empresarios puedan reactivar sus operaciones, impulsar sus negocios y seguir protegiendo y generando empleos en los municipios del Atlántico”, dijo José Bedoya Ramos, director unidad de Financiación y Desarrollo Empresarial, Fundación Santo Domingo.

Una oportunidad para retomar el rumbo empresarial
Mar Luz Carriaga en su taller de confecciones. Cortesía

Mari Luz Carriaga es oriunda de Juan de Acosta, su padre y madre comerciaron telas durante toda su vida. De ahí que decidiera emprender, hace 20 años, su propio taller de confecciones en el pueblo. Actualmente tiene 8 trabajadores directos y otros 10 indirectos, en municipios como Piojó, Baranoa, Juan de Acosta y El Vaivén, todos estos dedicados a las labores de confección.

Su empresa ‘Marice’, se dedica al diseño y fabricación de ropa de mujer y niña principalmente, y actualmente tiene contratos con franquicias nacionales dedicadas a la comercialización de ropa.

La pandemia, recuerda, la ‘cogió’ en su mejor momento. Cajas y cajas de mercancía, listas para distribuir, se quedaron en su taller, luego de comenzar la anunciada cuarentena.

“Los clientes nos decían, tienen que esperar, estamos cerrados y es preocupante porque había que pagarle a los trabajadores, la producción ahí”, explica.

Es así como la estabilidad de 18 familias, incluida la de ella, se vio amenazada por este periodo, pero gracias a tres cosas, dice, pudo salir adelante: “El empuje, el trabajo en equipo y Dios”.

Es así como, junto con otras familias del municipio se dispuso a confeccionar tapabocas para la venta y luego, overoles para médicos de un hospital en Barranquilla.

Una vez abiertos los sectores económicos, quiso retomar su mercado, pero necesitaba materia prima para volver a vender, de ahí que solicitó a la Fundación Santo Domingo, financiación y pudo retomar sus actividades, reactivar los empleos y seguir creciendo.

“Los almacenes de ropa empezaron a vender virtual, fuimos sacando la mercancía que teníamos guardada. Se activaron otros almacenes y pensé, ¿cómo hago ahora si el capital que tenía se gastó? Cuando me sentía con las manos amarradas llegó esta financiación, que me ayudó muchísimo para activarme nuevamente. Pude comprar telas y hacer toda la producción que me estaban pidiendo”, afirma la empresaria.

La creatividad es el principal componente en el negocio de las artesanías
Emma del Carmen elabora sus artesanías en el municipio de Baranoa. Cortesía.

Con más de 25 años trabajando en las artesanías, Emma del Carmen, nunca se había enfrentado a un momento tan difícil como el que vivió durante la pandemia. Tuvo que dejar hacer lo que le apasiona, la elaboración de artesanías, labor que solo pudo retomar después de seis meses.

Antes de la pandemia trabajaba con dos personas en su taller, pero ahora debió comenzar sola. Su nombre goza de reconocimiento en Baranoa, donde reside, porque su trabajo es de gran calidad. “Este es un proceso que es paulatino y poco a poco vamos recuperando la actividad”, explica.

El portafolio de su taller es amplio y está en constante actualización. “En este negocio hay que actualizarse y hacer cursos para darle a los clientes lo que piden y está de moda”, asegura y dice que su trabajo depende de la temporada del año, bien sea Carnaval, Navidad u otra. Sin embargo, para ella su mayor momento de inspiración llega cuando está frente a los materiales de trabajo y debe poner en marcha su creatividad. “Esto es algo que me gusta, aprendí a hacer artesanías desde que estaba en el colegio”, recuerda.

Para Emma del Carmen contar con el apoyo del programa Atlántico Responde y el programa Tu Negocio a la Mano de la Gobernación del Atlántico y Bancoldex, en alianza con la Fundación Santo Domingo es una gran oportunidad para retomar su trabajo.

“Tengo confianza en que todo va a mejorar con la ayuda de Dios”, asegura.

Un emprendimiento que nació de un legado familiar en la construcción
Evert Coronel revisa los acabados de los bloques que fabrica en su negocio. Cortesía

Evert Coronel es un emprendedor que le apuesta a salir adelante como proveedor de bloques de cemento para la construcción. Desde hace tres años comenzó a trabajar en este negocio con el cual genera hasta cuatro empleos temporales, de acuerdo con la demanda que tenga.

Desde la vereda Todo Fierro, en Juan de Acosta, atiende los pedidos de bloques de cemento de ferreterías y de proyectos de construcción.

Los bloques los fabrica con una técnica heredada de su padre que era maestro de obra. “Comencé elaborando un solo tipo de bloque y ahora ofrezco seis diferentes tipos. Trabajo uno que es especial para exteriores”, asegura.

Evert alterna la fabricación de bloques con la atención de una tienda. “Esto fue de gran ayuda porque durante el cierre de la construcción por la pandemia no teníamos demanda de bloques y nos dedicamos a atender a los clientes por domicilios”, explica.

Este emprendedor es beneficiario de uno de los créditos entregados a través de la línea Atlántico Responde de la Gobernación del Atlántico, Bancóldex y la Fundación Santo Domingo y asegura que ve con optimismo la reactivación.

“En esta zona el turismo es muy importante, gente de bien está comprando lotes para construir viviendas y veo buenas oportunidades para mi negocio”, afirma.

Coronel dice que su meta es crecer y seguir ofreciendo un producto de alta calidad. Espera que en el futuro su hijo maneje su empresa y lo acompañe en este propósito.

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