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Es un hecho: las inundaciones catastróficas en Córdoba; el deterioro paulatino de la ciénaga Los Manatíes; la repetitiva mortandad de peces en el embalse El Guájaro, y la degradación del extenso Arroyo León son tragedias ambientales que pudieron prevenirse.

Pero así, lastimosamente, no sucedió. Y entre las múltiples razones por las cuales no se lograron mitigar estos escenarios se destaca una de sus principales: en la costa Caribe colombiana no existen alertas tempranas eficientes que anticipen o nos preparen para ese tipo de desastres.

Frente a esta necesidad, la Universidad del Norte, la Universidad de Córdoba, Cormagdalena, la Corporación Regional del Atlántico, el centro de ciencia Creative, y una comunidad de pescadores de Mallorquín adelantan el diseño de un sistema de monitoreo hidroambiental del río Magdalena (el cual atraviesa en el Caribe departamentos como el Atlántico, Bolívar y Magdalena) y el río Sinú (cuyo curso principal es en Córdoba).

El proyecto partió de la carencia. De acuerdo con Juan Camilo Restrepo, profesor de la Uninorte, en Colombia aún no sabemos de forma precisa y específica cómo nos está afectando el cambio climático desde diferentes perspectivas. Asimismo, hay iniciativas —como restauración de ecosistemas degradados y recuperación de costas— que no están teniendo en cuenta conceptos técnicos robustos o información en tiempo real para mejorar los enfoques. Es decir, son incompletas.

El propósito de estas entidades es integrar información en tiempo real, vía satelital y vía información obtenida en el sitio, a través de instrumentos diseñados aquí en Colombia y de bajo costo.

“Queremos, a través de un procesamiento automatizado, poder generar valor agregado y permitir tomar decisiones frente a la gestión del riesgo, la restauración de ambientes degradados y la adaptación al cambio climático en estas dos cuencas, Magdalena y Sinú, que no son solamente relevantes en la región Caribe, sino en el país”, explicó a EL HERALDO el también director del Instituto de Desarrollo Sostenible.

Desde esta perspectiva resulta inevitable pensar en la utilidad de esta herramienta durante la temporada de frente frío que sacudió la atmósfera del territorio.

Según Restrepo, este sistema hubiese podido identificar zonas críticas o zonas más propensas a experimentar efectos desastrosos, bien sea desbordamientos, erosión o ascenso del nivel del mar. Es decir, hubiese otorgado un inventario previo de zonas e infraestructura estratégica —puentes, líneas de gasoducto, hospitales, colegios— que estarían expuestos a esos eventos.

Asimismo, semanas o días antes, el software determinaría qué niveles alcanzaría el río y, a partir de esas métricas, identificar los sitios donde ocurrirían los desbordamientos y saber con cuánto tiempo se cuenta para implementar evacuaciones.

Una herramienta útil que hubiese salvado vidas y a miles de familias de las afectaciones. Sin embargo, no solo se limita a la variable de erosiones o desbordamientos de ríos. También contribuirá significativamente en evaluar la calidad del agua.

Por ejemplo, en el caso de la mortandad de peces —que es un caso típico en el Atlántico— este instrumento mediría variables fundamentales en tiempo real —como el pH, temperatura, oxígeno disuelto— y generaría alertas tempranas para tomar acción.

En caso tal que el oxígeno disuelto empiece a bajar (que es el detonante final que produce la mortandad), se desplegaría un equipo de respuesta para verificar si hay un vertimiento ilegal, una bocana obstruida o falta de circulación. Esto permitiría actuar antes de que ocurra el daño mayor, y no cuando la problemática haya estallado.

“Mientras no tengamos este tipo de sistemas, vamos a seguir en un modo reactivo”, sentenció.

Asimismo, indicó que este recurso podrá prevenir la respuesta de las costas frente a eventos extremos y al cambio climático.

