Gracias a la honrosa invitación que me hicieron Ivo Díaz, Gonzalo Cocha Molina, Julieth Peraza, Iván Ovalle y Fernando Meneses, todos ellos, acérrimos defensores y cultores de la esencia primigenia de la música vallenata, asistí con alegría a la 59° versión del Festival de la Leyenda Vallenata.
Este evento cultural nació para enaltecer, fomentar y proteger las expresiones vernáculas de la música de acordeón. Fue concebido por Consuelo Araújo Noguera, Alfonso López Michelsen y Rafael Escalona, quienes aspiraban a que allí se promoviera y destacara todo ese acervo musical y cultural del vallenato que gozaba de amplia popularidad en el Magdalena Grande.
Esta fiesta popular, que tomó vuelo propio, es una de las más importantes del país, en honor al vallenato, género musical declarado Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad en 2015, que conserva la tradición oral y musical heredada de los cantos de vaquería de los campesinos, las tonadas de los esclavos africanos y su ritmicidad percusiva, y de la costumbre de los indígenas y labriegos de la Sierra Nevada y la provincia de Padilla de contar y cantar la vida cotidiana, exaltar la belleza de la mujer y la exuberancia de la naturaleza.
Esta heredad se vive y se respira en todos los rincones de Valledupar, por propios y forasteros; desde su inicio, con el Desfile de Piloneras, hasta cuando se corona el rey profesional, son cinco días de éxtasis musical, embebidos en las virtudes de las espirituosas. Es una fiesta pletórica de alegría en la que prevalece la camaradería.
El mayor gozo está en las eliminatorias de las diversas categorías, que se realizan en sitios emblemáticos como la plaza Alfonso López y los parques del Algarrobillo y de la Leyenda Vallenata. Igualmente, las parrandas vallenatas, ya institucionalizadas como de obligada asistencia, y los desayunos con tertulia literaria.
Por su valor cultural, es necesario cuidar la esencia e identidad de esta expresión musical, evitando la marginación del género tradicional y cumpliendo medidas de salvaguardia que lo protejan de la excesiva comercialización que le quite su riqueza poética, narrativa y testimonial.
Por esto, a través del Doctorado en Sociedad y Cultura Caribe, la Universidad Simón Bolívar abrió un espacio para coadyuvar en la loable tarea de preservar este patrimonio cultural mediante la investigación científica y la formación de talento humano del más alto nivel. Apoyemos a los compositores, los intérpretes, los verseadores, los organizadores del festival y al pueblo en general para que este folclor perviva.
@Rector_Unisimon


