Luis Londoño, un antiguo habitante de Sabanilla, recibió con sorpresa la llegada de cientos de pequeñas sardinas en las lagunas de su casa este miércoles. Era algo diferente. Sí, estaba la misma degradación ambiental que rodeaba el frente de su hogar, pero, en esta ocasión, el ruido estruendoso de las olas se sentía más acechante.
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Aquella anomalía también la percibió el residente Ricardo Ruiz cuando —luego de llevar a sus hijos al colegio y dirigirse a contemplar el matutino arribo de las garzas en los mangles muertos— observó la furia del mar arrasar con algunas partes del trascendental hábitat.
Sintieron pánico; las alertas se encendieron, y el miedo se convirtió en un sentir colectivo: aquella barrera natural y centinela frente al cambio climático que los protegía de erosiones costeras, se la está llevando el mar.
“Al estar los mangles muertos, pues no tienen fuerza en sus raíces. Por ende, el mar, cuando llega, los levanta, se los lleva. (...) Hasta el punto de que hoy en día las olas están a escasos cinco metros de pegar en la puerta de la casa”, relató Ruiz.
Asimismo, Londoño expresó, con decepción, “la ciénaga ya no existe. Se nos fue todo. Nos sentimos inútiles, sentimos que no podemos hacer nada. No sabemos tampoco qué hacer. (...) Antes no veíamos ni el mar. Y ahora, mira, se nos metió”.
El mar también trajo contaminación. Sobre las aguas de la ciénaga reposa una capa de tapas de plástico, botellas y suelas de zapatos. Sin embargo, de acuerdo con la comunidad, esta polución también obedecería a la nueva desembocadura del Arroyo León.
Este último, así como la construcción de los tajamares de Bocas de Ceniza, serían algunos de los factores que han incidido en la paulatina degradación de los mangles en la ciénaga.
Acciones de las autoridades
La situación es grave, y así lo reconocen desde la Alcaldía de Puerto Colombia. Funcionarios de la administración municipal realizaron un recorrido por la zona, y confirmaron que el mar está “golpeando fuerte” el ecosistema.
También observaron que, actualmente, las maderas náufragas que trae el mismo mar están logrando contener el agua en algunas partes. Sin embargo, en otras zonas —como en la casa de Luis Londoño— las viviendas quedaron como un nuevo litoral.
“Si bien lo que hemos analizado aquí es un fenómeno bastante grave —en el tema de que se está perdiendo la barrera natural que protege estas viviendas—, toda esa valoración ya indica que el municipio, frente a un inmueble que vale tres mil o cuatro mil millones de pesos, no va a tener la capacidad. (...) Se requieren unas obras de gran envergadura, llámese un enrocado, una reforestación o unos espolones, para proteger esta zona", dijo Leonardo Vargas, jefe de la Oficina de Gestión del Riesgo del municipio, a EL HERALDO.
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Y añadió: “Este es un fenómeno que años atrás no se había presentado. Digamos que estamos sintiendo el cambio climático, y lo estamos sintiendo partiendo de que en enero y febrero nunca había llovido ni había un frente frío. Ya las condiciones cambian y tenemos que prepararnos para esos fenómenos”.
A su turno, Hernán Núñez, jefe de la Oficina de Gestión Ambiental, anunció a esta casa editorial que van a citar un comité con la Agencia Distrital de Infraestructura de Barranquilla (ADI), la Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA), la Procuraduría y el municipio de Puerto Colombia para empezar a tomar acciones legales, así como gestionar recursos para recuperar la ciénaga Los Manatíes.
Mayor articulación
De acuerdo con Núñez, el ecosistema sí puede recuperarse a través de programas de repoblación y siembra de mangles.
“Todo tipo de mangle lo podemos sembrar, ya que la ciénaga es abundante en oxígeno. Y, bueno, una vez se limpie y se canalicen los recursos, podemos hacer una buena jornada y recuperar la ciénaga”, explicó.
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En ese orden de ideas, lo que se necesita principalmente es una cooperación entre las autoridades. Si esto no llega a pasar, el funcionario reiteró que la infraestructura aledaña peligra, la mortandad de peces seguirá aconteciendo, y el turismo en la zona se desplomará por completo.
“El Arroyo León trae toda esa contaminación, esas cargas de residuos sólidos. Y, bueno, por más que ellos tienen una trampa para recoger residuos sólidos, siempre el más pequeño pasa la rejilla y viene a terminar acá, ocasionando una contaminación en la Ciénaga de los Manatíes”, agregó.


