Ataviada con el traje de la tradicional danza del Garabato y luciendo los colores de Barranquilla, Luz Divina Molinares Maldonado se va bamboleando de un lado a otro por la calle 17 de la ciudad presumiendo de que el Carnaval lo lleva en la sangre.
Tan pronto se encontró con el equipo periodístico de EL HERALDO, abordó con el desahogo de quien lo tiene como un profundo dolor: “volví luego de dos años y estoy acá por la herencia de mi padre”.
Mientras se coordina con los pases del grupo Son Mocaná del ex rey momo Juventino Ojito, narra lo que hizo su papá, hombre de ascendencia italiana cuya familia entró por el Muelle de Puerto Colombia hace al rededor de un siglo.
“Mi papá fue de los fundadores, Rafael Ulises Molinares Estarita, italiano, su familia entraron por el puerto, su papá llegó desde Europa, y fue de la Junta del Carnaval”, relata.
Hace 43 años que se fue con su esposo a vivir a Tampa, en el estado de Florida en Estados Unidos. Sin embargo, en ella todavía germinan las semillas de lo que papá le sembró sobre el abono de la tradición.
“En la época que yo era una niña participaba de todas estas cosas, era de los que elegían la reina. Tenía dos años sin venir y este año vinimos invitados por el rey momo Juventino Ojito, y aquí estamos apoyándolo por su causa”.
Redescubrir las tradiciones cada vez que viene la emocionan: “Ay, divino, divino, uno nunca jamás en la vida va a poder olvidarse de su tierra y menos de Barranquilla. En Barranquilla me quedo”, cerró con añoranza.
Redobló el paso para celebrar lo que es el Garabato, el triunfo de la vida sobre la muerte, vida que le regresa cada vez que vuelve a su tierra





