“La pérdida de costas implica pérdida de infraestructura: puentes, vías, redes de gas, redes de energía. Eso requiere planificación, y esa planificación pasa por el monitoreo de variables ambientales”, complementó el experto.

Finalmente, anunció que este proyecto — el cual está financiado por el Sistema General de Regalías, en el componente de ciencia y tecnología, a través del Ministerio de Ciencias— consta de tres años de construcción y se encuentra en cuarto mes de ejecución.

Puso de presente que en los próximos seis meses ya tendrán las herramientas de visualización con imágenes satelitales adaptadas a las condiciones locales, y el propósito es que cualquier persona pueda consultarlas.

El Magdalena y Sinú

A pesar de los procesos de deforestación, vertimientos de aguas residuales, contaminantes de la minería y otras actividades, el río Magdalena ha “sido muy generoso con todos nosotros”, así lo afirmó Humberto Ávila, quien hace parte del Observatorio del río Magdalena y es también profesor de la Universidad del Norte.

El catedrático indicó que, en relación con el río Magdalena, el proyecto contempla varios frentes de trabajo. Uno de ellos es el hidrológico, el cual está orientado a recopilar y analizar la información existente, actualizar la caracterización del río y desarrollar modelos que permitan identificar comportamientos, reconocer patrones y generar escenarios de predicción.

Asimismo, se emplearán modelos hidrodinámicos y de erosión para ubicar los tramos más vulnerables a procesos erosivos, con el propósito de establecer planes de intervención anticipados y no solo respuestas posteriores a las emergencias.

De igual manera, con el monitoreo se evaluarán aspectos relacionados con la navegación y con áreas propensas a la sedimentación, especialmente en sectores portuarios.

Por otra parte, las problemáticas del río Sinú —tal como se ha visto en estas últimas semanas— se basa en los desbordamientos: “El estado del río Sinú en la parte hidráulica e hidrológica es bastante complejo porque se ha desbordado en varios puntos”, notificó Franklin Torres, docente del departamento de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Córdoba, quien también hace parte del proyecto.

“Lo que ocurrió ahora demuestra que no contamos con suficientes sistemas de alerta temprana. No hubo un sistema de información que monitoreara niveles y caudales en tiempo real para saber qué dimensiones tendría la emergencia”, señaló el profesor.

El dispositivo, además, será de utilidad para enfrentar otra problemática del río Sinú: la contaminación local. Este afluente tiene una alta carga de sólidos suspendidos y turbiedad.

Uno de los municipios que mejor refleja esta problemática es Cereté, el cual no tiene planta de tratamiento, por lo que descarga sus aguas residuales a través de un canal que conecta con el Sinú.

En dicho punto, hay altas concentraciones orgánicas, pero debido a las dimensiones y la capacidad de asimilación y mezcla del río, la carga se degrada.

“La idea del proyecto es la mitigación y el monitoreo de variables relacionadas con el cambio climático para tener información suficiente y actuar a tiempo. La emergencia de las inundaciones nos agarró desprevenidos por la falta de un sistema de medición en la cuenca”, culminó el investigador.

Ideam proyecta más calor y precipitaciones para las próximas décadas

Los estudios recientes del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) advierten que el cambio climático transformará de manera significativa a Colombia en las próximas décadas.

En principio, se proyecta que las temperaturas en Colombia aumentarán entre 1,5 °C y 2 °C para el año 2050. Con respecto a la lluvia, el país experimentará una creciente variabilidad en las precipitaciones. Mientras que algunas zonas podrían enfrentar lluvias más intensas y prolongadas, otras sufrirán de sequías más severas.

Asimismo, este fenómeno global está aumentando la frecuencia y la intensidad de fenómenos climáticos extremos, tales como huracanes, tormentas tropicales, sequías prolongadas e inundaciones.

Finalmente, indicaron que el cambio climático tendrá un efecto directo sobre la distribución y disponibilidad del agua en el país. Las cuencas hidrográficas más importantes, como las del río Magdalena y el Cauca, podrían experimentar fluctuaciones severas en sus caudales.