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El padre Alberto José Linero Gómez, de 49 años, posa en la terraza de un hotel en el norte de Barranquilla.
El padre Alberto José Linero Gómez, de 49 años, posa en la terraza de un hotel en el norte de Barranquilla.

Entrevista

“El celibato debería ser opcional”: Alberto Linero

El titulo es:“El celibato debería ser opcional”: Alberto Linero

Temas tratados

El padre “samarquillero”, como él mismo se define, habla de las razones que lo motivaron a colgar los hábitos, el celibato y el matrimonio, entre otros temas.

Por Paola Alcázar Hernández

 

Barranquilla siempre es la ciudad a donde él escoge volver. Y es que no solo aquí se empezó a educar para cura, sino que luego de varios años de vivir en la capital del país, La Arenosa, acostumbrada a recibir a los caribes universales, volvió a acogerlo para que empezara a desarrollarse como el sacerdote de los medios de comunicación.

No resulta extraño, entonces, que el calor húmedo que se apropia de la ciudad por estos días, lo motivara a hacer la acostumbrada llamada a la amiga de siempre, esta vez para decidir confesarse sobre la recién enviada renuncia a su rol de sacerdote.

Llegó con el afán del costeño que vive en Bogotá. Esta vez invitado por la editorial de su último libro, Dios es mujer, para autografiar algunos ejemplares en un centro comercial de la ciudad.

P. Padre Linero, ¿aún te podemos decir “padre”?

R.

Yo me llamo Alberto José Linero Gómez. Así fue que me bautizaron cuando nací. Lo de ‘padre’ es un regalo que me hace la gente en el contexto de la Iglesia, pero yo fundamentalmente siempre he sido Alberto José Linero Gómez y siempre lo seguiré siendo.

P. Pero, durante este año sabático que ya casi termina, te seguían diciendo “padre”.

R.

Teológicamente el sacramento del orden imprime ese carácter, entonces nunca voy a dejar de ser presbítero, así no esté ejerciendo el ministerio; así mi vida esté liberada de las dispensas sacerdotales o de las promesas sacerdotales, voy a seguir siendo presbítero hasta el día de mi muerte.

P. Hay una frase bíblica que dice: “Tu est sacerdos in aeturnum” (Eres sacerdote para siempre) ¿Aplica eso?

R.

Sí, además yo no tengo problemas de fe, yo sigo creyendo, yo sigo confiando en Dios y yo me sigo sintiendo un presbítero de la iglesia católica y seguramente lo voy a seguir siendo el resto de la vida.

P. ¿Qué has hecho en este año que no podías hacer?

R.

Yo entré al seminario a la edad de 16 años y me dediqué completamente a vivir la experiencia del discipulado. Viví siempre una experiencia de Iglesia y no viví de otra manera nunca. Y cuando te digo nunca, es que no viví de otra manera que no fuera en las dinámicas y en las rutinas propias de un clérigo; desde el inicio hasta el final. Entonces este último año, que fue sabático, he hecho todo lo que normalmente no hacía; por ejemplo, he vivido solo y nunca antes lo había hecho, ya que siempre había vivido en una comunidad que en mi caso eran los eudistas; he podido tener mi propio horario y mi propia manera de vivir la vida. Pero también he podido tener mis propias relaciones, mis propios amigos, personas con las que converso y no todas metidas desde la orientación religiosa sino desde la orientación de la vida. A pesar de que siempre fui un cura atípico, pues siempre fui una persona distinta, es decir, yo no cabía de alguna manera en esos modelos que la Iglesia tiene de presbítero. Eso muchas veces me ocasionó problemas, por eso este año ha sido oportuno. Sin embargo, la gente me sigue conociendo como una persona que inspira, una persona que genera una buena relación con los demás y con Dios.

P. Cuando mencionaste “vivir solo”, es como si te rieras de ti mismo, ¿Cómo ha sido vivir solo?

R.

