'La noche anterior al sábado de Carnaval la pasé muy ansioso. Mientras todos disfrutaban del viernes de fiestas, yo estaba terminando los turbantes de los muchachos. Junto con mi esposa confeccionamos cada uno de los disfraces y les damos un toque diferenciador', relata Rildo Marriaga, director del Congo Parrandero.
Su primer baile fue el sábado por la Calle 17, y el día anterior Rildo realizó su último ensayo y coordinó toda la logística para el desfile. 'No tengo nada en contra de la Vía 40. Pero los palcos nos distancian de las personas y a nosotros nos gusta sentir a la gente cerca', cuenta.
La danza, que es una de las más tradicionales del Carnaval, toma sus características de las tribus guerreras del Congo, en África, y de las manifestaciones culturales que iniciaron en los cabildos negros de Cartagena. En Barranquilla, a través de un grupo de artesanos, aparece a finales de 1874, y desde esa época ha tenido una gran representación en los desfiles de las fiestas barranquilleras. Rildo es hijo de Julio Marriaga Camargo, uno de los precursores del Congo Grande de Barranquilla, una de las danzas más representativas de la tradición. Es conocido como ‘Camarguito’.

Elementos creativos acompañan la tradición.
Oficialmente la comparsa se creó en 2004 y, conservando la tradición, los ‘parranderos’ siempre se han distinguido por tener un turbante no tan cilíndrico y más con una forma de pirámide invertida. 'Mi esposa, Yolima Díaz, es quien confecciona los vestidos y los turbantes adornados con flores y una cola larga que puede llegar hasta los talones. Del machete y la vejiga de toro o cerdo nos encargamos los hombres, accesorios que acompañan nuestro disfraz', explica.
'El desfile de la calle 17 arranca a la 1 de la tarde, pero sabemos que el de la Vía 40 retrasa el nuestro un poco. Siempre cito a los muchachos a las 10 de la mañana para evitar percances; el que llegue tarde le toca maquillarse solo. Es un castigo. Aunque sea un maquillaje sencillo, blanco con dos bolas rojas en las mejillas hechas con pintalabios, todos los muchachos prefieren que se los haga mi cuñada Sandra o la señora Mirian, una gran amiga de la casa'.

Rildo Marriaga, director.
Marriaga y su grupo llegaron puntuales a la cita de la 17. El recorrido, sin embargo, se retrasó. 'Una y treinta y cuatro (dice mientras mira su reloj), esta espera es lo que más me pone ansioso. Para los nervios sírveme otro trago; esto también ayuda para mantenerme durante el baile', expresa mientras uno de los miembros del grupo le pasa un vaso de ron.
El encargado de logística le hace la seña y es el turno de bailar oficialmente. Rildo llama a sus muchachos, les da ánimo y con un grito arrancan con la coreografía. 60 jóvenes hacen parte de su grupo, 25 parejas y 10 más que se disfrazan de animales, quienes amenizan el baile o culebrilla de fauna. 'Somos una danza de raíces africanas, representando la tradición y el orgullo de Barranquilla. Desde octubre iniciamos los ensayos dos días por semana, pero intensificamos en las dos últimas. Martes y jueves nos damos cita en la terraza de mi casa en el barrio la Esmeralda para luego ofrecer lo mejor al público, sin improvisar', agrega el director, el cual lleva un sombrero adornado con cintas para diferenciarse de los otros danzantes.
Cuenta que siempre está pensando en Carnaval y tocando puertas para solicitar apoyo para su comparsa, realizando rifas para cubrir los gastos. 'Soy operario de Maquinas de una empresa de empaques, LitoPlas S.A. Mientras hago mi trabajo solo sueño con esto (señala al grupo): ver a mis muchachos desfilar alegres por las calles de Barranquilla. Es una tradición que llevo en las venas y toda mi familia participa. El que no baila nos ayuda cosiendo los vestidos o nos ayuda con el maquillaje', concluye Rildo.
El Congo Parrandero finaliza el recorrido en la cancha de fútbol del barrio Simón Bolívar, donde los espera un bus que los llevará de vuelta a casa. Ninguno se muestra cansado y piensan en mantener el entusiasmo para seguir derrochando alegría en el próximo desfile, la Gran Parada.


