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Andreina espera ser atendida en una sala de tatuajes del barrio Boston. Luce ansiosa, inquieta. Está a punto de hacerse su primer tatuaje, una rosa porque ese era el nombre de su fallecida abuela y un colibrí, que para ella simboliza libertad. Acaba de cumplir la mayoría de edad, escogió hacérselo en el costado para ocultarlo de su madre, que todavía piensa que los tatuajes 'solo se los hacen vagos y viciosos'. Para ella, por el contrario, es la más pura expresión del arte plasmada en el mejor de los lienzos: el cuerpo.

Jonathan Diez, el tatuador, dibuja con lápiz y en papel unas letras en el mostrador. Es un nombre, Ruth Paternina. Su caligrafía es envidiable. Ese fue el encargo de uno de sus clientes que quiere estamparse la identidad de su madre en la piel, así como la lleva en el alma, afirma.

Diez prueba la tinta de la máquina de tatuar, su sonido es similar a un taladro pero mucho más fino. Tiene al menos 20 tatuajes en el brazo izquierdo, otros 10 más en el derecho y tres aretes de los que cuelga una cruz en cada oreja. Su físico y corpulencia se asemejan a un jugador de los New York Yankees, aunque el único partido que tendrá será en la camilla en la que plasmará su dibujo.

'Las líneas de vida son de los tatuajes más populares por estos días', cuenta Diez, conocido por su nombre artístico como ‘El mono ink’. 'La fe, pasión y la familia son los temas que más se tatúan los barranquilleros que asisten a la tienda'.

Anclas, cayenas, relojes, rosas, cruces, infinitos, mandalas, atrapasueños y tribales son algunos de los tatuajes más pedidos por los clientes. Diez y el propietario del local, John Quinto, coinciden en que las personas en la ciudad se están abriéndose más a los tatuajes.

'Antes existían muchos más tabús con respecto al tema pero ahora es una moda. La gente está atenta a las nuevas tendencias', expresó Quinto.

Hader Otagri, propietario de otro establecimiento en el norte de la ciudad, señala que 'los nombres de los papás y de los hijos son algunos de los tatuajes más comunes. 'Es normal también que las personas tatúen sus profesiones y actividades favoritas. Por ejemplo, que un músico se tatúe su guitarra o un cocinero un cuchillo'. Señala que las mujeres en Barranquilla los prefieren pequeños y fáciles de esconder. 'Una tendencia femenina es tatuar el nombre del ser querido con una flor', agrega.

Jefrey Malagón, artista de otro local de tatuadores, en el norte, dice que el tipo de tatuajes que piden los clientes varía dependiendo de la especialidad del local. 'El público que yo manejo suele tatuarse cosas complejas en realismo, sombra o color. Eso se da más que todo en retratos. Hay otros artistas que tienen como especialidad tatuajes pequeños y sutiles'.

En cuanto a las tendencias, Malagón afirma que las letras chinas pasaron de moda y que son más populares los retratos de artistas famosos, nombres de familiares, infinitos y mandalas.

'El futbol no se escapa de esas pasiones que se plasman en la piel. En Barranquilla he visto tatuajes de Messi, Carlos Bacca, Sebastián Viera, Vladimir Hernández y hasta Ronaldinho', agrega.

Hace 18 años se abrió en La Arenosa uno de los primeros locales de tatuajes, muy cerca de la Universidad Autónoma del Caribe. La tienda se inició tímidamente en el negocio del arte corporal frente a un público conservador.

Catalina Jiménez recuerda que allí se hizo el primero de sus 13 tatuajes hace 15 años. Una luna en el tobillo, recién empezada su carrera universitaria, le hizo sentirse moderna y 'especial', pero muchos de sus compañeros la vieron como una mala influencia.

'Cuando me hice mi tatuaje la gente me miraba mal y me juzgaba. Ahora ver a una mujer con tatuajes es natural. No genera ese choque como antes', cuenta.

David Pedroza, el tatuador de ese icónico lugar, se dedica a ese oficio hace aproximadamente dos años. Tiene gafas, una enorme sonrisa y su apariencia va en contravía del imaginario que se tiene de estos artistas. En lugar de verse como un punkero, metalero o alguna otra subcultura derivada del hip hop, parece más bien un estudiante de matemáticas, de esos que sacan buenas notas.

Para David, los tribales, animales, la religión y los familiares, son los tattoos preferidos por sus clientes. En cuanto a los precios, un tatuaje pequeño y sencillo puede costar alrededor de 100 mil pesos mientras que uno grande y elaborado puede costar de uno a tres millones de pesos.

'Pienso que aunque los tiempos han cambiado y las sociedades son más incluyentes, siguen existiendo muchos prejuicios en torno a los tatuajes. Un tattoo es una huella imborrable que le da un toque especial al que lo lleva. No son rayones, ni calcomanías en un Ferrari, es un compañero, una obra de arte que se expresa con nuestro cuerpo'.