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Hay niños que nacen con una sonrisa distinta y familias que, desde el primer momento, sienten miedo por no saber cómo enfrentar el camino que viene. Pensando justamente en ellos, la Fundación Fábrica de Sonrisas CRILAP lanzó un nuevo programa de apadrinamiento con el que espera seguir transformando la vida de menores con labio y paladar fisurado en la región Caribe.

Desde hace 28 años, esta organización sin ánimo de lucro acompaña a niños que necesitan mucho más que una cirugía. Detrás de cada caso hay procesos médicos, terapias, apoyo emocional y familias enteras buscando una oportunidad.

“Realizamos más de 200 cirugías al año, pero el tratamiento no termina ahí. Nosotros acompañamos a los niños hasta que cumplen la mayoría de edad”, explicó Claudia Araújo, directora ejecutiva de la fundación.

La atención incluye especialistas en nutrición, pediatría, psicología, trabajo social y fonoaudiología, áreas fundamentales para el desarrollo de los menores.

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“Lo que buscamos es que ellos tengan todas las herramientas para continuar con su vida y que esta condición no termine afectando su futuro”.

Muchos de los pacientes llegan desde distintos rincones de la Costa Caribe. Algunos vienen de municipios apartados y, en ocasiones, ni siquiera cuentan con dinero para transportarse hasta Barranquilla.

“No atendemos solamente niños de la ciudad. Tenemos pacientes de toda la región Caribe y muchas veces nosotros mismos debemos ayudarles con el transporte”, contó la directora.

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Ayuda prioritaria

La fundación funciona actualmente en la torre médica de la Clínica Porto Azul, donde realizan las cirugías gracias a un convenio que les permite reducir costos y facilitar la atención de los menores.

“Ellos nos brindan apoyo con las horas de quirófano y los especialistas, y eso ha sido muy importante para nosotros”, agregó.

Con el nuevo programa, la organización busca conseguir al menos 65 padrinos o madrinas que aporten desde 75 mil pesos mensuales durante un año. Ese dinero ayuda a sostener los tratamientos, terapias y procesos médicos de cada niño.

“Cada vez es más difícil conseguir recursos. Nosotros vivimos del apoyo de empresas y personas naturales, pero seguimos trabajando porque sabemos que detrás de cada cirugía hay una vida que cambia”, afirmó Claudia.

La directora asegura que el mayor orgullo de la fundación es ver crecer a quienes un día llegaron siendo apenas unos niños.

“Hoy tenemos pacientes que ya son profesionales y eso demuestra que todo este esfuerzo vale la pena”, expresó.

Las personas interesadas pueden hacer un aporte mensual desde sus aplicaciones bancarias siguiendo unos sencillos pasos. Primero deben ingresar a la sección de transacciones y buscar la opción de pago o inscripción de facturas. Luego deben registrar el convenio 23535 y seleccionar a la Fundación Fábrica de Sonrisas CRILAP.

Después, la persona debe completar sus datos personales, ingresar su cédula o NIT y finalizar la inscripción.

Una vez registrado el convenio, podrá programar el aporte mensual seleccionando la cuenta desde donde saldrá el dinero y definiendo el valor y la frecuencia de la donación.

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Un proceso complejo

Ese acompañamiento también incluye a las familias, que muchas veces llegan golpeadas emocionalmente tras recibir el diagnóstico.

“Para una mamá no es fácil enterarse de que su hijo viene con esta condición. Es una noticia difícil porque todos esperan que su bebé nazca sano”, dijo Araújo.

Por eso, uno de los mensajes que más repiten en la fundación es que ninguna familia está sola.

“Nosotros estamos aquí para apoyarlos. Con el debido proceso de rehabilitación los niños pueden recuperarse y salir adelante”, afirmó.

Aunque no existen cifras exactas sobre cuántos menores necesitan este tipo de atención en el Caribe, Claudia asegura que muchos casos ni siquiera aparecen en los registros.

Aunque el sistema de salud debería garantizar las cirugías y tratamientos, muchas familias terminan buscando ayuda porque no encuentran respuesta en las EPS. “Nosotros muchas veces ayudamos hasta con el transporte porque hay familias que no tienen cómo venir”, afirmó.

La directora asegura que muchas familias llegan sin recursos y enfrentando no solo problemas médicos, sino también rechazo social, burlas y discriminación hacia los menores, por lo que desean romper estos estereotipos.