Eso ha sido una vaina terrible; es como si hubiera nacido de nuevo.  Ustedes dirán que soy tonto, y sí puede sonar tonto, pero yo no sabía qué era hacer mercado, no sabía que era pagar la luz, el agua, etc.  Este año me tocó aprender a sacar cuentas. Vivir solo ha significado llegar a la casa y no tener las cosas hechas. Ayer, por ejemplo, quería comer “bollo” (comida típica del Caribe colombiano hecha con harina); entonces con el bloque de queso costeño que me mandó mi hermana de Barranquilla, arranqué a hacer bollo yo mismo.  Eso es también lo nuevo de vivir solo.

P. Pero, ¿Lo disfrutas?

R.

¡Lo disfruto! Estoy muy feliz porque estoy aprendiendo y yo soy un ser humano de esos que quiere aprender siempre.  Entonces, esta experiencia de vivir solo me ha enseñado a ser un humano distinto, un humano mejor.

P. También me mencionaste que otra de las ganancias de este año sabático es que creaste tus propias relaciones, ¿A qué te refieres y de qué tipo de relaciones estamos hablando?

R.

Estamos hablando de todo tipo de relaciones Yo he sido siempre una persona con muy buenas relaciones.  Yo soy un buen conversador, yo soy mamador de gallo y establezco fácilmente relaciones, pero hasta ahora siempre estaban mediadas por experiencia religiosa, es decir, la gente me buscaba porque era un presbítero y se relacionaban conmigo porque podía orar por ellos, pero de alguna manera yo no creaba las relaciones. Hoy es distinto, hoy la gente se me acerca y conversamos por distintas razones; porque les interesa la radio, porque les interesa la manera como escribo, porque les interesa mi manera de ver el mundo… no sé; eso me ha llevado a construir relaciones distintas con gente que no cree en Dios, con gente que es agnóstica, con gente que puede ser enemiga de la gente religiosa y es bacano ir construyendo relaciones distintas, afectivamente eso es libertad también. Yo he sido lo más estrictamente coherente que he podido ser. Los que me conocen saben que soy disciplinado con las cosas; entonces qué bueno poder salir a conversar, a tomar un café con una niña sin que eso me genere miedo y sin que eso me genere problemas.

P. Resulta paradójico entonces, aunque antes no vivías solo sino en comunidad, ahora te sientes más acompañado.

R.

¡Claro! Sin duda.  Es que yo creo que ahí es donde está la experiencia mía con la Iglesia.  Yo en esto tengo que expresar, como dicen los “manes” que se van a separar: el problema no es ella; soy yo. Es la manera en como Alberto Linero había vivido el problema y había construido las cosas. Ahora estoy más solo, pero tengo más posibilidades de relaciones y son cosas un poco más auténticas porque no están mediadas por paradigmas religiosos, que a veces son irreales porque la gente supone una Santidad en mí que de pronto no es posible o supone un temperamento en mí que de pronto no es posible.  Ahora ando más en la autenticidad de la vida.

P. A Alberto Linero, padre, se le veía viajando, dando prédicas, conferencias, firmando libros, ¿Eso sigue?

R.

 ¡Claro! Yo no creo que deje de predicar nunca, yo lo voy a seguir haciendo porque yo amo a Jesús de Nazaret y yo creo en su propuesta existencial; creo además que ese es el camino para ser feliz. Esa es la verdad y esa es la vida. Yo quisiera seguir comunicando eso, pero no sé si vaya a ser posible.

P. ¿Por qué?

R.

Porque definitivamente yo voy a tomar una decisión y no creo que vaya a seguir siendo presbítero de la Iglesia Católica en acción, yo no lo creo de verdad. Entonces voy a seguir dando conferencias, voy a seguir dando clases, voy a seguir haciendo radio, porque es lo que sé hacer. Yo no sé hacer otra cosa, si tú me pones a hacer otra cosa yo no lo sé hacer, yo soy un comunicador, yo soy uno que sabe contar, entonces eso es lo que voy a seguir haciendo.

