El Heraldo
Orlando Malkún en su cocina en casa, desde donde prepara su comida saludable. Cortesía
Economía

El chef que volvió como en sus inicios: las ventas a domicilio

A sus 28 años, Orlando Malkún es dueño de una marca de restaurantes y su situación es como la de un dueño de un pequeño restaurante. Su negocio depende de las ventas diarias que se desplomaron con el confinamiento.

–Puedes llamarme más tarde. Tengo tres motos allá abajo esperando un pedido a domicilio, dice el chef mientras se escucha por el teléfono el batido con una cuchara.

A sus 28 años, Orlando Malkún es dueño de una marca de restaurantes que tiene cuatro puntos de ventas, tres en Barranquilla, y uno en Bogotá. Su actividad genera 79 empleos directos, en su local en el norte de la capital del Atlántico, tiene 22 plazas y admite que está muy preocupado por los efectos “colaterales” que está dejando el confinamiento. Es una preocupación también de los otros tres socios inversionistas que tiene.

“Este negocio depende de las ventas diarias. Cada restaurante se sostiene por sus ingresos. No he suspendido empleados y hasta ahora aguardo la esperanza que pueda recuperarme para poder mantenerme”, dice.

Sus restaurantes todos están cerrados. El de Bogotá dice que está muy “mal” por las mayores restricciones que se exigen en la capital. Sus ventas han bajado un 85%, pero los costos fijos se mantienen. Paga en nómina en promedio $57 millones, $30 millones en arriendo, $10 millones en servicios públicos y debe vender cada mes unos $400 millones para ser sostenible el negocio.
“Estamos vendiendo $400.000 diarios por domicilios. Es como si estuviera comenzando, como hice hace seis años cuando solo hacía domicilios e inicié con Healthy Food, comida saludable”, agrega Orlando Malkún.

Cuenta que él no se quedará quieto. Se apoya en su talento y creatividad. La situación de no poder abrir sus negocios no lo paralizará y admite que ha pensando también en tirar la toalla. “Hay momentos en que estamos desesperados, mi socios y yo no sabemos qué hacer para evitar cerrar restaurantes”.

A igual que lo señalado por Acodres, el arriendo es lo que más hace presión a su caja. Y los créditos solicitados ante bancos no han sido aprobados porque su negocio califica como  una empresa pequeña. “Tenemos la presión de abogados de amenazas de embargos. Soy espiritual, si nos está pasando esto es porque hace parte de un proceso para aprender la lección y ser fuerte”.  

 

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