“¡Ay, es el John, mi hijo! Qué bonito se ve”. La exclamación, acompañada de la sonrisa que el dolor de la violencia no le ha podido borrar de su rostro, por demás muy vistoso y dueño de unos expresivos ojos verdes, es de Vilma Inés Ayala Urzola, quien se sorprendió al ingresar el pasado 26 de marzo a la Casa O11ce y encontrar, en uno de los salones de memoria, las imágenes de los muchachos asesinados en los ‘falsos positivos’ del municipio de Toluviejo, pero esta vez proyectadas con inteligencia artificial (IA).
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La Turca, como es conocida en Toluviejo y en otros escenarios de justicia donde ella se ha hecho sentir con la dureza de sus pronunciamientos por el vil asesinato de su hijo John Jairo Colón Ayala, no conoce de IA, pero lo que sí reconoció es que, en esa foto, su hijo “se ve muy bello”, aunque aclaró que “siempre fue lindo”.
Con esta imagen, La Turca alimentó el álbum de su cabeza que, hasta antes de conocerla, solo estaba compuesto por una fotografía de saco y corbata en formato de 4x4 que John Jairo se tomó para unas hojas de vida, además de las dos fotocopias que le había sacado a la cédula de él, como si el destino le hubiera mandado, hace 19 años, una señal, y de las que señaló: “Aún las tengo guardadas en la casa”.
Reparó, tocó y volvió a detallar la imagen que la transportaba a cómo estuviera su hijo en estos momentos, y encontró lo que, según ella, le falta y que es muy importante: “Los ojos gatiados, que se parecían a los míos. Los sacó de mí”, añadió, llena de orgullo, aunque por dentro el dolor sigue intacto y las lágrimas siempre se han asomado.
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Anatael Garay, director de la Escuela de Bellas Artes y Humanidades de Sucre, y quien a través de la Gobernación hizo esta, que es una de las tantas donaciones que llegarán a la Casa O11ce por parte de estas entidades, se comprometió a entregarle a La Turca la foto como ella la quiere para que la tenga en su casa, promesa que la llenó de felicidad y le sacó una sonrisa en medio de la sobriedad del evento, lo que la hizo más visible entre las familias de las víctimas presentes en el acto de entrega del proyecto por parte de la Embajada de Noruega y de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Embelesada
En el otro extremo del salón de la memoria, encabezando la galería, está la imagen de Déiner José de Hoyos Rodríguez, o Danchi, como por cariño lo llamaba su mamá Leonor Rodríguez Pasos, quien al verlo en esa proyección quedó embelesada. No dejó de repararlo varios minutos, tocarle su rostro, como si lo tuviera de cuerpo presente. No pudo ocultar sus lágrimas y menos su voz quebrada. “Esto es bastante duro, saber que mi hijo ya no existe”.
Para ella, la muerte de su hijo ha sido lo más doloroso que ha afrontado, y no es para menos; vive frente al cementerio municipal, lo que le hace inevitable olvidar que allí están los restos de su muchacho. En estos casi 19 años se ha convertido en una de sus más asiduas visitantes.
Al igual que La Turca, Leonor se mostró feliz porque el proyecto de memoria y de dignificación de sus hijos ya es una realidad en Casa O11ce, y porque, además, gracias a las sugerencias de María Margarita Flórez, otra de las víctimas por ser la compañera sentimental de Carlos Alberto Valeta Jiménez, “tiene los negocios en los que vamos a trabajar. Tenemos todas las ganas de estar aquí, en Casa O11ce, sacándola adelante”.
No es un museo más
Y es que María Margarita, psicóloga social y embajadora de paz, siempre supo que “este no podía ser un museo o casa de la memoria más en el país y el mundo porque moría en el intento, debía tener las unidades productivas que generaran ingresos para las víctimas, para así cumplir los sueños de los que murieron al ser llevados por una falsa promesa laboral. Todos querían trabajar para sacar adelante a sus familias. En mi caso, yo estaba embarazada, tenía 4 meses, y Carlos se fue en busca de ese trabajo para, como familia, salir adelante”, recordó la joven, quien es, además, la representante legal de la Asociación de Víctimas de Toluviejo Hijos de la Verdad.