P. Hablando de eso ¿Fue un comunicador que le sirvió al cura? o ¿Fue un cura que le sirvió el comunicador?

R.

Yo realmente creo que un buen presbítero es siempre un buen comunicador, es decir, yo creo que esas cosas vienen unidas porque al fin y al cabo qué es ser cura, además de todos los temas doctrinales, es fundamentalmente alguien que cuenta un relato que transforma vida.  Entonces, un buen cura tiene que ser un buen comunicador. Yo no separaría eso; yo soy un hombre que quiere contar y que quiere contar constantemente el único relato que salva la vida, que me parece que es el de Jesús.

P. El Padre Linero siempre ha despertado mucha polémica y de hecho ahorita me decías que tú no eras un cura convencional o el típico cura, y que te has salido un poco del molde. ¿Si no hubieras sido cura, en lo que estuvieras te habrías salido del molde?

R.

¡Igualito! no cambiaría nada.  Si hubiera sido político, me habría salido del molde.  Y también así como soy, al que le gustan las malas palabras.  Porque lo tengo que decir subrayado: “Me fascina decir malas palabras, soy plebe, como diría mi mamá. 

P. ¿Desde niño?

R.

Desde siempre. Tengo dientes porque Dios es grande, pues mi mamá varias veces me puso su mano de tapabocas por decir malas palabras. Yo soy un tipo espontáneo, extrovertido.

P. ¿En todos estos años de tantas confesiones que has hecho, los pecados cómo han ido cambiando?, ¿Siguen siendo los mismos de siempre?

R.

Siguen siendo los mismos pecados, esos que llamó pecados capitales.  Sigue siendo la envidia, sigue siendo la ira, sigue siendo la infidelidad, los pecados son los mismos de la condición humana. Los pecados que me han contado,  son los pecados de los seres humanos. Ten claro algo: los pecados tuyos no son diferentes a los pecados de los demás.  Esas fueron las tragedias mías cuando empecé a confesar; me di cuenta que los pecados que me contaban eran los mismos que yo hacía.

P. ¿Los mismos?

R.

Bueno, no, pero los aprendí.  Me contaban unas vainas, entonces me decía: ah, eso se puede (risas).  Somos los mismos seres, lo que sucede es que a nosotros nos da un poco de morbo saber que los demás son más malos que nosotros.  Pero la realidad, sigue siendo la misma.  La gente sigue teniendo envidia, la gente sigue traicionando, sigue siendo codiciosa; somos eso, somos seres humanos.

P. ¿Qué consejo le darías a un joven que te diga que quiere ser cura?

R.

¡Wow! Lo que pasa es que la Iglesia está pasando por un momento difícil. A mí el tema del exnuncio de la Santa Sede en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, que está atacando al Papa Francisco, me ha dolido mucho porque yo no le acepto a los obispos que no me den el ejemplo de comunión. A mí me tiene escandalizado eso porque eso no es ser obispo, y esa parranda de obispos que están alrededor de él atacando al Papa, a mí me escandaliza. Honestamente, si hay alguien que tiene que dar ejemplo de comunión son ellos. Pero para responder la pregunta, yo particularmente le pediría a ese joven, primero, que viviera muchas experiencias. Yo no las viví, así que yo creo que son necesarias; y no estoy hablando de sexo, no estoy hablando de genitalidad, estoy hablando de la vida,  de lo que uno necesita trabajar para salir adelante, de que uno no puede ser una sanguijuela de una institución. Uno necesita su propio proyecto.

P. ¿Te sentiste sanguijuela alguna vez?

R.

No, yo no porque siempre he sido productivo. Pero sí encontré en la Iglesia gente que hace el papel de sanguijuela.

P. Pero eso pasa en todas las instituciones.

R.

