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Si usted cree que el descanso nocturno es solo un hábito más de la rutina diaria y que puede sacrificarlo sin mayores consecuencias, tal vez debería prestar atención. Entre jornadas largas, trabajos exigentes y el uso constante del celular, muchas personas han empezado a ver como normal acostarse tarde y levantarse temprano, durmiendo apenas tres o cuatro horas.

Sin embargo, especialistas en salud advierten que dormir bien no es un simple hábito que se pueda aplazar. Es una función esencial del cuerpo, tan importante como comer, respirar o tomar agua. Mientras usted duerme, el organismo realiza procesos fundamentales para recuperarse, equilibrarse y proteger la salud física y mental. Por eso, restarle importancia al sueño puede tener efectos mucho más profundos de lo que muchos imaginan.

Las cifras reflejan la magnitud del problema. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cerca del 40 % de la población mundial presenta algún tipo de dificultad para dormir.

En el país, la situación es incluso más marcada, ya que la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño estima que alrededor del 59 % de los colombianos tiene algún trastorno relacionado con el sueño, y más del 40 % ha tenido que recurrir a medicamentos para poder descansar.

Detrás de estos números hay un aspecto clave, y es que el cuerpo humano necesita un tiempo mínimo de sueño para funcionar correctamente. La mayoría de los adultos requiere entre siete y nueve horas cada noche para recuperarse.

En los niños y adolescentes la necesidad es aún mayor, porque su organismo está en pleno desarrollo. Los recién nacidos pueden dormir entre 16 y 18 horas al día; los niños de 3 a 5 años entre 10 y 13 horas, y los escolares y adolescentes al menos 10 horas cada noche.

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“Mientras el cuerpo descansa, el cerebro entra en una fase de alta actividad en la que organiza recuerdos, procesa emociones, fortalece conexiones neuronales y activa mecanismos de depuración que solo funcionan durante la noche, por lo que no debemos tomar a la ligera el hecho de dormir bien”, explica Leonardo Palacios Sánchez, profesor de la Universidad del Rosario.

Ojo a las consecuencias

Uno de los descubrimientos más relevantes en la investigación del sueño es el funcionamiento del sistema glinfático, una red encargada de eliminar desechos metabólicos del cerebro durante el descanso profundo.

“Cuando las horas de sueño son insuficientes, este proceso de limpieza se reduce, lo que puede afectar funciones cognitivas esenciales como la memoria, la atención, la capacidad de aprendizaje y la regulación emocional”, dijo Palacios.

Dormir poco también tiene efectos visibles en la vida cotidiana. “La privación crónica del sueño se asocia con mayor irritabilidad, dificultades de concentración, aumento del apetito, errores en tareas diarias y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Además, puede incrementar la probabilidad de microsueños y accidentes, especialmente en actividades que requieren atención sostenida”.

Las horas de descanso no solo permiten recuperar energía física, sino que también cumplen un papel clave en el equilibrio emocional y psicológico.

“No dormir bien es no vivir bien. El sueño es fundamental para procesar las emociones, controlar el estrés y mantener la estabilidad mental”, expresó la psicóloga Tatiana Martínez.

Uno de los efectos más comunes aparece en el estado de ánimo. Dormir poco afecta procesos químicos del cerebro relacionados con la sensación de bienestar.

Martínez resalta que estos cambios emocionales no deben subestimarse. “Esto provoca irritabilidad, mal humor y exaltación y en algunos casos puede llevar a la tristeza, a la apatía y con el tiempo contribuir a la depresión”, indicó.

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Relación con el peso corporal

El descanso también es clave para el control del peso y la salud metabólica. Según el médico internista Eder Hernández, la falta de sueño puede contribuir al aumento de peso y al desarrollo de enfermedades crónicas.

“Cuando el cuerpo no descansa lo suficiente, se altera el equilibrio de dos hormonas fundamentales: la leptina y la grelina. La leptina es la encargada de generar sensación de saciedad, mientras que la grelina estimula el apetito. Dormir poco disminuye la leptina y aumenta la grelina, lo que se traduce en más hambre y mayor ingesta calórica”.