Tras la captura de Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero, por orden del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reactivó entre los migrantes venezolanos el deseo de regresar a su país. Sin embargo, aunque el anuncio generó entusiasmo inicial, líderes de la comunidad de migrantes en Barranquilla coinciden en que aún no existen condiciones reales para un retorno masivo.
Algunos llevan más de una década en Colombia, tienen empleo estable, sus hijos están en el sistema educativo y tienen acceso a servicios de salud, condiciones que hoy, en el vecino país, no están garantizadas.
Así lo explicó Juan Viloria, vicepresidente de Venezolanos en Barranquilla y presidente de la Alianza Global por los Derechos Humanos. “La intención de volver existe, pero solo si hay seguridad jurídica, institucional y garantías reales”, indicó.
Cabe recordar que desde la llegada de Hugo Chávez al poder, hace casi 30 años, se han registrado múltiples oleadas migratorias. Colombia, por su cercanía, fue el principal destino de esa diáspora que se asentó en distintas regiones del país.

Aunque existe un subregistro, solo en el departamento del Atlántico, según Migración Colombia, hay 223 mil ciudadanos venezolanos, de los cuales 163 mil están en Barranquilla.
Esos flujos migratorios han estado motivados por episodios políticos, económicos y sociales. Viloria recordó que muchos de estos ocurrieron con el golpe de Estado de 2002, elecciones presidenciales, protestas reprimidas, el cierre de fronteras en 2016, la crisis humanitaria entre 2017 y 2019 y la pandemia.
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La más grande, explicó, ocurrió entre 2017 y 2019, cuando millones de venezolanos salieron del país, principalmente hacia Colombia.
Para este líder y sus connacionales, lamentablemente su país no cuenta en este momento con la infraestructura necesaria para recibir un retorno masivo. “El sistema eléctrico, la red hospitalaria, las vías y los servicios públicos no soportarían el regreso de millones de personas”.
Es por ello, sostuvo, que cualquier proceso de retorno tendría que ser gradual y planificado, acompañado de inversión privada, reapertura institucional y una transición política efectiva.
Reiteró, que, por ahora, el mensaje es claro: la esperanza existe, pero el retorno no será inmediato ni automático. Para muchos migrantes, volver a casa dependerá no solo de un cambio político, sino de que Venezuela recupere las condiciones mínimas para garantizar una vida digna.
Viloria señaló que la actual etapa responde a una fase de estabilización necesaria, ante la falta de capacidad de la oposición venezolana para asumir de inmediato el control total del país.
“Estamos de acuerdo en que se dé esta primera fase de estabilización. No hay capacidad inmediata de los factores de la oposición para ejercer control; es necesario depurar las fuerzas armadas y las instituciones, y eso pasa por desocupar el aparato del Estado”, afirmó Viloria.
¿Quiénes retornarían primero?
De acuerdo con Viloria, si las condiciones comienzan a mejorar, la primera ola de retorno estaría conformada por los sectores más vulnerables de la población venezolana, aquellos que tuvieron mayores dificultades para establecerse fuera del país.
“Muchos salieron con lo que tenían en la mano, dejaron sus casas, sus pertenencias, y para ellos ha sido muy difícil establecerse fuera de Venezuela”, explicó.
Posteriormente, señaló, podrían regresar parejas jóvenes y profesionales, especialmente aquellos que trabajan de manera remota y podrían hacerlo desde Venezuela bajo esquemas de trabajo nómada digital.
Viloria es médico de profesión, estudió en Barranquilla, y tanto para él como para otros migrantes, el regreso no significará una ruptura total con la vida construida en Colombia u otros países, sino una relación más flexible con su país de origen.
“Yo quiero regresar a Venezuela, pero regresar como turista: revisar mi apartamento, ver a mi gente, disfrutar mi tierra y volver. Mucha gente ya tiene su vida hecha afuera y va a mantener ese modelo”, afirmó.
Así coincide Gustavo Arias, un ingeniero mecánico y empresario que llegó a Barranquilla hace ocho años, desde Barcelona, en el oriente de Venezuela, en busca de nuevas oportunidades. Hoy es propietario de una ferretería industrial. Su decisión de salir del país se dio cuando la crisis económica y social hizo inviable cualquier posibilidad de desarrollo profesional.
Con nostalgia narró que en Venezuela no existían las condiciones mínimas para crecer o emprender, especialmente para la población joven. “La mayoría de quienes migramos éramos personas menores de 40 años. En Venezuela no había ninguna manera de desarrollarse”, señaló.
