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ALEIDYS COLL

No paran las semejanzas entre nuestro territorio con el del estadode Luisiana, al sur de los Estados Unidos. Ya no es soloporque desde arriba, sus capitales–Barranquilla y Nueva Orleans–, se parezcan por estar ubicadas en terreno plano, junto al mar y al río; tampocoporque tienen los puertos másimportantes en sus países, ni por sus famosos carnavales.


En el drama humano y en el dolor causados por la embestidade la naturaleza también se parecen, como bien lo expresóel ingeniero norteamericano Jeffrey Debey, quien atendió el desastre de Nueva Orleans y quien vino esta semana al surdel Atlántico para conocer la magnitud de la tragedia y hacer recomendaciones.


'Ver la devastación me llegó al corazón, porque reviví las imágenes del Katrina. El río Misissipi es similar al Magdalena, y es muy difícil ver casi la misma cantidad de agua, el estado en que se encuentran las casas, y todo esto por el azote de la naturaleza', afirmó.


Allá, en agosto de 2005, el huracán Katrina, uno de los más devastadores de los últimosaños, arrasó la ciudad, que llegó a estar 7 metros bajo el agua Aquí el incremento del nivel de las aguas del río Magdalena, el pasado 30 de noviembre, abrióun boquete al carreteable --decuestionada calidad-- que une a Santa Lucía con Calamar. La brecha ha ido creciendo hasta alcanzar hoy 214 metros de anchoe inundar 400 kilómetros cuadrados.


Allá, tampoco los maltrechos diques que separaban a NuevaOrleans del lago Pontchartrainaguantaron la arremetida de losvientos: cedieron, y dieron paso a una colosal inundación en casi toda la ciudad.


Aquí solo una persona ha muerto, pero hay otras 102.129que lo perdieron todo, pertenecientesa 21.052 familias de Manatí, Campo De la Cruz,Candelaria, Santa Lucía, Suan, Repelón y Sabanalarga. Allá, 1.836 personas perdieron la vida; 145 mil se desplazaron ylas pérdidas económicas superaron los $US75 mil millones.


La ciudad, de 484 mil habitantes, quedó con menos de la mitad, y su reconstrucción aún no termina. Aquí, los expertos consideran que será muy difícil
la recuperación y que algunos pueblos del sur quedarán como fantasmas. Por estas y otras similitudes, las comparaciones son inevitables.