La Creatina es uno de los suplementos más populares en el mundo del fitness y la nutrición deportiva.
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Su uso ha dejado de ser exclusivo de atletas de alto rendimiento y ahora es común entre personas que buscan mejorar su fuerza, aumentar masa muscular o incluso potenciar su bienestar general. Pero, no todo lo que se dice sobre este compuesto aplica por igual a todas las edades.
En términos biológicos, la creatina es una sustancia que el propio organismo produce y almacena principalmente en los músculos. Su función clave está en el sistema de energía rápida del cuerpo, permitiendo realizar esfuerzos intensos en periodos cortos. Este efecto ha sido ampliamente respaldado por la ciencia, demostrando mejoras en fuerza, potencia y recuperación en adultos sanos.
Investigaciones lideradas por expertos como Darren Candow han confirmado que, en personas adultas, su consumo es seguro incluso a largo plazo. Uno de los temores más extendidos el posible daño renal no ha sido comprobado en individuos sin enfermedades previas, siempre que se respeten las dosis recomendadas.
Estudios recientes analizan su posible impacto en enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer y el Párkinson, debido a su papel en el metabolismo energético de las neuronas. Aunque los resultados aún no son concluyentes, el campo sigue en desarrollo.
¿Menores puede tomar creatina?
El panorama cambia cuando se habla de menores de edad. A diferencia de lo que ocurre en adultos, no existe suficiente evidencia científica que respalde el uso rutinario de creatina en niños y adolescentes.
Aunque no está completamente prohibida, su consumo generalizado en esta población no es recomendado, especialmente en jóvenes sanos que practican deporte de forma recreativa.
En algunos casos clínicos específicos, como enfermedades neuromusculares, su uso puede considerarse bajo estricta supervisión médica. Pero fuera de ese contexto, los expertos coinciden en que no debería formar parte de la suplementación habitual en menores.
Otro factor clave es la forma en que muchos jóvenes acceden a este suplemento. Influencias externas como redes sociales, entrenadores o compañeros suelen impulsar su consumo sin una evaluación adecuada. Esto puede derivar en errores de dosificación, uso de productos de baja calidad o ausencia de seguimiento profesional.