Claro, eso debe pasar en todos los escenarios laborales o no laborales. Pero yo los conozco aquí en la Iglesia, porque es la única organización en la que hasta ahora había trabajado. También les aconsejaría a los jóvenes que aspiren a ser curas, que tuvieran resueltos los temas emocionales, que tengan resueltos los temas de vida.  A mí me da miedo que los pelaos de hoy se metan a cura por tres razones: porque tengan problemas emocionales que no pueden resolver, porque no tengan oportunidades económicas o porque no tengan oportunidades académicas, a mí me dan miedo esas tres cosas.  Yo no digo que sea así; a lo que yo los invito es a que se lo cuestionen.  Que si se lanzan a ser presbíteros es porque hubieran podido hacer otra cosa, porque hubieran podido formar una familia de verdad, porque hubieran podido tragarse el mundo, porque académicamente sean bueno para todo; y esta sea la opción que realmente desean.  Por supuesto, también le pediría mucha relación con Jesús porque al fin y al cabo eso es lo que hace el Ministerio; es la relación con Jesús de Nazaret.

P. Algunos de los títulos de tus últimos libros publicados son: ‘No mendigues amor’, ‘Sin libertad no hay amor’, ‘Mi Venganza es perdonarte’ ¿Estos textos Invitan a un amor en libertad?, ¿Cómo es ese amor?

R.

Lo que más me encantó a mí de Jesús de Nazaret es que me quiere libre. Yo le puedo decir que no a Jesús, porque Él me da esa opción. Jesús me hace una propuesta de amor, pero no me obliga. Entonces si Jesús y Dios no me obligan; ¿Por qué me va a obligar alguien a que lo ame? No acepto eso.  Por eso, el próximo libro será MVM: libertad interior. Yo creo que la única manera de ser feliz es ser libre interiormente, que si estoy contigo no es porque haya ninguna relación de esclavitud, sino porque yo libremente decido eso.  Sí me quedo y no me voy es porque libremente lo decidí.

P. ¿Entonces el amor está en la razón y no en el corazón?

R.

El amor combina esas dos cosas. El amor combina esas descargas electromagnéticas en la corteza cerebral pero el amor también es pasión. La inteligencia sola con pasión te destruye y con inteligencia sola te aburre. Eso tienes que juntarlo, es decir te tienes que apasionar por el otro, te tiene que generar deseo el otro, el eros, tiene que estar ahí, pero también tiene que haber complicidades; también tiene que haber otra cantidad de cosas en temas académicos y por supuesto, racionales.

P. ¿Crees que la Iglesia sintió un alivio cuando pediste el año sabático?

R.

La Iglesia no sé, mucha gente de la Iglesia y fuera de ella; sí.  Es que a mí muchos no me han querido; muchos obispos no me han querido, muchos compañeros no me han querido, muchas señoras viejitas no me han querido, mucha gente joven no me ha querido y yo eso lo entiendo porque tenemos diferencias. Además, yo sabía que esos que caben en el paradigma religioso no tenían por qué quererme. A mí me tenían que querer los otros. Entonces, ahora que estoy pensando en dejar todo esto; yo creo que mucha gente va a aplaudir y mucha gente va a llorar.  Aquí, lo importante, es lo que yo sienta, lo que yo viva.

P. ¿Podemos decir que este año sabático fue también una preparación para los feligreses, para que te dejáramos de ver cómo un sacerdote?

R.

No yo no soy calculador, yo no hago sus cálculos. Este año sabático fue una necesidad que yo tenía para discernir y pensar mejor mi relación con Dios, mi relación con los demás y mi relación conmigo mismo.  Fue eso. Ha salido todo eso que tú dices, que la gente se ha ido preparando y me ha parecido bacano,  pero aclaro que lo hice por una necesidad personal que tenía.  Yo no Pensé en ustedes los feligreses, yo no pensé en el Papá,  yo no pensé en ningún obispo,  Yo no pensé ni en mi mamá;  yo pensé en mí. Porque es que yo quiero ser feliz, quiero disfrutar la vida.  Yo no le tengo miedo al placer y una de las tragedias de hoy es que creen que la religión tiene que abdicar del placer.  Yo creo que el ser humano tiene es que gozar la vida, si no; no eres creyente de verdad.

