Los coach modernos repiten que todo comienza por manifestarlo. Que si uno lo piensa, lo visualiza y lo dice con suficiente convicción, termina ocurriendo. Suena a frase de redes, sí, pero en el fondo encierra una verdad sencilla: nadie transforma lo que no es capaz de imaginar primero.
Barranquilla, en los últimos años, ha hecho exactamente eso. Ha sabido construir un relato sobre sí misma. Se ha pensado, mostrado y proyectado como una ciudad bonita, pujante, moderna y próspera. Y hay que reconocerlo, esa tarea en buena medida, está cumplida.
La más reciente encuesta de percepción ciudadana de Barranquilla Cómo Vamos lo confirma. La mayoría siente que la ciudad va por buen camino, el orgullo barranquillero sigue creciendo y la gestión del alcalde mantiene una alta aprobación. Es decir, el relato no se quedó en una campaña. Se convirtió en percepción ciudadana.
Eso no es poca cosa.
En un país donde tantas veces la conversación pública ha estado marcada por el pesimismo, la frustración o la resignación, que una ciudad logre instalar una narrativa de confianza sobre sí misma tiene un valor enorme.
Pero ahí mismo empieza el verdadero reto.
En marketing hay una máxima muy simple: una buena campaña puede lograr que un producto se venda, genere deseo y se vuelva tema de conversación. Pero si el producto no funciona, tarde o temprano llegan las devoluciones. Ninguna campaña, por brillante que sea, puede sostener indefinidamente una promesa que no se cumple en la experiencia real.
Con las ciudades pasa exactamente lo mismo.
Barranquilla ya hizo la tarea del relato. Ahora le toca demostrar que ese relato está respaldado por resultados reales y plurales. Y el mismo informe que valida el optimismo también muestra dónde está la prueba de fuego.
La seguridad sigue siendo el mayor desafío. Si cinco de cada diez barranquilleros sienten que la ciudad no es segura, estamos frente a una alerta demasiado seria como para esconderla detrás del entusiasmo. Lo mismo ocurre con la informalidad, con la percepción sobre las oportunidades laborales y con los retos pendientes en educación, salud y movilidad.
Barranquilla hoy se está viendo. El reto está en que ese progreso que se muestra se esté viviendo de manera amplia y plural. Que se sienta en el barrio, en la tranquilidad cotidiana, en el acceso a oportunidades y en la posibilidad real de que más gente avance con la ciudad.
La confianza no es eterna. El relato tampoco. Si no se respalda con resultados, tarde o temprano se desgasta.
@ortegadelrio_


