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La fiesta ya se acabó, pero todavía queda espacio para la reflexión. Y si hablamos de sectores que lograron consolidarse en esta edición 2026, debemos mencionar a Alameda del Río, donde no hubo una sola valla, ni filas de sillas durante el desfile infantil ‘Herederos del Patrimonio’, celebrado el pasado 25 de enero por el Carnaval de la 44.

“Ese desfile ya quedó ahí matriculado. El plan es mantenerlo y, si es posible, ampliar el recorrido para que más personas lo disfruten, pero sin convertirlo en negocio, que todos tengan posibilidad de disfrutarlo”, dijo a EL HERALDO el director del Carnaval de la 44, Édgar Blanco.

Y es que en Barranquilla, el goce se enciende en cualquier esquina, una oportunidad para que nadie se quede por fuera. Además, Blanco resalta en que ese es el modelo que quieren fortalecer, el del rebusque digno.

“Todo el mundo goza, pero también sirve para que la gente se rebusque a lo bien, que la gente viva desde su sector, desde su casa, desde el bordillo, el carnaval popular porque esta es la verdadera esencia de lo que nosotros somos como Caribe”.

Este primer desfile superó expectativas y convocó a una asistencia masiva del pueblo barranquillero. Más de 60 agrupaciones hicieron parte del recorrido: 29 comparsas, 17 grupos de danzas tradicionales y folclóricas como mapalé, congo, porro, danza urbana y danzas especiales, además de 16 cumbiambas y 7 disfraces.

A la medianoche del lunes de Carnaval, cuando muchos ya pensaban en regresar a casa, en Alameda del Río todavía había fiesta. Édgar Blanco, salió del Salón Burrero y se encontró con una escena que, asegura, resume lo que quieren para la ciudad.

“Había una olla servida en vasitos de 10 mil pesos, vecinos vendiendo espuma, fritos y bebidas, y familias completas disfrutando sin vallas ni exclusiones”.

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Este Salón Burrero y Porrovía, habilitado sábado, domingo y lunes de Carnaval. Durante tres días, el espacio reunió a cerca de 20.000 asistentes y presentó a más de 12 artistas de música tradicional y popular con precios accesibles. En tarima estuvieron agrupaciones como los Gaiteros de San Jacinto, Sonora 26, Cumbia Caribe, Akanny, Oscar Gamarra, Charanga Joven y Juan Piña, entre otros.

“El evento fue espectacular, la Policía nos felicitó, la comunidad nos felicitó, no hubo un solo altercado, una sola discusión, una sola pelea”.

Descentralizar la fiesta

La experiencia en Alameda del Río hace parte de una estrategia más amplia que es descentralizar el Carnaval. Blanco asegura que han atendido el llamado del alcalde de llevar la fiesta a todos los rincones de Barranquilla. “¿Por qué no hacer eso mismo en Caribe Verde, por qué no hacerlo en el malecón de Rebolo, por qué no hacer actividades en el norte de la ciudad? Todos necesitan y merecen gozar de estos espacios”.

El objetivo es que la gente no tenga que tomar un taxi para disfrutar. “Que camine ocho o diez cuadras, esté cerca de su casa y se divierta, tenga posibilidades de apreciar y participar del Carnaval”.

Otros sectores como Ciudad Mallorquín también podrían servir de escenario para llevar una fiesta que es Patrimonio de la Humanidad.

¿Qué pasó con las sillas?

Otro de los temas que más ruido hizo este año fue el precio de las sillas en los desfiles. “Nos pusimos nerviosos, preocupados. Todo comenzó cuando en La Guacherna se dispararon los valores y empezaron los rumores de que el sábado de Carnaval, en la 44, una silla podría llegar a costar 50.000 pesos. Entonces nosotros dijimos, pero ¿cómo así? Si los eventos nuestros son gratuitos, ¿por qué alguien tiene que cobrar 50.000 pesos? ¿A razón de qué?”.

Para Blanco, la esencia del desfile de la 44 está en el bordillo, en el barrio, en la economía popular que se mueve alrededor del recorrido. “Nosotros nacimos como esa alternativa de un gran sector de la comunidad barranquillera, que le gusta el bordillo, que le gusta que pase su desfile por su barrio, por su casa”.

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Habla de la señora que vende agua, del joven que ofrece cervezas, del vecino que saca la mazorca, el chuzo, la arepa o el algodón de azúcar. “Toda una economía informal que a nosotros nos agrada. Esto le permite a muchas familias conseguir recursos para solventar una crisis de pronto de la casa, para comprar los libros del nieto, del hijo”.

La preocupación los llevó incluso a plantearse mover el desfile. “Si eso es así, vamos a tener que pensar para dónde nos llevamos este desfile. Tras reuniones con la Alcaldía y la Secretaría de Espacio Público, los precios bajaron a 35.000 pesos, aunque sigue siendo alto”.

Por eso, anuncia que en marzo tocarán las puertas del Concejo para impulsar una regulación. “Que haya una política pública para la explotación del espacio público en eventos gratuitos, que la silla sea un valor accesible a la gente, al pueblo”.

¿Y la monarquía?

Sobre la monarquía del Carnaval de la 44, asegura que están evaluando el formato. “Estamos satisfechos, orgullosos de todo el trabajo que hicieron nuestros reyes. Sin embargo, revisaremos detalles logísticos y opiniones para decidir si mantienen el esquema o exploran uno nuevo para evitar comparaciones y que en escenarios como la coronación vendan las boletas a unos precios exorbitantes”.

El balance, dice, es positivo. Pero deja claro que el próximo año la discusión será más amplia. “Venimos con más energía, más fuerza y con más patrimonio”.