El Heraldo
Sofía De la Hoz pega el celofán de sus faroles en la terraza de su casa.
Mery Granados y Luis Felipe de la Hoz
Entretenimiento

Manos que resguardan las Velitas

Cuatro mujeres en Barranquilla y Soledad elaboran con sus familias miles de faroles que cada siete de diciembre iluminan una tradición.

Sofía De la Hoz, Rosalía Ibáñez Alonso, Yenis Guerra Parejo y Otilia Zambrano Jiménez trabajan en pro de la fecha que hoy prende la Navidad en Barranquilla: la Noche de Velitas. Sus manos, que guardan cicatrices de su labor, crean desde lugares distintos los escudos coloridos que protegen las velas, que a su vez rinden homenaje a la Virgen María.

 

Sofía de la Hoz

Agosto anuncia la llegada de la Navidad para esta artesana de faroles. Es en ese mes cuando comienza a cortar la madera de sus creaciones. 

Los farolitos, que en cada lado están forrados de papel celofán verde, azul, rojo y amarillo, están adornados de figuras navideñas escarchadas, que les dan vida a las paredes del taller improvisado que tiene en su casa. Con la ayuda de sus hijos arma cerca de 15.000 piezas decorativas que venden en esta época.

“Desde agosto empiezo a cortar la madera, para hacer la base que almaceno en sacos. Después armo la parte superior, a la que llamamos cavita, y luego hago la parte inferior. Ese es el primer paso de nuestro trabajo de casi cuatro meses”, dice Sofía en la terraza de su casa, en el barrio 7 de abril.

Ella empezó a elaborar estos artículos en 1969, cuando tenía 14 años, gracias a la iniciativa de su hermano, que encontró en la Noche de Velitas una forma de ganarse la vida. Hace 25 años se independizó, y hoy sus hijos son sus principales socios. 

En cuatro horas, señala, pueden armar hasta 500 faroles que los distribuidores le compran. “Hay unos que vienen por 3.000, otros solo se llevan 12”.

Dice que lo más difícil es cortar la madera, ya que considera que los cortes deben quedar precisos para que el farol quede derecho. No obstante, para Sofía no todo es el anclaje, sino el acabado que le da el forro del papel celofán y que ella pega con almidón. El sello de sus faroles —señala— es la decoración con escarcha que ayuda a que se vendan más rápido.

Rosalía Ibáñez
Rosalía Ibáñez Alonso hace sus faroles con envases de gaseosa que las personas botan a la basura.

Además de los clásicos faroles hechos en madera, algunos artesanos se las han ingeniado para ofrecer otro tipo de productos en plástico, madera country o MDF y hasta en totumo. Rosalía Ibáñez Alonso, una de las 150 artesanas censadas en Soledad, quien por estos días ofrece sus productos en la Feria Navideña, ubicada en el Parque Cementerio, explicó que comenzó a experimentar con las botellas plásticas, hasta que logró darle forma de farol. “Me salían en forma de jarrones, luego perfeccioné la técnica y también le agregué figuras navideñas y funcionó, han quedado gustando entre la gente”.

Ibáñez Alonso indicó que cada farol a futuro puede ser utilizado para otras funciones. “El resto de la temporada sirven como floreros o para guardar accesorios. Los vendemos entre $3.000 a $4.000 y muchas veces se hacen descuentos dependiendo la cantidad”, dijo esta madre de dos hijas.

Yenis Guerra
Yenis Guerra usa el cartón en sus trabajos. Luis Felipe De la Hoz

Esta barranquillera es otra de las artesanas que se salió de lo convencional y hace dos años fabrica faroles en MDF. 

“Comienzo desde octubre a trabajar, voy a las carpinterías a comprar la madera, creo mis moldes y con una caladora hago figuras como arbolitos, estrellas, muñecos de nieve y corazones. Demoro 20 minutos haciéndolos, es mucho más complicado el armado, pero quedan muy bonitos”, dijo Guerra, quien los ofrece a $2.500, mientras que en los almacenes de cadena cuestan entre $5.000 y $7.000.

Los faroles en totumo también son una buena alternativa para quienes quieren que su terraza luzca diferente con el encendido de las velas. Luz Aragón encontró en esta planta el material ideal para hacer faroles que perduren. 

“Son muy resistentes y también se dejan decorar y pintar figuras”.

‘Oti’ Jiménez
Otilia Zambrano Jiménez vendió 15.000 faroles. Luis Felipe De la Hoz.

Otilia Zambrano Jiménez, de 32 años, reconocida como “Oti” por sus vecinos, lleva una década fabricando los faroles convencionales. 

Este año vendió 15.000 de sus productos en Santa Marta. Oti explica que para cumplir su meta contrató a 10 de sus vecinos en la calle 24 con carrera 14, barrio San Antonio, y desde junio iniciaron labores. 

“Son jornadas muy largas, comenzamos desde las 5 de la mañana hasta las 11:30 de la noche. Este es un proceso muy largo, hay que cortar la madera, martillar, hacer los marcos, cortar el papel, pegarlos”, indicó esta enfermera superior egresada de la Universidad Metropolitana.

Oti se le mide a todos los procesos, tiene una sierra en el patio de su casa-taller en la que corta la madera con una sierra y comienza a dirigir así su “obra maestra”, como ella lo llama. 

“Esto es algo que nunca pensé que haría para ganarme la vida, pero soy una mujer emprendedora. Ahora que no ejerzo mi profesión, puedo vivir de esto y me siento feliz porque puedo aportar a que se mantenga una tradición tan bonita”, concluyó la mujer morena cuyos faroles vende a $500 pesos al por mayor, y a 800 pesos al detal.

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