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Mientras María Margarita recordó que Carlos Alberto fue el primero de los que se fue a la entrevista de trabajo en julio de 2007 llevado por dos vecinos, Leonor rememoró el momento en el que le dio 200 pesos a Danchi para comprar la hoja de vida que debía llenar para ir a trabajar en una finca en el cuidado de unas reses en el municipio de San Marcos, sur del departamento de Sucre.
“Danchi era el menor de mis seis hijos. Ya había cumplido los 18 años, y ese 12 de julio de 2007 yo no lo vi irse, pero sí le había dado 200 pesos para comprar la hoja de vida. Me comentó de ese trabajo y, como yo vi que era bueno, no me opuse. Él deseaba que yo dejara de trabajar porque yo le vendía la comida a los miembros de una compañía que trabajaba aquí en Toluviejo y me desocupaba a las 10:00 de la noche todos los días y él quería que yo dejara de trabajar tanto. Siempre me dijo que quería que yo no siguiera trabajando”, narró Leonor.
Vilma Ayala expresó que quiere que Casa O11ce salga adelante, “que quienes visiten el municipio de Toluviejo lleguen a compartir con ellas y a conocer las verdaderas historias de los muchachos que mataron, que no eran ningunos guerrilleros, eran pelaos con sueños de trabajar”.
Los once jóvenes víctimas de estos falsos positivos atribuidos a la Fuerza de Tarea Conjunta de Sucre (integrada por Ejército y Armada), que comandaba el entonces teniente coronel Luis Fernando Borja Aristizábal, tenían entre 16 y 23 años, respectivamente.
No querían quedarse en su territorio picando piedra caliza, y por eso le apuntaron a la propuesta de cuidar fincas, lo que terminó siendo una mentira.
María Margarita espera que Casa O11ce, el proyecto reparador y sanador insignia de Colombia en estos momentos y que integra otras iniciativas productivas de exmiembros de grupos armados, como lo es la Federación Mesa Nacional del Café, de propiedad de firmantes del Acuerdo de Paz, pueda abrir muy pronto sus puertas al público para ofrecer sus servicios de casa de memoria, café, restaurante y cafetería, y, en un futuro, pastelería.
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Ella y los demás miembros de la Asociación de Víctimas de Toluviejo Hijos de la Verdad señalaron que esperan contar con los apoyos necesarios, incluidos los de la sociedad, para ser sostenibles en el tiempo, siendo el pago de la energía eléctrica uno de los compromisos que más les preocupan.
Elías Mejía, hermano de Luis Fernando, uno de los fallecidos en los ‘falsos positivos’, es el gerente de Casa O11ce. Sus conocimientos en contaduría, aunados a la preparación que le han ofrecido las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo llevaron a ser designado en ese cargo, desde el que anunció que trabajan en la consecución de aportes para lograr la dotación de todos los espacios y poder abrir las puertas al público, que lo tienen proyectado para julio.
“Mi invitación es a que apoyen a las familias, incluida la mía, que hoy son agentes de resolución de conflictos, que se atrevieron a transformar el dolor en nuevas oportunidades”.
Uno de los jóvenes sigue desaparecido
Los ‘falsos positivos’ de Toluviejo, como se le conoce a este caso se cobraron la vida de once jóvenes, uno de ellos menor de edad: Ebin David Paternina Parra, quien era, además, una persona con discapacidad cognitiva. Diez familias han podido cerrar el ciclo de dolor al encontrar y darles cristiana sepultura a los cuerpos de sus parientes, pero la madre biológica, su abuela y madre de crianza, y sus tíos, con los que se crió como hermanos, siguen sin saber el paradero de Ebin David.
Son 19 años de espera que se cumplen en agosto próximo. La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) ha exhumado en tres ocasiones el cementerio de Sucre -Sucre, donde se cree está el cuerpo, pero las labores han resultado infructuosas.


