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La Alcaldía de Barranquilla avanza en la estructuración del Distrito Tajamar, que permitirá la transformación del tajamar occidental y Bocas de Ceniza para su posterior conexión con la Ciénaga de Mallorquín y las playas de Puerto Mocho.

El anuncio fue hecho por la secretaria de Planeación del Distrito, Diana Mantilla, en medio de una sesión del Concejo, en la cual se analizaron los alcances del proyecto y el estado actual de esta infraestructura clave para el sector portuario de la ciudad.

“Este enfoque no solo está orientado al componente turístico —que ha sido el más visible en los últimos meses—, sino también a la recuperación, protección y apropiación del ecosistema estratégico que representa la Ciénaga de Mallorquín y las playas de Puerto Mocho”, sostuvo la funcionaria.

A renglón seguido, explicó que el proyecto contempla inicialmente dos fases. La primera incluye obras hidráulicas sobre la estructura actual del tajamar: “Es importante recordar que no se trata únicamente de intervenciones de apropiación, sino también de evaluar las implicaciones en la relación entre el río y la ciénaga”.

Y puso de presente que “a través del tajamar existen pasos de agua que permiten alimentar la Ciénaga de Mallorquín con agua dulce, en conexión con el río Magdalena. Por tanto, estas obras deben garantizar la conservación y estabilidad de este sistema”.

La segunda fase, por su parte, contempla la estructuración, diseño y posterior construcción del proyecto. En ese sentido, anotó que el Distrito adelanta acciones administrativas, técnicas y financieras orientadas a consolidar los recursos necesarios para avanzar en su ejecución.

Por su parte, Rafael Lafont, secretario de Obras Públicas, detalló que las obras ejecutadas de forma inicial en el tajamar occidental están orientadas a mejorar la seguridad y transitabilidad en un tramo que presentaba condiciones críticas.

Estas intervenciones, que tuvieron una inversión cercana a $804 millones, permitiendo mitigar riesgos asociados a la erosión y al ingreso de agua del río en puntos vulnerables. Asimismo, anunció que en el corto plazo se impulsará una nueva fase, que comprende la estabilización de un kilómetro adicional, hasta el sector de la Virgencita.

“Si bien se trata de obras de carácter provisional, han permitido mejorar significativamente las condiciones de acceso y seguridad en el sector. Es importante señalar que el proyecto estructural a futuro contempla la ampliación del tajamar hasta aproximadamente 15 metros de ancho, con el fin de habilitar espacio para infraestructura turística y garantizar su estabilidad a largo plazo”, recalcó el funcionario.

Espacio de fe y peregrinación

Uno de los elementos más destacados del proyecto es la inclusión de una plazoleta para la Virgen de Bocas de Ceniza, un símbolo profundamente arraigado en la comunidad pesquera y en las tradiciones locales.

La confirmación fue hecha por el concejal Juan José Vergara, quien ha venido liderando una iniciativa orientada a la protección de esta advocación mariana en esta zona de la ciudad, para impulsarla como un espacio de peregrinaje y fortalecimiento de la fe.

“Necesitamos muchos más espacios en la ciudad de Barranquilla como este: un espacio hermoso, bonito, donde se encuentra el río con el mar. Es una postal hermosa y con la imagen de la Virgen de Bocas de Ceniza lo será aún más”, anotó.

Los concejales conservadores David Botero y Juan José Vergara.

Indicó, además, que esta advocación mariana debe convertirse en un referente de la ciudad, “que cuando pase una lancha o un barco, la vean. Que los peregrinos que vengan de otras ciudades del país o del mundo, lleguen a Bocas de Ceniza a hacer sus oraciones, a vivir esta gran experiencia”.

A su turno, el concejal David Botero recordó que la virgen se encuentra en ese punto del tajamar desde hace 40 años por iniciativa de los pescadores ante los fenómenos climáticos que los golpeaban: “Con tanto fervor le pedían por su intercesión —porque ella es nuestra intercesora—, esos fenómenos atmosféricos no los han vuelto a tocar”.

Recalcó que es necesario que la ciudad se apropie de este espacio y de esta representación mariana, siendo un propulsor del turismo religioso: “Quienes se van a beneficiar —y no es por palabras nuestras ni por imaginaciones—, sino por estadísticas nacionales y mundiales, son los pobladores, cuando el turismo llega a un lugar. Ellos mismos pueden tener sus puestecitos de comida, de venta, de artesanías, muchas cosas, y así tener el pan de cada día”.