Nunca antes en la historia del país había llegado a la Casa de Nariño un presidente dispuesto a sabotear unas elecciones como Gustavo Petro. Pretender deslegitimar los resultados electorales a partir de sus sesgadas sospechas es no solo antidemocrático, sino –sobre todo– peligroso. Tal grado de desprecio por los valores democráticos –por parte de un jefe de Estado elegido en las urnas– no se había conocido en el país en toda su historia.
Por la gravedad del comportamiento de Petro y de sus perversas intenciones es que hoy –y en mayo y en junio, si es necesario– los colombianos debemos volcarnos a las urnas a defender nuestra democracia. Después de que se pierdan las libertades individuales y colectivas, recuperarlas nos costará sudor, lágrimas, pero –sobre todo– sangre.
Colombia –en manos de Petro– corre presurosa al despeñadero. Está en nosotros evitarlo. Por esa razón el mensaje a Petro y a quienes lo secundan debe ser contundente. La democracia se defiende en las urnas y con la única herramienta que tenemos a la mano: nuestro voto.
El ataque sistemático de Petro al sistema electoral solo puede explicarse desde su mezquindad y su talante antidemocrático. Su comportamiento malsano resulta más inexplicable cuando se trata de una persona que recibió los más altos honores del Estado –incluyendo la Presidencia de la República– desde las urnas. Petro alcanzó por la vía democrática lo que no pudo lograr en sus tiempos de guerrillero del M-19, cuando se levantó en armas contra el Estado, el mismo cuyos designios hoy dirige.
Al asedio de los grupos armados ilegales –hoy convertidos todos en organizaciones narcoterroristas– se sumó el protervo propósito de Petro de generar el caos electoral. Mientras Petro hace muy poco para combatir –desde el Estado– a quienes asesinan a diario hombres y mujeres inocentes a lo largo y ancho del país, su sospechoso comportamiento mina la poca fortaleza institucional que tenemos. Ni el Congreso, ni las cortes, ni los organismos de control, ni la Registraduría, ni el Consejo Nacional Electoral (CNE) gozan del aprecio y respeto de Petro, por desgracia. El único pecado cometido por esas instituciones y organismos ha sido el de ajustarse a la ley, para evitar que Petro la viole a su antojo.
De manera que hoy no solo están en juego un número de curules en Senado y Cámara de Representantes, así como los nombres de futuros candidatos presidenciales, que serán elegidos en consultas interpartidistas, sino la suerte misma de la nación, nuestro futuro. Nuestras libertades comienzan a jugarse su suerte hoy.
¿Qué está en juego en las elecciones de hoy? ¿Qué hay detrás del saboteo de Petro a las elecciones?
¿Qué pretende Petro con una masiva impugnación de los resultados electorales?
En una de sus recientes alocuciones Petro pidió a los militantes de su movimiento político –que hoy oficiarán como testigos electorales– que impugnen el preconteo de los votos. Es decir, desde mucho antes de que los colombianos votemos, Petro se encargó de generar desconfianza sobre los resultados. Por ello ordenó impugnarlos antes de que se realicen. La masiva impugnación se traducirá –sin duda– en una mayor demora para conocer los resultados de las elecciones. Es decir, habrá mayor incertidumbre para saber nombres de ganadores y perdedores.
Crear un clima de zozobra e incertidumbre en un país con una extrema polarización política es tanto como prender un fósforo al lado de un barril de pólvora. Punto. La agilidad en los resultados es una de las características más importantes del sistema electoral colombiano. Es una de sus fortalezas.
¿Ignora Petro que la demora en conocer los resultados finales podría conducir a la exacerbación de los ánimos, cuyas consecuencias serían impredecibles? Los resultados del preconteo de los votos –aunque Petro ahora los ponga en duda– son legales y fidedignos. Todos quedan registrados en los formularios E-14. Luego los jueces hacen el escrutinio final, sin que ello signifique –como pretende Petro– desconocer el preconteo inicial.
Ni el preconteo, ni el escrutinio de los votos tienen que ver con Thomas Greg
Algo tan simple y tan sencillo, pero tan eficaz, como el preconteo y el escrutinio de los votos ha sido sometido al asedio sistemático por parte de Petro. Lo que para todos es motivo de certeza, para Petro es motivo de sospecha. En su delirante comportamiento, Petro atribuye a la empresa Thomas Greg un protagonismo del que carece. Nada –absolutamente nada– tiene que ver dicha empresa tanto con el preconteo de los votos como con el escrutinio de los mismos. Esto último es realizado por jueces de la República, mientras que los formularios
E-14 son diligenciados por los jurados, por nadie más. Pero ni el registrador, ni otra autoridad electoral han podido convencer a Petro de la transparencia del proceso. El registrador Hernán Penagos reconoció –inclusive– que en dicho trámite se pueden cometer “errores”, pero no “delitos”. Petro, sin embargo, con obstinación sospechosa insiste en ver delitos donde probablemente hay errores.
En muchas zonas se impondrá la voluntad de los fusiles de los criminales
La obligación de Petro como jefe del Estado es garantizar la seguridad en todo el territorio nacional para que millones de colombianos salgan hoy a ejercer su derecho a elegir y ser elegidos. Pero por desgracia no ha ocurrido así. Petro fue incapaz de garantizar la seguridad en todo el territorio nacional.
Hay regiones del país donde se impondrá la voluntad de los fusiles de los grupos ilegales. Punto. Es decir, Petro torpedea lo que no le gusta, pero ignora lo que la Constitución lo obliga. Putumayo, Cauca, Nariño, Catatumbo, Chocó, sur de Bolívar, sur del Cesar, entre otros, son territorios dominados y controlados por grupos criminales. Hoy serán ellos quienes elijan.
En Colombia asesinaron un candidato presidencial opositor –Miguel Uribe Turbay– y miles de aspirantes han sido amenazados de muerte. Muchos debieron abandonar sus territorios y otros renunciar a sus aspiraciones. De eso Petro no habla. No le interesa. Esa es la triste realidad. Salgamos todos hoy a defender nuestra democracia.
¿Por qué Petro sabotea el mismo sistema electoral que lo llevó a la Presidencia?
El implacable ataque de Petro al sistema electoral colombiano es tan peligroso como sospechoso. Peligroso, porque atenta contra la legitimidad de las elecciones cuya transparencia él –como jefe del Estado– debe garantizar. Y sospechoso, porque cuestiona el mismo sistema electoral que lo llevó al Congreso de la República, la Alcaldía de Bogotá y la Presidencia de la República.
¿Por qué antes ese sistema electoral brindaba garantías y ahora carece de ellas? ¿Era bueno para elegir a Petro, pero ahora es malo para elegir a otros? Petro enturbia las aguas electorales para que nadie pueda beber en ellas. Y lo hace para poder justificar –después– cualquier acción que tome para quitarles legitimidad a los resultados. Ahí radica el peligro de la conducta asumida por Petro en las últimas semanas. Es evidente que busca con afán pretextos para atentar contra la libre expresión de los colombianos en las urnas. Hace todo lo contrario a lo que debería hacer quien tiene sobre sus hombros la responsabilidad del Estado, cuyo fin último es encarnar la unidad nacional.
Petro desconoce ese principio universal de todo sistema democrático. La unidad nacional no ha sido su vocación –ni su misión, ni su visión– desde que llegó a la Casa de Nariño el 7 de agosto del 2022.