Aunque reconoce el arraigo que sienten los venezolanos por su tierra, Arias no contempla un retorno en el corto plazo. “Uno siempre tiene la ilusión de que las cosas mejoren, pero personalmente no tengo planes de regresar por ahora”,
Sin embargo, aclaró que no descarta esa posibilidad a futuro, pero considera que muchos migrantes, como él, ya han construido una vida estable fuera del país.
“Hay personas más positivas con retornar rápido porque no han podido desarrollarse profesionalmente”, explicó. En su caso, la estabilidad laboral y empresarial alcanzada en Colombia pesa más.
Así como estos dos profesionales, muchos migrantes que se dedican en esta ciudad a oficios como el arreglo de uñas, estilistas, vendedores de tinto y trabajos técnicos, no todos contemplan regresar, no por ahora.
En el caso de Lisbeth Rivera, quien llegó a Barranquilla en 2016, desde Valencia, y después de mucho batallar en diferentes oficios, logró en la venta del tinto encontrar la estabilidad económica que no había podido tener en su país.
Con esta actividad pudo traer a sus hijos y sostener a su familia. “Vendiendo café me va mejor que trabajando para otros. Así pude pagar arriendo, servicios y sacar adelante a mis hijos”, explicó.
Sin embargo, fue enfática en afirmar en que ella sí regresará a su país, dejando a un lado el cariño que tiene por la gente de Barranquilla, piensa en la casa que dejó en Valencia y confía que con los anuncios por parte de E.E. UU. las cosas van a mejorar.
Ella y su pareja, también venezolana, planean volver porque en los chats que comparten con sus amigos ya se empiezan a ver ofertas de trabajo para trabajar en diferentes oficios en las petroleras.
“Yo sí volvería sin dudarlo, pero no para pasar necesidad. Quiero estabilidad, sueldos dignos y seguridad jurídica”, expresó.
Por el contrario, Francisco Moreno, de Maracaibo, con firmeza aseguró que no regresa a establecerse en su país, solo, como lo manifiestan sus paisanos, iría en plan de turismo y visitar a la familia.
Moreno tiene nueve años de haber llegado a Barranquilla, y con su permiso permanente ha logrado tener un trabajo estable, se casó con una colombiana y está a la espera de la entrega de su casa; es por esta razón que sus planes no son regresar.
“Me gustaría quedarme e intentar invertir aquí en algo distinto a lo que hago ahora. Barranquilla y Maracaibo son muy parecidas: el clima, la gente, el ambiente. Por eso me siento cómodo y no descarto seguir construyendo mi vida aquí”, afirmó.
Nueva ola migratoria
Ante el riesgo de un nuevo flujo migratorio desde Venezuela, la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) lideró la primera reunión de la Red de Ciudades para la Acogida, la Inclusión y el Desarrollo, para evaluar su capacidad de respuesta y mitigar impactos humanitarios, sociales y económicos.
Durante el encuentro, en el que participaron representantes de las alcaldías de Bogotá, Barranquilla, Cartagena, Cali, Bucaramanga, Medellín, Santa Marta y Necoclí, se advirtió que, en un escenario crítico, hasta 560.000 migrantes venezolanos podrían ingresar a Colombia.
Esta situación prendió las alertas teniendo en cuenta que las ciudades ya enfrentan limitaciones en salud, alojamiento temporal y atención social.
Mineducación activa plan de choque por inicio de año escolar
En el marco del inicio del año escolar 2026 en todo el territorio nacional, el Ministerio de Educación Nacional activó un plan de choque del sector educativo para garantizar el acceso, la permanencia y la continuidad en el sistema educativo de niñas, niños y jóvenes migrantes venezolanos.
Esta estrategia hace parte de las acciones prioritarias del Gobierno nacional para asegurar el derecho fundamental a la educación, con especial énfasis en zonas de frontera y territorios que enfrentan mayores desafíos derivados de la migración y contextos de conflictividad.
El plan contempla acompañamiento técnico, presencia institucional y trabajo articulado con las entidades territoriales certificadas en educación, con el fin de fortalecer la capacidad de respuesta del sistema educativo oficial.
Los departamentos priorizados son La Guajira, Arauca, Norte de Santander con énfasis en la región del Catatumbo, Vichada y Cesar.


















