El ser querido, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen presentada en Cannes, evoca inevitablemente Sentimental Value, al compartir una premisa similar como es la relación entre un padre ausente y su hija, atravesada por la culpa y el deseo tardío de redención. En ambos casos, el padre es un cineasta consagrado que ofrece a su hija, también actriz, una oportunidad profesional que encubre tensiones más profundas.

Sin embargo, Sorogoyen se distancia de ese punto de partida para construir una obra más áspera y crítica. Esteban (Javier Bardem) es un director autoritario, egocéntrico y emocionalmente incapaz de reconocer el impacto de sus acciones sobre los demás. La película no solo aborda el vínculo familiar, sino que también señala las dinámicas de poder y abuso que pueden surgir dentro de la industria cinematográfica

El reencuentro con su hija Emilia (Victoria Luengo) expone una historia marcada por silencios y conflictos no resueltos. Cuando él le ofrece el papel protagonista en su nueva película, Emilia se enfrenta a una mezcla de sorpresa, ambición e inseguridad, consciente de que su carrera no ha alcanzado grandes hitos y de que el peso del apellido puede condicionar la recepción pública.

A medida que avanza el rodaje, la ilusión inicial se disipa. Esteban revela su verdadera naturaleza, ejerciendo un trato humillante hacia actores y equipo. Su obsesiva necesidad de control deja entrever una profunda inseguridad, convirtiendo el set en un espacio de tensión constante.

El proyecto que dirige —un drama histórico ambientado en el Sáhara de los años treinta— funciona como metáfora de ese entorno hostil, donde las relaciones se erosionan progresivamente. La frustración del equipo se hace palpable, derivando incluso en abandonos, pero es la relación entre padre e hija la que articula el núcleo emocional del relato: una conexión marcada por el daño acumulado y la imposibilidad de reparar el pasado

Las interpretaciones de Bardem y Luengo sostienen la película con solidez. Destaca especialmente la contención emocional de Emilia, atrapada en una experiencia que oscila entre la validación profesional y el desgaste personal. Sorogoyen firma así una reflexión incisiva sobre el poder, la familia y las heridas que el tiempo no logra cerrar.

@GiselaSavdie