Decía Gabriel García Márquez que cuando él estaba en el Caribe su cuerpo se acomodaba y se reajustaba por una “identificación total del cuerpo con el medio” con el sol, con la comida y todo aquello que corre por las venas. Y eso, seguramente, fue lo que sintieron los millones de latinos que vieron cómo un artista, en el escenario más importante de los norteamericanos –el Super Bowl- hizo una oda a la cultura latinoamericana cuando más ha sido puesta en riesgo.
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Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny, ‘El conejo malo’, ese reguetonero que de una u otra manera también ha sufrido de ese racismo y segregación cultural envió un mensaje lleno de amor y unión, cargado de simbolismo y en español, porque el domingo no fue el Super Bowl, fue el Supertazón.
En medio del cañaduzal que armó como escenario todo fue una caricia al alma latina, caribeña y antillana, con el coco frío que refresca después de una jornada bajo el sol inclemente, una buena partida de dominó con los amigos. Todo eso representado mientras su música, que incitaba a la más grande fiesta, sonaba.
“Si hoy estoy aquí es porque nunca deje de creer en mí y tú también deberías creer en ti, vales más de lo que piensas”, fue de las primeras cosas que dijo el artista en medio del histórico show que, según cifras no oficiales, superó los 135 millones de vistas.
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En los 13 minutos que duró el espectáculo logró hacer un cúmulo de homenajes como el pequeño dormido en tres sillas, en medio de una boda, como si pudiera pasar en cualquier punto geográfico de Latinoamérica, que dicho sea de paso, fue verdadera, la pareja estaba realmente celebrando su matrimonio.
O de igual forma cuando subió en un poste de luz luego de un apagón para cantar la canción del mismo nombre en la que hace una denuncia a la apropiación cultural y las condiciones energéticas de la isla, especialmente después del huracán María. También las plantaciones bananeras y un Ricky Martin espléndido interpretando el himno contra la gentrificación, Lo que le pasó a Hawaii.
Un trago donde Toñita
O qué decir cuando en medio de la canción Nuevayol el artista rindió rindió homenaje a María Antonia Cay, más conocida como Toñita, la dueña del Caribbean Social Club -uno de los últimos clubes sociales puertorriqueños que quedan en Nueva York.
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Durante el espectáculo, la octogenaria -que siempre lleva el pelo rubio platino y grandes anillos en sus dedos- le sirve un trago a Bad Bunny, un claro guiño a la letra de la canción que dice: “Un shot de cañita en casa de Toñita”.
“Gracias, Benito, por la invitación que nos diste. La hemos pasado bien chévere. Y gracias a Dios que te hemos visto y pudimos compartir contigo. Que Dios te bendiga y que sigas triunfando”, dijo Toñita en una historia de Instagram tras participar en el espectáculo.
El lugar es una institución tan emblemática en Nueva York que para celebrar sus 50 años, en el verano de 2024, se cerró la calle de Grand Street, y se instalaron varios escenarios y puestos con comida gratuita -ya que el club social siempre ofrece a sus clientes comida casera gratis-.
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Mensajes en la moda
También, con un vestido a medida de la firma dominicana Luar y con un ejemplar de la Flor de Maga puertorriqueña sobre uno de sus tirantes. Así apareció y cantó Lady Gaga en la Super Bowl, todo un gesto de apoyo a lo latino en la gran noche de Bad Bunny y de la defensa de los inmigrantes en Estados Unidos.
Diseñado por el dominicano Raúl López, el vestido drapeado azul celeste que hacía un guiño al primer color del triángulo de la bandera puertorriqueña, que estuvo vigente entre 1895 y 19 52. Luego se oscureció el tono de azul sobre el que está dibujada la estrella blanca.
La firma Luar publicó en Instagram una foto de Lady Gaga junto a Bad Bunny, acompañada del texto “por la cultura y por todos los inmigrantes, así es como nos unimos”.
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El vestido combinaba estructura y fluidez, con un cuerpo entallado y una falda amplia pensada para acompañar el movimiento escénico de la artista que actuó junto a Bad Bunny, que lució un diseño a medida de Zara y unas zapatillas Adidas.
Uno de los elementos más comentados del vestido fue el broche que la cantante portaba en el vestido: una roja Flor de Maga, declarada flor nacional de Puerto Rico en 2019 y uno de los símbolos botánicos más representativos de la isla, que la artista lució sobre el tirante derecho del vestido, con escote pronunciado en V.
Un ‘mini’ Bad Bunny
Y, volviendo a eso que dijo en un inicio, que nunca dejó de creer en él mismo, Benito “viajó al pasado” y le entregó a su “yo” de niño el Grammy conseguido hace apenas una semana al Mejor álbum del año con un disco enteramente en español, un hecho sin precedentes.
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El encargado de interpretar su versión de pequeño fue el actor de origen argentino y egipcio, otro guiño más a los migrantes, Lincoln Fox, quien dijo: “Un día emotivo e inolvidable al ser elegido para interpretar al joven Benito: un momento simbólico en el que el futuro le entrega un Grammy al pasado. Un recordatorio de que los sueños se cumplen y de que nunca es demasiado temprano para soñar en grande”.
América somos todos
Pero sin duda alguna el gran mensaje con el que cerró que América no es un país sino un continente en el que cabemos todos ha calado en lo más profundo. Mencionando a todos los países que hacen parte de este lado del mundo, Benito cuestionaba las políticas migratorias del presidente Trump.
“Creo que es reivindicativo, especialmente por el momento geopolítico que vivimos, con la operación ilegal de Estados Unidos en Venezuela, violando la soberanía venezolana, con todo el chantaje que ha hecho la Administración de Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, contra los Gobiernos de América Latina”, aseguró el investigador puertorriqueño Cruz Bonlarron Martínez.


