Un día, Diógenes no se despierta, y los niños conviven con el cadáver de su padre durante tres días, esperando que despierte. Tras reconocer su muerte, Santiago y Sabina emprenden un viaje en busca de su pasado. La película aborda temas de identidad, autosuficiencia y autoempoderamiento en un contexto marcado por la violencia y la incertidumbre, reflejando la realidad de muchas familias peruanas en la actualidad. Barbuy ofrece una ópera prima que reflexiona sobre las consecuencias del conflicto armado interno en Perú, explorando las secuelas emocionales y psicológicas en un entorno postconflicto. La decisión del blanco y negro Barbuy diseña un entorno cerrado sobre lo irrecuperable, donde el duelo silencioso y la búsqueda espiritual se convierten en elementos centrales, y a través de símbolos y recuerdos, explora temas universales como la memoria, el perdón y la reconciliación. Y es que esta decisión de filmar en blanco y negro fue algo que estaba pensado desde la escritura del guion pues Barbuy mientras escribía se inspiraba en el archivo fotográfico de un amigo documentalista y este estaba todo en esa forma. Le hace caso a sus sueños “Yo suelo hacer mucho caso a mis sueños. Hago muchas cosas en mi vida respondiendo a eso. Entonces empecé a reflexionar sobre ese sueño y pues fue un encadenamiento grande que me llevó también a la sierra”.