P. ¿Si el celibato no existiera, qué te estuvieras planteando ahora?

R.

Yo no voy a torturarme con esas preguntas, porque mi problema no es de celibato, aunque he sido célibe.

P. ¿Cuál es tu problema?

R.

 Mi problema es que me desenamoré de una institución, me desenamoré de unas rutinas, pero insisto, no es ella: soy yo el responsable, soy yo. Que eso quede claro porque no estoy culpando a nadie de mis decisiones, son mi responsabilidad. Sin embargo, sí creo que el celibato hoy en día no debería seguir siendo obligatorio, sino que debe ser opcional. A mí no me vayan a salir con que el sacerdote es otro Cristo y Cristo no se casó. Yo creo que siempre va a haber alguien que quiera ser célibe y eso es un don de Dios; yo lo he sido, pero creo que no puede ser obligatorio. Además, creo que si la Iglesia no cuestiona el celibato y no cambia esa disciplina, porque para mí no es dogma, es disciplina, va a quedarse sin los mejores líderes de la sociedad. Hay mucho joven que quiere ser presbítero, pero apenas les hablan de celibato hasta ahí llega en un mundo tan ‘pipicéntrico’ como éste.

P. Vas a cumplir 50 años pronto.

R.

Sí, el 20 de octubre.

P. ¿Y cómo te sientes?, ¿Fracasado?, ¿Exitoso?

R.

Yo soy un hombre bendecido, yo soy un tipo feliz, yo no estoy amargado por nada que hice o que no hice, yo he cumplido mis sueños. Yo quise ser un académico y tener un título de doctorado, hoy lo tengo. Yo quise narrar fútbol y he narrado fútbol en televisión y en radio. Yo quise dirigir emisoras y lo hice. Yo quise escribir y no sé cuántos títulos tengo, pero son un ‘pocotón’; es decir, yo he sido un ser humano feliz haciendo siempre lo que he querido. Si tú me preguntas: “¿Has fracasado en algo?”. Seguramente hubiera podido ser un mejor ser humano, mi temperamento no es fácil, mis reacciones a veces no son fáciles y en eso de pronto fracasé, como un buen humano. Pero no tengo miedos, por ejemplo, fíjate que el otro día me encontré con unos compañeros con los que estudié y me preguntaban si yo no sufría por no tener una familia, y mi respuesta es ‘No’. Es decir, mi opción no fue esa. Yo no quise tener hijos, yo no quiero tener hijos y no me siento fracasado por eso, no he tenido relaciones de pareja, y no me siento frustrado por eso, aunque seguramente la tendré. No tengo miedo, no soy un tipo castrado ni afectiva ni realmente, entonces no estoy frustrado. A los 50 años puedo decir que soy feliz y si ese ‘man’ (Dios) me llamara ahora mismo, yo llego allá con mi equipaje tranquilo y le diría: “Viejo, ¡la pasamos bacano!”.

P. Al Padre Linero le hemos oído hablar mucho más de la vida que de la muerte, ¿Para Alberto Linero, el hombre, qué es la muerte?

R.

Yo he sido medio tanatofílico, es decir, mi amor hacia la muerte es extraño.  El otro día estuve revisando algunos cuentos que escribí cuando era adolescente y todos están marcados por la muerte; supongo que fue porque a los 9 años murió mi abuela de un cáncer de páncreas, que la mató rápidamente.  Mi abuela fue una persona muy importante en mi vida, en esos pocos años. Mi abuela me enseñó la radio, me enseñó la existencia de Dios. Entonces, ¿qué es la muerte para mí? Es un nacimiento. Yo no tengo la certeza que haya algo detrás de la muerte. Yo no sé qué hay y tengo miedo a veces que no haya nada, pero apuesto a que está Dios esperándome. No sé cómo es, pero me imagino que es una vaina bacana. Yo me imagino que el cielo debe ser un orgasmo eterno,  un gol eterno. Es decir, yo creo que la muerte es como cuando se abre el útero de la historia y te pare a ti a esa nueva dimensión. En realidad, es una apuesta. Si tú me dices, ¿qué certeza tengo de eso? No tengo ninguna certeza, es más, me ha dado miedo llegar hasta allá y que Él me diga: ¿Quien te inventó eso del celibato? ¿Qué tal que me salga con esa pregunta? Y me diga: ¿Y tú no hiciste nada? (Risas).

