Sociedad

Servirle a Dios y vender empanadas: la nueva vida de El Punto

Edwin Suárez vivió de la locución y  de la música por más de 20 años. Hizo parte de la agrupación urbana Jay y El Punto. 

De 2006 a 2014 cantaba reguetón para el público juvenil, cuando hacía parte del dúo Jay y El Punto.

En esa época iba de tarima en tarima interpretando los cuatro éxitos que los dieron a conocer nacional e internacionalmente. Ahora, Edwin Suárez Sarmiento, conocido como El Punto, canta solo para Dios y se mueve en nuevos escenarios.

Afuera de las clínicas de Barranquilla podía verse al artista, hasta antes del paro, llevando un mensaje de esperanza a través de la música, en medio de este tiempo difícil que atraviesa la ciudad, el país y el mundo. Alzar su voz para orar en nombre de las personas que padecen por la covid-19 y otras enfermedades, fue una iniciativa en la que acompañaba a una emisora de la ciudad para hacer cadenas de oración.

Edwin tiene la plena certeza de que así como Dios cambió su vida, tiene el mismo poder para hacer que la situación actual de nuestro país cambie, y por eso pone su música, su voz y sus ganas al servicio de Él. Este nuevo pensar surgió desde que decretaron el confinamiento obligatorio por primera vez, en Colombia.

“Cuando cerraron por primera vez el país en 2020, no tenía trabajo y estaba a punto de viajar  para Bogotá. A los 10 días de que me llamaran de una emisora inició oficialmente la pandemia. En ese momento no encontraba respuestas, así que empecé a ver las prédicas, a leer la biblia, a estudiarla y sentí que algo estaba pasando. Me olvidé por completo de la radio y no quise saber más nada de eso, simplemente sentí que Dios me dijo: —Estudia, que te voy a utilizar—“, dijo el hombre de 41 años a EL HERALDO.

En su cuarto adecuó el estudio de grabación para hacer música para Dios.
Más de 20 años en la música y la radio

Su sueño de pequeño fue ser un futbolista reconocido, pero ese objetivo cambió cuando conoció a un vecino que tenía un picó llamado ‘El Judío Estéreo’, en el barrio El Valle, en Barranquilla. En aquel entonces, lo encendían, lo sacaban a la puerta y eso llamaba la atención del joven soñador.

“De ahí en adelante él me invitaba a otros picós que ponían en distintos barrios. Cuando vine a ver, me metí de lleno en eso y dejé de lado el fútbol. Al ver que la música y la animación de turbos me gustaban, busqué una carrera afín y decidí estudiar Producción de Radio y Televisión”, indicó.

Sus pinitos en radio fueron en Caracol. Paralelo a la locución, se dedicaba a la música y cobraba por hacer los llamados vaciles y placas de picós para ganarse la vida. Creció tan rápido en el mundo radial que pasó a una emisora vallenata, en la época donde la nueva ola de este género apenas nacía.

Luego de seis años trabajando en la locución del vallenato recibió una oferta para laborar en una emisora juvenil de Bogotá. Según él, estando en ella se sentía como “pez en el agua”, pues los disc-jockey además de presentar, rapeaban e improvisaban. Fue en este fragmento de su vida en el que conoció a Joussef Ospino, su compañero de fórmula en Jay y El Punto, agrupación con la que alcanzó la fama y el dinero.

Fueron siete años del grupo urbano conformado por el sanandresano y el barranquillero donde tuvieron la oportunidad de colaborar con una nómina de artistas de la talla de J Balvin, Maluma, Dragón y Caballero, Reykon, Cosculluela, Jowell y Randy, entre otros. En su biografía musical pueden encontrarse cuatro éxitos: Dame tu calor, Al paso del amor, Bailemos otra vez y Te quiero de verdad.

La agrupación urbana Jay y El Punto.
Renunció a la fama y al dinero

Luego de haber llegado a lo más alto de los listados musicales en Colombia y en otros países, Jay y El Punto no lograron volver a la cima otra vez y se disolvieron tras la decisión que tomó Edwin.

“Después de un tiempo decidí separarme de Jay porque no se venían dando las cosas, no había presentaciones, estábamos en todos los medios pero la empresa no facturaba. Ya sacábamos y no pegábamos las canciones, la cosa se estaba complicando y pensé que era momento de hacer una pausa, respirar un nuevo aire”, aseguró.

El barranquillero afirma que su amistad no se vio afectada, ni hubo discusión tras la separación, pues fue una decisión que tomó porque “ya no sentía la química”, lo que los afectaba a la hora de hacer canciones y que se veía reflejado en las finanzas de la empresa.

“Fuimos firmados por Universal Music, tuvimos inversores, pero no teníamos los saberes empresariales. Incluso, una vez cometimos un error de hacer un video carísimo, que en esa época costó 30 millones de pesos y aunque salíamos en HTV al lado de Daddy Yankee y Wisin y Yandel, después no teníamos cómo invertir”.

Pasó de ser Jay y El Punto a ser solo El Punto, en una nueva agrupación llamada El Pentágono, en la que duró tres años. Finalmente las cosas no se dieron y le tocó volver a empezar.

Filadelfia, su nuevo rumbo

Se convirtió en solista, pero la situación no fue tan sencilla. Sus ingresos nunca volvieron a ser iguales y tuvo épocas económicas difíciles, en las que según cuenta, no tenía en su bolsillo ni $100.000, por lo que decidió volver a la radio. Justo en 2020 recibió ofertas para trasladarse a Bogotá y locutar de nuevo. Sin embargo, Dios lo quería en otro escenario.

“En pandemia aprendí muchas cosas y regresé a Bogotá a traerme mi estudio de grabación, pues no quería regresar a la radio porque implicaba cambiar mi relación con Dios, así que en el camino iba orando y le decía que me diera un nuevo trabajo en el que no me tocara hablar de reguetón, ni decir: ¿Dónde están las solteras?”.

En ese trayecto en el que viajaba de Barranquilla a Bogotá, en busca de su estudio de grabación, unos amigos que tenían una venta de empanadas, le hablaron sobre el negocio. Fue allí donde se dio cuenta que Dios había respondido a su llamado.

“Hoy tenemos una microempresa en la que fabricamos, distribuimos y vendemos empanadas de siete sabores. Empezamos a trabajar en mi barrio, salíamos a regalarles empanadas a los vecinos puerta a puerta. Somos una empresa familiar, empezamos con $50.000 y ahora tenemos dos puntos en la ciudad”.

Creó ‘Filadelfia donde Tota’ para la venta de empanadas y ‘Filadelfia Musik’, en la que produce canciones para otros artistas y compone temas para Dios. Edwin cambió su vida por elección propia y hoy, según afirma, no se arrepiente de sus decisiones.

“Créeme que nosotros hoy comemos más que antes, ya no tengo esos ahorros que tenía, la facilidad y todos los ingresos de antes que obtenía al trabajar en los medios de comunicación, pero hoy no me hace falta nada. Antes estaba bien, pero andaba mal, ahora ando bien”, finalizó.

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