Compartir:

La primera vuelta presidencial de este domingo será una cita con la historia. Más de 40 millones de colombianos acudirán a las urnas en medio de una marcada puja por la continuidad del progresismo y un posible regreso de la derecha a la Casa de Nariño.

Lea más: “Barranquilla tiene que ser el modelo multimodal de Colombia”: Dimar

En plata blanca, son tres las candidaturas que cuentan con opciones reales de acceder a la segunda vuelta prevista para el 21 de junio, de no alcanzar el umbral (50 % + 1 de la votación) establecido por las normas electorales.

En medio de esta disputa, el senador Iván Cepeda, quien ha enarbolado las banderas de continuismo del progresismo, se ha mantenido al frente en la mayoría de las encuestas. Por su parte, el abogado Abelardo De la Espriella se ha graduado como outsider en esta contienda y en las últimas semanas registró un crecimiento acelerado en la intención de votos.

La tercería en este proceso recae sobre Paloma Valencia, quien ha recibido el respaldo de movimientos políticos tradicionales y durante la recta final ha intensificado sus dardos contra los otros punteros.

El escenario político actual no dista mucho del que ha rodeado a las últimas elecciones presidenciales en el país. No en vano, varios consultores y analistas políticos aseguraron a EL HERALDO que se trata de una “contienda abierta”.

Cuatro años atrás, los resultados en primera vuelta estuvieron marcados por varias sorpresas, de acuerdo con el análisis de distintos sectores. Aunque Gustavo Petro confirmó su condición de favorito al obtener el 40,3 % de la votación, equivalente a 8,5 millones de votos, la gran novedad de la jornada fue el ascenso de Rodolfo Hernández, quien alcanzó el 28,2 % de los sufragios (5,9 millones) y aseguró su paso a segunda vuelta, dejando por fuera a Federico Gutiérrez.

Sin duda, esta elección confirmó una tendencia que ya se había empezado a evidenciar desde comicios anteriores, relacionada con el creciente respaldo de los ciudadanos a candidaturas que ponen sobre el tablero un cambio del sistema político y que, en mayor o menor medida, se presentan como alternativas frente a los líderes tradicionales.

Cabe recordar que en 2018 las aspiraciones de Germán Vargas Lleras y Sergio Fajardo concentraron gran parte de la atención pública en medio de la carrera por llegar a la Casa de Nariño. Sin embargo, ambos terminaron cediendo terreno frente a Iván Duque y Gustavo Petro, quienes protagonizaron una campaña altamente polarizada.

En dicha oportunidad, Duque obtuvo 7,6 millones de votos (39,4 %) en primera vuelta, mientras que Petro alcanzó 4,8 millones (25,1 %), consolidando por primera vez una candidatura de izquierda con opciones reales al cargo.

De acuerdo con la Misión de Observación Electoral (MOE), esos comicios reflejaron el debilitamiento de los partidos tradicionales y el fortalecimiento de nuevas fuerzas capaces de movilizar amplios sectores del electorado.

Visión del escenario

EL HERALDO.Resultados a la presidencia en 2022.

Para Luis Fernando Trejos, profesor e investigador de la Universidad del Norte, el panorama político actual es muy diferente al que rodeó los comicios de 2022 debido a que la izquierda –que en ese momento contaba con un respaldo limitado– ha logrado tener más adeptos.

“En 2022, la izquierda aún no había gobernado el país y se encontraba atomizada. Hoy cuenta con un gobierno en ejercicio y lidera el partido que obtuvo la mayor votación en las elecciones legislativas y territoriales más recientes”, explicó.

Por su parte, según el experto, la derecha ha pasado de la cohesión alrededor de la figura del expresidente Álvaro Uribe y del partido Centro Democrático a una división que se refleja en las candidaturas de Abelardo De la Espriella y Paloma Valencia.

“Es probable que se configure una gran coalición en el bloque de derecha, pues una vez superada la primera vuelta es previsible que se produzcan negociaciones entre quien quede por fuera de la contienda y quien continúe en carrera”, aseguró.

Al mismo tiempo, recordó que cuatro años atrás buena parte del electorado votó por la promesa de cambio, una bandera que encarnaban tanto Gustavo Petro como Rodolfo Hernández: “Hoy, pareciera que esa narrativa sigue estando, en gran medida, en manos del Gobierno y de su candidato, que continúan presentándose como representantes de una transformación política aún inconclusa”.