P. Hablemos de otro de los miedos, anhelos y también de otra de las causas de la muerte del hombre: ¿Qué es el dinero para usted?

R.

El dinero es una herramienta para poder realizar algunos proyectos en la vida, pero no todos.  El dinero no es lo más importante de la vida y no es más que una herramienta, aunque dolorosamente, no para todos.  El dinero se ha vuelto el medio para todo el proyecto de vida y ahí está el error; yo creo que hay cosas que no pasan por dinero, por ejemplo, yo creo que el verdadero amor no pasa por dinero, la ternura no pasa por dinero, las relaciones no pasan por dinero y la felicidad, a veces, no pasa por dinero;  yo he gozado y he vivido plenitud de instantes que no pasan por dinero.  El dinero es una tentación porque nos hace querer poseer más; como uno siempre tiene sentimiento de inferioridad ante todos, entonces el dinero se asume como algo que te ayuda a nivelarte o estar por encima de los otros.  A mí particularmente no me mata, cuando lo tengo me gusta y lo disfruto y cuando no lo tengo pues también sigo adelante.

P. El público de Alberto Linero, el padre, es más femenino que masculino, ¿Qué ven las mujeres en Alberto Linero, el hombre?

R.

Yo creo que nosotros los hombres tenemos que cuidarnos mucho porque nosotros con este machismo que hemos construido nos hemos vuelto realmente unas personas que las mujeres terminan rechazando. Yo creo que la gente ve en mí la capacidad de inspirar con las ideas que Dios me da y con la buena comunicación que establecemos. Yo creo que las mujeres, particularmente, me ven como un defensor, me ven tierno -sin perder mi masculinidad-, me ven cercano, me ven de su lado; por eso yo creo que todos los hombres deberíamos recuperar nuestra ternura con las mujeres, nuestra feminidad, a nosotros los hombres no nos debería dar miedo ser un poco más femeninos, esto quiere decir entender los valores del mundo femenino que no son ni malos ni buenos; son distintos a los nuestros. Yo creo, además, que el tema religioso dolorosamente es mirado como femenino y gusta más a las mujeres; entonces yo creo que ahí también hay una fuerza cultural que me impulsa más con las mujeres.

P. Bueno, esa descripción parecería ser la del hombre ideal, el hombre que una mujer buscaría, ¿Cuál es la mujer ideal?

R.

La mujer ideal tiene que ser una mujer inteligente y creo que todos los seres humanos son inteligentes. Para mí la mujer ideal es capaz de entender el mundo, es capaz de explicar el mundo. También tiene que ser una persona tierna y que combina dos cosas que no se oponen: la racionalidad y la emocionalidad. Tiene que ser una persona dueña del mundo, es decir, no sólo dueña de su propia historia, sino dueña del mundo.

P. En entrevistas anteriores, has dicho que se puede estar enamorado de muchas personas al tiempo, ¿Cómo es eso?

R.

Eso no me lo inventé yo; eso no los enseñó García Márquez en ‘El amor en los tiempos del cólera’ en donde dice que el corazón es un bar de putas que tiene muchos salones, que tiene muchos cuartos. Hay que diferenciar el enamoramiento del amor, porque el enamoramiento es pura atracción; es esa descarga que te da cuando pasa alguien frente a ti. El amor es otra cosa, el amor es la decisión que uno tiene por esa única persona.

P. Entonces en ese bar de putas con muchos salones, ¿Dónde se hospeda el amor?

R.

En la suite.  Y se queda ahí porque le gusta ese cuarto, aunque haya cucarachas debajo o por todos lados.  Sin duda, el amor exige exclusividad.

