¿Quién podría imaginarse que con palma de iraca se pueden hacer prendas de alta costura? Pues este material está originalmente asociado en Colombia simplemente con bolsos, sombreros y piezas decorativas, pero dos mentes brillantes de la moda y la artesanía decidieron innovar con este material que tiene mucha identidad y que por su complejidad desafía por naturaleza la realización de piezas que están pensadas para lucir en el cuerpo.
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La diseñadora de modas Alejandra Parra Parodi, oriunda de Montelíbano y la artesana Marelys Esther Escalante, de Usiacurí; encontraron esa nueva forma de expresión en la colección ‘Skins for Undomesticated Thoughts (Pieles para pensamientos salvajes)’, que ya ha pasado por tres pasarelas en Nueva York, incluido el New York Fashion Week (NYF 2026), y nació como parte de la tesis de maestría de Parra en Parsons School of Design, una de las instituciones de moda más prestigiosas del mundo. “Quería traer a Colombia dentro de mi colección, pero que además tuviera una historia importante por contar”, dijo la diseñadora a EL HERALDO.

El conjunto de prendas están inspiradas en escritoras del Boom Latinoamericano y en la tensión entre lo femenino y lo masculino, presente en sus narrativas. Parra decidió integrar a su colección una técnica artesanal del Caribe colombiano. Fue entonces cuando encontró en la palma de iraca el lenguaje perfecto para materializar su visión.
Artesanía que viste el cuerpo
Lo innovador no solo estuvo en el concepto, sino en el reto técnico, llevar una fibra natural, flexible pero frágil, usualmente destinada a accesorios y artículos para el hogar, al terreno de prendas estructuradas de alta costura. “Yo le propuse a Marelys algo muy ambicioso, le pregunté: ‘¿qué tal si hacemos ropa?’. Primero hablé con otra artesana y no le sonó la idea porque era un reto muy grande, pero Marelys me dijo: ‘vamos a hacerlo’, ella es una gran artista que se le mide a muchas cosas”, recordó en entrevista con esta casa editorial.

La alianza entre ambas implicó un intenso laboratorio textil desarrollado entre Colombia y Nueva York. Mientras Escalante aportaba su conocimiento sobre el comportamiento de la fibra y las técnicas de tejido, Parra exploraba cómo adaptar ese material al cuerpo humano.
Ingeniería y moda artesanal
“Había que pensar esto como arquitectura sobre el cuerpo. No es una tela convencional, así que tuvimos que construir prototipos como si fueran estructuras o edificios”, mencionó la diseñadora.
El resultado fueron piezas como leggings en espiral, kimonos con mangas estructuradas, corsés, cinturones y minifaldas con siluetas retro inspiradas en finales de los años 70 y principios de los 80 con una estética escultórica y contemporánea. Para Parra, más allá del éxito comercial y estético, la colección también representa una reivindicación del saber artesanal colombiano ante el público internacional.

“Afuera de Colombia hay mucha admiración y respeto por estas piezas. Cuando conocen la historia de Marelys, de dónde viene el material y cómo se hace, lo tratan como algo casi sagrado”, afirmó la cordobesa.
De Usiacurí a pasarelas
Marelys por su parte, destaca que esta propuesta no solo posiciona el trabajo artesanal de Colombia en escenarios globales, sino que “resignifica la palma de iraca como una materia prima capaz de dialogar con la magia del diseño de moda y la experimentación textil”.
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Actualmente, ambas continúan trabajando bajo pedido en piezas más portables, como corsés, cinturones y accesorios sobre prendas.




















