El inicio de 2026 ha estado marcado por un aumento atípico de las lluvias, asociado a un frente frío, que ha generado inundaciones y graves afectaciones en varias regiones del país. En el Caribe, el departamento de Córdoba ha sido uno de los más golpeados por esta situación.
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Ante este panorama, el Gobierno nacional declaró el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica en Córdoba, Antioquia, La Guajira, Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena y Chocó, con el fin de atender la crisis provocada por la alteración súbita de la dinámica hídrica en estas zonas.
Este exceso de lluvias también empieza a reflejarse en el sistema energético. En Antioquia, los embalses de las centrales hidroeléctricas han alcanzado niveles altos, en algunos casos cercanos a su capacidad máxima, lo que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el manejo del agua y su impacto en el precio de la energía.
Pese a a los cuestionamientos por los desembalses que han tenido que realizar los generadores hidráulicos, estos se realizan bajo una operación controlada y regulada.
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Precisamente a mediados de febrero, la hidroeléctrica Urrá I confirmó un incremento en las descargas tras el alto registro con picos de hasta 1.784 metros cúbicos por segundo.
La empresa afirmó que “operativamente, y pese a los altos aportes recientes, se tratará de seguir manteniendo las descargas totales al río en el orden de los 700 metros cúbicos por segundo, máximo caudal de operación de la hidroeléctrica en época de lluvias”.
Más generación hidráulica
Según XM, entre el 1 de enero y el 3 de marzo de 2026, la generación renovable alcanzó el 89,67 %, con predominio de la hidráulica, que registró un pico de 210,84 GWh el 22 de febrero. En el mismo periodo de 2025, la participación renovable fue menor, del 80,63 %, con un máximo de 199,67 GWh el 21 de febrero.
De acuerdo con los expertos, estas acciones dan cuenta de que las centrales hidroeléctricas han estado operando a alta capacidad para aprovechar el aumento de los aportes hídricos, bajo estrictos protocolos técnicos y de seguridad.
¿Desperdicio de agua?
Los desembalses, explican los expertos, se realizan únicamente cuando es necesario garantizar la seguridad de la infraestructura y de las comunidades aguas abajo, siguiendo lineamientos de autoridades como la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
Desembalses regulados
Los embalses cumplen un papel clave en la regulación de los ríos y la mitigación de inundaciones.
Así lo manifestó la presidenta de la Asociación Colombiana de Empresas de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen), Natalia Gutiérrez, quien enfatizó que una adecuada operación de estas infraestructuras puede reducir la frecuencia de inundaciones en cerca de un 8 % y la severidad de las crecientes hasta en un 38 %.
Reiteró que los vertimientos no son decisiones discrecionales de los operadores, sino obligaciones técnicas que se ejecutan cuando los niveles del embalse lo exigen para proteger la infraestructura, la vida y los bienes de las comunidades aguas abajo. “De no realizarlas pondría en riesgo la infraestructura y, sobre todo, la vida y los bienes de las comunidades aguas abajo”.
Puso de presente que en regiones como la cuenca del río Sinú, el embalse de Urrá ha logrado controlar más del 96 % de las crecientes durante más de dos décadas, lo que evidencia su importancia en la gestión del riesgo. “El beneficio que ha traído para la cuenca del río Sinú durante 25 años el embalse de Urrá, el cual ha controlado más del 96% de las crecientes, reduciendo riesgos para las comunidades”.
Una investigación publicada en Nature Communications estima que la regulación de caudales por represas reduce entre el 12% y el 20% la población expuesta a inundaciones hacia finales del siglo XXI, frente a situaciones en las que no se cuenta con esta infraestructura.
El impacto en las tarifas
En medio de la actual temporada de lluvias y el aumento en los niveles de los embalses, ha resurgido una pregunta entre los usuarios: ¿por qué, si hay más agua y mayor generación hidroeléctrica, no baja el precio de la energía?
La respuesta, coinciden expertos del sector, está en la forma como funciona el sistema eléctrico colombiano, donde el clima es solo uno de varios factores que inciden en el costo final que pagan los usuarios.

Para entender por qué la tarifa de energía no baja pese al aumento de las lluvias, Amylkar Acosta, exministro de Minas y Energía, explicó que es clave diferenciar varios conceptos que suelen confundirse. En primer lugar, no es lo mismo el costo de generación, el precio de generación y el precio en bolsa, aunque están relacionados entre sí.
Además, sostuvo, el precio en bolsa tampoco equivale a la tarifa final que paga el usuario, ya que esta última se compone de seis elementos: generación (G), transmisión (T), distribución (D), comercialización, pérdidas reconocidas y restricciones.
“De todos estos, el componente de generación es el más variable, pues depende directamente del comportamiento del mercado eléctrico”, explicó.
En Colombia, la mayor parte de la energía que comercializan las empresas se adquiere mediante contratos de largo plazo —a tres, cuatro o cinco años— cuyos precios permanecen estables sin importar si llueve o hay sequía.
“Es decir, llueva, truene o relampague, los precios no van a cambiar porque hay un contrato”, afirmó Acosta.
Cabe destacar que, en promedio, cerca del 85 % de la energía se compra bajo este esquema, mientras que solo el 15 % se adquiere en la bolsa.
Cuando el precio de la energía en bolsa se incrementa, el Gobierno nacional se cuestiona sobre posibles prácticas especulativas e incluso se ha puesto en duda la legalidad de algunas tarifas. Sin embargo, el comportamiento reciente muestra un contraste: hace apenas dos o tres semanas, el precio en bolsa llegó a ubicarse cerca de los 100 pesos por kilovatio hora", expresó.
Por el contrario, el precio promedio de la energía adquirida mediante contratos bilaterales de largo plazo se mantiene entre los 300 y 350 pesos por kilovatio hora, “evidenciando que, incluso en escenarios de bolsa baja, el costo de los contratos —que representan la mayor parte del suministro— no varía en el corto plazo”.
Por ejemplo, señaló Acosta, en temporada de lluvias, cuando la generación hídrica puede alcanzar entre el 70 % y el 80 %, el precio en bolsa tiende a bajar considerablemente. “Sin embargo, ese descenso tiene un impacto limitado en la tarifa final, debido al peso predominante de los contratos, que justamente buscan dar estabilidad al usuario frente a la volatilidad del mercado”, reiteró el experto.
Sistema que busca estabilidad
El modelo colombiano combina contratos de largo plazo con un mercado de bolsa precisamente para equilibrar la estabilidad con la flexibilidad. Mientras los contratos protegen a los usuarios de la volatilidad, la bolsa permite responder a cambios en la oferta y la demanda en tiempo real.
En las primeras semanas de febrero de este año, por ejemplo, el precio en bolsa promedió cerca de $120 por kilovatio hora, muy por debajo de los niveles registrados en 2025, cuando condiciones climáticas más secas obligaron a un mayor uso de plantas térmicas.
Aun así, estos descensos no impactan de forma directa la tarifa final, debido a la estructura del sistema.



