P. Siempre has dicho que la religión y la política no se revuelven. Ahora que te apartas del mundo religioso, ¿Entrarás al terreno político?

R.

Es una tentación grande que yo siempre tengo porque soy una persona con liderazgo. Yo siempre he sido el capitán de campo del equipo de fútbol en el que juegue. Mi liderazgo no tiene nada que ver con que fuera cura. Yo jugaba básquetbol y era capitán del equipo, era futbolista —malo—, pero era capitán del equipo. Ser político no lo tengo planeado, pero puede ser.

P. Entonces, ¿Alcalde de Barranquilla o de Santa Marta?

R.

Soy Samarquillero.  Podría ser alcalde de cualquiera de las dos ciudades.  Ambas ciudades viven dos momentos interesantes y yo emocionado lo haría, ¿por qué no?

P. ¿Crees que los barranquilleros te elegiríamos como alcalde?

R.

Yo creo que sí.  Porque tengo un liderazgo que les puede interesar.  Saben que no me voy a robar la plata, saben que no voy a ser un vagabundo, saben que voy a hacer inversión social y saben que voy intentar acabar con la pobreza. Es decir, yo creo que esas ideas que puedo plantear son interesantes. Ahora, como no hay ninguna propuesta, pues no lo pienso.

P. O sea que sí estarías interesado, pero no hay ninguna propuesta ¿Si para las próximas elecciones se presentara esa posibilidad, aceptarías?

R.

Tendría que conversarlo mucho, discutirlo mucho. Es una tentación que siempre he tenido.

P. ¿Te vas a salir del sacerdocio? ¿Ya enviaste el mail a Roma?

R.

 Si, ya escribí un mail al padre general Jean-Michel Amoriaux.

P. ¿Y ya te respondieron?

R.

No me ha respondido, pero me imagino que debe estar esperando su junta.

P. ¿Qué decía ese mail?

R.

Es un poco complicado darlo a conocer así, pero decía una cita de Adolfo Pacheco: “Yo quiero vivir la vida de otra manera, voy a seguir quemándola de otro modo para cuando envejezca, antes que muera, no viva solo, no viva solo”. Algo así decía la carta.

P. ¿Cuándo va a llegar esa respuesta?

R.

Yo tengo hasta el 30 de diciembre, que finaliza mi año sabático, pero debe llegar antes.

P. ¿Qué harás en el 2019?

R.

Seguiré siendo el mismo, no habrá ningún cambio.  Yo me imagino que a mi Blu Radio no me va a cancelar el contrato, me imagino que Caracol Televisión no me va a cancelar el contrato, me imagino que voy a seguir siendo una persona que inspira a través de las redes, escribiendo textos, me imagino que voy a seguir dando algunas clases, ayudando algunas comunidades, me imagino siguiendo mi fe de manera apasionada, es decir, yo no creo que vaya a cambiar la vida. Ahora, si me echan de Caracol, si me echan de Blu, miro a ver qué hago, puedo vender tomates, no tengo miedo a hacer lo que me toque hacer, he sido una persona inteligente, he sido una persona fuerte, he sido una persona creativa, así que algo me invento, no tengo líos.

P. ¿Te casarías por la iglesia?

R.

No puedo enseguida, habría que esperar la dispensa. Pero claro, yo creo en el matrimonio católico y si así fuera, pues yo lo haría.

P. Ya sabemos que te gusta el vallenato…

R.

¡Me gustan todos! Yo he sido un cantante vallenato frustrado. Cuando tenía dificultades con Dios le preguntaba que por qué no tengo oído para haber sido cantante vallenato. Y él me dijo que si lo hubiera sido en esa época, me hubiera perdido; porque si hubiera cantado vallenato seguramente tendría 20 hijos y 37 amantes. Te necesito es un vallenato que me marcó, Te quiero mucho también, porque son vallenatos de los 80, la época en la que yo tenía 15 años y esa era una época chévere para mí.

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