El Heraldo
El capo guajiro en poder de la Policía Federal, el 23 de octubre de 2014, en Sao Paulo.
Policía Federal de Brasil
Barranquilla

El proceso para traer a ‘Marquitos’ desde Brasil

El pasado miércoles, luego de dos intentos fallidos, el señalado jefe de la peligrosa banda criminal Los Curicheros, que opera desde La Guajira, fue interrogado por orden del Supremo Tribunal Federal de Brasil.

El pasado miércoles en la tarde, la sede del Supremo Tribunal Federal de Brasil, equivalente a la Corte Suprema colombiana, vio alterada su cotidianidad.

—En estos momentos hay mucha Policía Federal en el edificio, están en el interrogatorio sobre el caso que usted pregunta.

La respuesta a EL HERALDO hacía referencia al proceso de extradición que en ese país comenzó luego de que Colombia solicitara la entrega de Marcos de Jesús Figueroa García, alias Marquitos, para que responda por varios crímenes en La Guajira y Cesar, a los que ha sido vinculado Juan Francisco ‘Kiko’ Gómez Cerchar, exgobernador del primero de estos departamentos.

Además de señalarlo como jefe de una banda dedicada al multimillonario negocio del contrabando de combustible y el tráfico de drogas desde Colombia y Venezuela, en su contra existe una orden de captura por concierto para delinquir agravado, homicidio agravado y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.

El proceso 1382. Tras la captura de Kiko Gómez en octubre de 2013, por publicaciones periodísticas que daban cuenta de andanzas criminales con Figueroa, este se instaló en Venezuela.

Cuando todo estaba listo para arrestarlo en Maracaibo, huyó a Boa Vista, Brasil. Pero allí su presencia fue descubierta con el seguimiento a su sobrino Miltón Figueroa, alias Norte, encargado de viajar de territorio brasilero a la capital del Estado Zulia para mantener los contactos con la banda. La Policía también siguió a las ocho mujeres del señalado capo, entre ellas una hermosa guajira con la que se comunicaba por mensajes de BlackBerry.

Un rastreo satelital a Norte y a la mujer, y la infiltración de la red de Figueroa, permitió su captura el 22 de octubre de 2014, con apoyo de la Policía Federal de Brasil.

Al día siguiente fue llevado  en un avión policial brasilero hasta Sao Paulo, donde lo encarcelaron en la Unidad de Tránsito de Prisioneros.

Dos meses después, el 18 de diciembre, la Fiscalía colombiana solicitó su extradición. Así comenzó el proceso 1382 de Extradición que en el Supremo Tribunal Federal fue entregado al ministro (magistrado) Luiz Fux para que rinda un concepto.

¿Qué ha pasado?. De acuerdo con informes del Tribunal Federal conocidos por EL HERALDO, el 22 de diciembre las autoridades policiales brasileras pidieron autorización para transferir a Marquitos a otra cárcel porque en la unidad en la que estaba no contaban con “la estructura y el personal” adecuado para atender a los presos que requieran atención médica. La solicitud fue acompañada de documentos sobre su estado de salud.

Un mes después, el 21 de enero de 2015, Colombia, a través de una nota verbal –la No. 727, tramitada por canales diplomáticos–, ratificó la solicitud de extradición. Ante las autoridades federales puso de presente la peligrosidad de Figueroa y las razones para extraditarlo. Para ello entregó un acervo probatorio que incluye sus actividades  delictivas como miembro de Los Curicheros y Los Urabeños, crímenes, extorsiones, dominios territoriales y mencionó también que mantiene “vínculos con funcionarios públicos”.

Niegan traslado. El 24 de febrero, la defensa de Figueroa solicitó que lo trasladaran del Centro de Detención Provisional III de Pinheiros, en Sao Paulo, a la unidad en la que había estado, alegando que “superó los problemas y está en perfecto estado de salud”. Además, dijo que para el capturado era una “vergüenza” estar “encarcelado junto a presos comunes y peligrosos en un medio insalubre por su hacinamiento”, lo que restringía su “derecho a buscar protección jurídica del estado brasilero”.

Pero el magistrado Fuz negó tal solicitud argumentando, por un lado, que el Centro de Detención de Pinheiros brinda una seguridad acorde para mantener tras las rejas a Marquitos. Tuvo en cuenta que Colombia lo señala de ser “el líder de una organización criminal (...) lo que indica, a primera vista, el peligro agudo” que encarna.

Audiencias frustradas. Igualmente, Fuz, al resolver la petición, dispuso que para disminuir los “riesgos de seguridad pública”, cuando hay razones para sospechar que el detenido “puede escapar durante el viaje”, interrogaran a Figueroa a través de videoconferencias.

Por eso ordenó que el 7 de abril, a las 10:00 a.m., el capturado asistiera a una audiencia virtual. Para esa tarea designó al juez Mario Figueiredo de Lacerda Guerrero. Empero, la diligencia no pudo realizarse “debido a dificultades técnicas” para conectar el sitio de reclusión con el Tribunal Supremo.
Entonces, Fuz ordenó realizar la audiencia el 5 de mayo, a las 2:00 p.m., pero esta se cruzó con otra actividad en la Corte de Avaré, Sao Paulo.

Debido a los inconvenientes surgidos, el ministro fijó una tercera audiencia para el pasado miércoles (27 de mayo) y encargó del interrogatorio al juez instructor Livio Marcus Gomes en las instalaciones del Tribunal Supremo. Hasta allí, en medio de medidas extremas de seguridad, fue llevado Figueroa.
Cumplida la sesión, el Tribunal Supremo dijo a EL HERALDO que “todavía no hay fecha fijada para el juicio de extradición de la Sala Primera del Tribunal Supremo”, es decir para reunión en la que tomarán una decisión final.

Explicaron que de aprobarse la solicitud de Colombia, le enviará el concepto a su Gobierno y este tendrá la última palabra. Por lo pronto, la defensa de Figueroa tiene 10 días para presentar alegatos ante el Tribunal. La corte brasilera respondió, igualmente, que en sus registro “no hay constancia” de que a la fecha haya una solicitud de extradición de los EEUU contra Marco de Jesús Figueroa.

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