Alejandro Blanco Zúñiga, analista político y docente de la Universidad Libre, indicó que el cansancio por la clase política tradicional, el malestar social por la corrupción y la pobreza, así como una expectativa por una ruptura política, han marcado las últimas elecciones presidenciales.

“Estas elecciones pueden funcionar como una especie de termómetro nacional o como una especie de plebiscito, es decir, no solo se vota por candidatos, también se mide el ánimo del país frente al ciclo político abierto en 2022”, dijo.

Explicó que el panorama de segunda vuelta conlleva a una reorganización del tablero político, debido a que “muchos sectores que compiten separados terminan uniéndose por miedo, cálculo o conveniencia”.

Además, recalcó que “las candidaturas que logran conectar con el descontento ciudadano pueden romper los moldes tradicionales, incluso cuando no tienen detrás toda la maquinaria partidista”.

Precisó que una de las principales incógnitas es cómo se reacomodarán las fuerzas políticas tras la primera vuelta y si los distintos sectores serán capaces de construir alianzas competitivas para la etapa definitiva de la contienda.

“En primera vuelta predominará la dispersión, porque cada sector intentará medir su propia fuerza; pero en una eventual segunda vuelta sí podría aparecer un gran escenario marcado por las coaliciones, probablemente menos programática y más construida alrededor del apoyo o el rechazo a la continuidad del petrismo”, dijo.

A su turno, el analista Ángel Tuirán aseguró que en la actualidad existe una “mayor polarización política”, por lo que la expectativa de cambio no tiene un gran peso, sino la identificación o rechazo al balance de gestión del gobierno Petro.

“En Colombia, las presidenciales suelen definirse por la capacidad de sumar apoyos en segunda vuelta más que por la fortaleza inicial de una candidatura. Duque en 2018 y Petro en 2022 construyeron mayorías ampliando sus coaliciones más allá de sus bases ideológicas”, anotó.

En ese sentido, puntualizó que “es probable que la fragmentación actual termine dando paso a nuevas coaliciones o alianzas, alrededor de las dos candidaturas más votadas, porque la lógica de la segunda vuelta obliga a construir acuerdos más allá de los núcleos ideológicos propios”.

Importancia regional

Alexander Rojas, director del programa de Ciencia Política de la Universidad El Bosque, puso de presente que, según la geografía electoral, el 56,6 % del potencial se concentra en seis departamentos y el Distrito de Bogotá.

Resaltó que Bogotá (14,7 %), Antioquia (13,2 %), Valle (9,2 %), Cundinamarca (5,6 %), Atlántico (5,1 %), Santander (4,5 %) y Bolívar (4,3 %) serán las zonas del país que determinen, por volumen de votantes, tanto a los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta como el próximo presidente de Colombia.

Igualmente señaló que el “fenómeno de Abelardo De la Espriella, como primer candidato costeño a la Presidencia en, quizás, más de un siglo, podría presionar un nuevo equilibrio político en todo el Caribe; incluso, podría tener la capacidad de invertir la hegemonía petrista de los últimos años”.

Rojas también aseguró que, frente al actual nivel de polarización, el segmento de los independientes, moderados e indecisos va a definir la elección presidencial: “El reto para los que ganen en primera será moderar sus discursos para poder captar esta población y aumentar los techos de votación. De no prevalecer una moderación, asistiremos a un fenómeno de voto útil.

Lea más: Fuerza Aeroespacial Colombiana desplegará vigilancia aérea en el Caribe durante las elecciones presidenciales

¿Cómo ha votado el Caribe colombiano?

En la primera vuelta presidencial de 2018, el Caribe colombiano se inclinó por la candidatura de Gustavo Petro. La MOE reportó que tuvo un dominio “amplio” en el Caribe oriental (Sierra Nevada y Perijá), así como en las regiones del Bajo Magdalena (Bolívar, Magdalena y Atlántico), Montes de María (Sucre) y Caribe occidental (Cartagena, Canal del Dique, y Córdoba).

Por su parte, Duque tuvo mayor impacto en el Magdalena bajo, medio y alto, incluyendo Cesar, Bolívar y Montes de María.

Por otro lado, Petro ganó ampliamente en Atlántico con el 54,5 % de los votos.