Los 90 minutos fueron una montaña rusa para Julio Comesaña. El entrenador de 69 años de edad, vivió su partido 448 al frente de Junior, con tranquilidad, desespero, rabia, angustia y alegría. El colombo-uruguayo, en el génesis de su séptimo ciclo como timonel rojiblanco, vivió una especie de apocalipsis cuando Fáiber Mercado consiguió la igualdad parcial para Cortuluá.
Sin embargo, terminó dichoso y orgulloso con la victoria final de los tiburones (2-1), la 196 que saborea Comesaña en toda su historia en el banco juniorista.
Vestido con pantalón gris y camisa blanca, Comesaña salió de nuevo a la cancha del estadio Metropolitano Roberto Meléndez. En medio de aplausos y el infaltable grito: '¡Buena pelo 'e burra!'.

Aunque otros quisieron darle un poco de más altura al popular apodo ('¡Vaya cabello de asno!'), todos, en el fondo, lo que querían era darle ánimo al entrante orientador. El buen comienzo de su equipo lo mantuvo tranquilo en la raya. Pero a medida que el juego avanzaba, don Julio se fue soltando. Caminaba de un lado a otro, como león enjaulado, cuando no llegaba el gol.
Con energía y vigor, regañaba a sus dirigidos y les dictaba instrucciones. Una botellita de agua, de la que tomaba un sorbo de vez en cuando, era su único acompañante. Comesaña estaba en la raya, imperturbable y concentrado en el juego.
El gol de Sebastián Viera, le devolvió la sonrisa que se había ido desdibujando de su rostro. Levantó los brazos y los agitó feliz. En medio de su celebración, se acordó de alguna instrucción y empezó a explicarla a la distancia.

Ya en el segundo tiempo, cuando el equipo no encontraba el segundo tanto, Comesaña comenzó a despesperarse y preocuparse. Mucho más después del gol de Mercado, que seguramente lo hizo lanzar uno que otro lamento impublicable al aire o entre dientes. No era visible eso desde la tribuna.
El golpe visitante no lo amilanó, se mantuvo pegado a la raya, señalando, animando, empujando, hasta que le volvió el alma al cuerpo con el golazo de Sebastián Hernández. Comesaña ahí si gritó con todo el gol.

Cuando el árbitro sonó el silbatazo final, abrazó a Jesús Murillo, a Toloza y a todos los jugadores que se cruzaban en su camino. Tantos, gritos, tanto sufrimiento, tantas emociones, valieron la pena, Julio VII ya celebra su primer triunfo en el primer juego en este nuevo ciclo.
'Me gustó el equipo, nunca se entregó, siempre luchó, siempre trabajó, yo creo que fue un triunfo merecido', expresó Comesaña en la rueda de prensa, aún con la emoción de la victoria fresquita.





















