Santiago Botero busca abrirse espacio como una figura disruptiva y difícil de encasillar en las elecciones presidenciales. Empresario, activo en redes sociales y con un discurso que mezcla propuestas económicas radicales, críticas a la corrupción y una fuerte narrativa social, el candidato asegura que las encuestas no reflejan el verdadero sentimiento ciudadano y que la gran sorpresa de los comicios del 31 de mayo aún está por verse.
Las encuestas muestran hoy a tres candidatos liderando la intención de voto, pero usted insiste en que hay un electorado mucho más amplio y descontento. ¿Cómo se siente frente a este panorama?
Me siento muy bien y muchas gracias. Mire, el tema de las encuestas siempre ha sido complejo. Toda la vida se ha hecho política a través de las encuestas, muchas veces como mecanismo para atraer inversionistas o construir alianzas políticas. Por eso existe ese dicho de que “el que va ganando es el que paga la encuesta”. Además, hay grupos políticos y económicos que terminan teniendo influencia sobre las encuestadoras. Entonces uno ve encuestas asociadas a ciertos sectores políticos y eso genera dudas. Las encuestas son apenas una muestra pequeña de la población. Hoy, gracias a Dios, existen las redes sociales, y ahí hay millones de datos reales, sin filtros. En una encuesta usted puede manipular muchas cosas: dónde la hace, cómo formula la pregunta, a quién llama. Mucha gente ni siquiera responde. En cambio, las redes muestran el sentimiento real de la calle.
Hace cuatro años Rodolfo Hernández sorprendió a todo el mundo usando TikTok. Hoy TikTok, Facebook y YouTube tienen todavía más alcance. Y en esas plataformas nosotros tenemos muchísimo crecimiento. Cuando uno sale a la calle siente ese respaldo. La gente me habla, me reconoce, me pide fotos o videos. Ahí es donde yo creo que va a estar la gran sorpresa de esta elección. Yo soy el único que habla del tema social como lo hacía Petro, pero no soy petrista ni de izquierda. Nunca he tenido relación con Petro. Simplemente hablo de los problemas sociales que vive el país y de cómo resolverlos.
Usted aparece como una figura difícil de encasillar. ¿Cree que ahí está parte de su fortaleza?
Puede ser. Cuando la gente me quiere encasillar se da cuenta de que no encajo ni en la izquierda ni en la derecha tradicional. Si ser de izquierda es preocuparse por lo social, entonces yo sería de extrema izquierda. Toda mi vida he ayudado gente con mi propio dinero. Durante la pandemia ayudé a miles de familias con un proyecto llamado Fondo de la Gente. Pero también me dicen que soy de extrema derecha porque hablo duro contra la corrupción y el crimen. Entonces, ¿qué soy realmente? Yo digo que soy una persona de centro, alguien que toma cosas de ambos lados.
El gran problema de Colombia es la corrupción. El sistema prácticamente obliga a que todos terminen cayendo en prácticas corruptas porque la impunidad es enorme. Y tanto la derecha como la izquierda han sido selectivas con la justicia. Aquí nadie puede tirar la primera piedra. Yo creo en un capitalismo consciente y progresista. Los gobiernos de izquierda hablan mucho de ayudar a los pobres, pero no saben producir riqueza. Entonces terminan castigando a quienes generan empleo y el resultado es que el rico sigue siendo rico y el pobre sigue siendo pobre.
Usted ha hablado de transformar completamente el modelo económico del país. ¿Cuál sería la base de esa transformación?
Colombia está hecha para fracasar y aun así los colombianos producen y salen adelante. Tenemos IVA del 19 %, impuestos altísimos, gasolina costosa, peajes caros, corrupción en la infraestructura y un Estado que en lugar de ayudar al empresario lo asfixia. Lo primero que haría sería bajar el IVA al 7 % y la renta al 10 %. Hay que simplificar el sistema y acabar con una cantidad de cargas que frenan la productividad. También vendería todas las empresas del Estado y esos recursos los pondría en un gran fondo para apalancar infraestructura. Quiero convertir a Colombia en una potencia logística: aeropuertos, puertos, trenes, carreteras y proyectos gigantescos que transformen la economía. La contratación pública debe cambiar totalmente. Hoy los estudios previos y los requisitos terminan matando la innovación. Lo que hay que evaluar es quién entrega la mejor obra, más rápido y más barata.
Usted incluso ha propuesto legalizar el lobby y una “ley de punto final”. ¿Cómo funcionarían esas iniciativas?
Si una persona recibe dinero por lobby, que lo declare y pague impuestos. Lo importante es que todo sea transparente. Y sí, yo creo que Colombia necesita una ley de punto final. Eso significa darle la oportunidad a la gente de arrancar de cero. Borrar reportes negativos, aliviar deudas castigadas, revisar multas y permitir que mucha gente vuelva a la legalidad. Incluso personas que estuvieron vinculadas a economías ilegales podrían entrar a la formalidad. El objetivo es que toda esa plata entre a la economía productiva. Lo que quiero es mirar hacia adelante, no vivir atrapados en el pasado.
¿En un eventual gobierno suyo usted tiene líneas rojas?
Para mí los colores no son importantes, para mí son las personas. Cualquiera puede aplicar a un cargo público si tiene las competencias.
Yo no voy a negociar ministerios con partidos políticos. Quiero un gobierno de resultados. Todas las OPS pasarían a ser empleos formales del Estado y la evaluación sería por desempeño. El que sirve se queda y el que no sirve se va.


